Testimonios

Traslado y cordillera
Jorge J. De Guzmán

Cuando se piensa en un preso, uno supone que su mayor sufrimiento proviene de la imposibilidad de moverse fuera de las rejas que lo limitan. Esto, sin dudas, es una parte importante del diario penar en prisión, sobre todo en el primer año, debido a que el recuerdo de su vida exterior está muy fresco y también, por supuesto, por las consecuencias que su ausencia en la familia gravan en su sentido de responsabilidad.

Con el tiempo el preso aprende a lidiar con esto y llega a entender que su limitación es real e insoluble, por lo que empieza a buscar alternativas que hagan de su tiempo algo más provechoso y que a su vez represente un beneficio para su vida futura, cuando vuelva otra vez a incorporarse a la normalidad de una vida en sociedad. Así se creaban clases de todo tipo, desde las más elementales tales como: matemáticas, lenguaje, etc..., hasta las de idiomas, arte, filosofía, religión, política y economía formando así, una normalidad dentro de la anormalidad que produce una ESTABILIDAD para el diario vivir. Y es precisamente esta ESTABILIDAD lo que diferencia la prisión bajo un sistema comunista, de las del mundo democrático.

En los sistemas democráticos el preso es confinado en una celda y se le permite recibir visitas, tiene garantías individuales y crea su propio horario de superación, ejercicios, entretenimiento, etc. que llegan a darle un sentido de continuidad y a veces de rutina, pero que en definitiva sirven para estabilizar su estado emocional, moral y síquico.

Para los comunistas la estabilidad del preso representaba su imposibilidad de destruirlo, amén de que sentían el peligro que podía derivarse de esa superación colectiva que generaba unidad y que podía traducirse en proclamas, llamadas y ejemplo para todo un pueblo que sentía el bochorno en que el temor sume a los hombres y donde una incitación en el momento adecuado pudiera haber sido y aún hoy es, el chispazo redentor de un país sojuzgado y sometido.

Y ¿cómo podían los comunistas destruir esta ESTABILIDAD?

Pues a través de .... TRASLADOS Y CORDILLERAS.

Que es una Cordillera?... se preguntarán muchos. Cordillera, además de su acepción geográfica de una serie de montañas enlazadas entre si, simbolizaba el traslado de un grupo de presos de una prisión a otra.

Cuando en prisión se oía el grito de: "VAYA, BAJA AHI CORDILLERA...!" todos pensábamos en la operación inmediata de recoger libros, cartas, sábanas, gofio, ropa y los utensilios indispen- sables de aseo personal, jabón, toalla, cepillo de dientes y pasta. Cuando se oía el nombre de uno comenzaba la odisea de acomodar todo lo que se podía en algunos sacos de yute –NUESTRAS FAMOSAS JABAS– y hacerles nudos para impedir que entre viaje y viaje se perdiera algo que después pudiera resultar en una incomodidad permanente.

De todas las cordilleras de prisión hay que destacar la que nos llevaba de diferentes prisiones al Presidio de Isla de Pinos. Esta implicaba cargar jabas hasta las guaguas, bajar de las guaguas y abordar los barcos que hacían la travesía de Batabanó a Nueva Gerona, coger nuevamente guaguas hasta llegar al "Presidio Modelo" y de ahí a la entrada impresionante de una circular.

Entrar en una circular era de pronto ver parados en las barandas de los pisos a más de un millar de hombres, que escrutaban entre los recién llegados a amigos, familiares y compañeros de causa que habían quedado atrás en cordilleras anteriores.

Pero si impresionante era la visión de aquel edificio, que a primera vista semejaba un panel de avejas saliendo de las celdas; impresionante era, y mas que impresión emoción, al ver a aquellos hermanos que irrumpían en un aplauso de bienvenida, entre gritos de fulano y mengano, y de un bajar corriendo por las escaleras o, deslizándose por los tubos de piso en piso, para venir a ayudar a alguien conocido a buscar la celda o "cuadro" (si era en el 6to piso) que iba a ser el "nuevo apartamento" de ese preso.

La incertidumbre, la agitación de la guarnición, el despido de quienes se quedaban, y la pérdida de propiedades, repisas, etc. lograban alterar a cada uno de nosotros y desestabilizarlo por un período de tiempo más o menos largo, así como el rompimiento de los núcleos de estudios, análisis, prácticas religiosas, etc. que requerían empezar a encontrar nuevos profesores, libros, y grupos de oración que volvieran a ser la vida de rutina.

Al llegar a Isla de Pinos siempre se renovaba el recuerdo familiar ante los inconvenientes de las visitas que ahora serían más costosas, agobiantes y humillantes para nuestros seres queridos.

Todo esto no era producto del azar; todo tenía el propósito mefistofélico de destruir al prisionero político física, moral y espiritualmente, que pretendía el gobierno comunista como meta primera mediante esos cambios y roturas de la estabilidad en la vivencia del preso.

Pero, ¿saben que? Nosotros aprendimos bien pronto a adaptarnos a las nuevas condiciones, y al cabo del tiempo generar una nueva estabilidad y era muy frecuente ver como a veces en una semana ya todos teníamos nuevas actividades y la normalidad volvía para sorpresa de la guarnición.

No es posible imaginar cuanto tiempo toma el hacer una nueva repisa de cartones pegados con almidón de yuca o el espagueti para poder colocar las cosas indispensables y de uso diario, tales como jarros, platos, cepillos, pasta de dientes, etc. y colgar (literalmente así, colgar) las jabas que eran como los armarios del preso donde las gavetas eran bolsillos cocidos para poner ropa y otras cosas más.

Pero no eran las cordilleras el único medio de romper la estabilidad del preso. Estaban también....LOS TRASLADOS.

Los traslados eran movimientos internos dentro de una prisión. Era el pandemónium provocado sin otra causa que la de destruir una vez más esa estabilidad y rutina del preso. Los traslados, estoy seguro, eran algo bien estudiado, pues separaban para diferente circulares a hermanos entre sí, padres e hijos, amigos de muchos años y compañeros de causa. El traslado creaba una confusión tal que la familia acudía el día que suponía vería a su ser querido por corresponderle según la visita de la circular en que estaba, y luego de tan penoso viaje se tenía que ir cargando nuevamente sus jabas con la pérdida por descomposición de las comidas que nos preparaban para compartirla en la circular central que era nuestro salón de visita.

De todos los traslados uno fue significativo. Esto ocurrió en Agosto de 1965. Se le conoció como "el traslado grande de Agosto" donde concentraron en el edificio 5 a ese grupo de muchachos, jóvenes estudiantes universitarios en su mayoría, para formar con ellos el bloque más reprimido del tristemente celebre plan de trabajo forzado. Era admirable ver la resistencia de este grupo de jóvenes gigantes; los que quienes habían sido asignados a las circulares tres y cuatro veíamos con mucha frecuencia pasar a estos jóvenes heridos y sangrando en dirección del hospital.

Los traslados en Isla de Pinos se diferenciaban de las demás prisiones en que requería de un nuevo ingrediente para coordinar la resistencia a un plan de trabajo que dejó una estela de vergüenza y pundonor para quienes tuvimos en suerte compartirlo entre tanto patriota y tanta hidalguía.

Sería consumir mucho tiempo el resumir los efectos de los traslados y las cordilleras. Sólo me resta decir que gracias a esa inquebrantable decisión y solidaridad colectiva independiente de filiaciones políticas, se produjeron los últimos traslados y cordilleras en Marzo del año 1967, donde los comunistas tuvieron que aceptar que tenían que terminar con aquel Presidio, que de "Modelo" sólo serviría a Satanás en los predios de su infierno, y así comenzar con las cordilleras de regreso de esta Isla de Pinos hacia otras prisiones en Cuba. Fueron después concentrando mediante traslados semanales a los que quedaban en las circulares 2 y 1, siendo éste el último lugar donde oímos el grito de cordillera.

Tuve la suerte, o la desgracia, de irme en la ultima cordillera que salio de la circular 1. Cuando llamaron mi nombre quedaban sólo un grupo de 30 o 40 hermanos en la planta baja de la circular por ser llamados en esa cordillera. Y ya en el lento mover de las guaguas veía a aquellos presos comunes, muchos consecuencia del sistema, que habían sido traídos para las circulares 3 y 4, y pensé con lágrimas en el corazón en aquéllos que habían entregado su vida allí y a quienes correspondía el homenaje póstumo del triunfo que sus inmolaciones habían contribuido al cierre del Presidio Modelo de Isla de Pinos. ¡Qué Dios los tenga en la Gloria!

Jorge J. De Guzmán
Causa: 412/64
Condena: 20
Número en Isla de Pinos: 34361

Tomado del libro XXX Aniversario de la Clausura del Presidio de Islas de Pinos