Testimonios
Prensa presa
José
R. Carreño
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Cuando me condujeron a Isla de Pinos procedente de La Cabaña en la cordillera de mayo de 1962 me encontré con un mundo sorprendente de actividades periodísticas entre los presos plantados. Me integré de inmediato a este quehacer profesional por el cual los comunistas me habían condenado a prisión. El recibimiento de los comunistas fue el acostumbrado. |
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¿Dónde carajo tú crees que has llegado? Estás, coño, en la cárcel de la Isla!, vociferaban las docenas de carceleros bayoneta o machete en mano en estocadas hacia aquella cordillera de presos nuevos. ¡A millón, coño! Los presos veteranos, en cambio, nos recibieron con aplausos y vo- cinglerías de apoyo en cuanto nos vieron desembocar hacia las circulares. Han entrado en la gloriosa tradición cubana del presidio político nos alentaban. Después, aquellos presos cujeados, muchos de ellos por más de cuatro años de resistencia penitenciaria, nos enrostraban en chiste criollo que habíamos llegado tarde a aquella prisión histórica de duros, puesto que el sistema totalitario en Cuba estaba a punto de desplomarse. Dale gracias a Dios que llegaste, aunque sea para coger el número de preso. 33490, gracias. Sin embargo, la cordillera de mayo de 1964 sí llegó a tiempo para participar en la inauguración y subsiguiente resistencia al plan de trabajo forzado masivo, una de las más durísimas pruebas sobre despersonalización dentro del sistema penitenciario puesto en práctica con los parámetros del Kremlin. Este plan de trabajo forzado está planificado para que el recluso deponga su actitud de rebeldía en menos de seis meses nos informó el responsable de la prisión de Isla de Pinos, pero en un lenguaje de mal gusto, soez, chabacano y en estilo de guapetón de barrio bajo. ¡COMO ABEJAS EN PANAL! Aquel mundo sorprendente de actividades periodísticas que me encontré en las cuatro circulares y en uno de los edificios, todos repletos de presos políticos plantados, parecía enjambres de abejas en torno a panales de información. "¿Habló el periódico?", constituía casi un saludo en pregunta si la radio había dado alguna información positiva para nuestra causa de libertad y democracia. La radio representaba nuestra más apreciada joya para la comunicación con el mundo exterior. Las noticias que captábamos eran nuestra gran ventana de aire de libertad. Obtener piezas para los radios, o fabricarlas artesanalmente en la misma prisión, armarlos, ponerlos a funcionar y esconderlos para que no fueran detectados por la guarnición en las inesperadas requisas, constituían grandes muestras de genialidad y valentía extraordinarias. La guarnición ocupaba algunos radios de vez en cuando. Pero, surgían otros. El pabellón de castigo y la represalia por tales tareas eran timbres de gloria y respeto entre nosotros. Otros grupos de reclusos estaban encargados de copiar taquigráficamente las noticias relacionadas con nuestra lucha. Se captaban de las estaciones de onda corta de todas partes del mundo que pudieran entrar en nuestros rudimentarios aparatos. Otros las escribían. Los locutores leían los boletines en cada piso en grupos pequeños y en formas convenidas para burlar la vigilancia de la torre de control. Algunas organizaciones editaban revistas especializadas o boletines ideológicos e informativos para sus miembros. Otras revistas eran abiertas para la prisión en general. Todas manuscritas y hasta con ilustraciones. Las noticias se intercambiaban entre las cuatro circulares y el edificio número 5 donde estábamos recluidos los presos políticos no rehabilitados aunque al parecer la gran distancia entre una y otras estructuras arquitectónicas parecía tarea casi imposible el intercambio noticioso. Tiraban un "tren"..., es decir, con un tiraflechas y una piedrecita atada a un hilo fino se lanzaba hacia una ventana del otro edificio que quedaba enlazada con un palo de escoba puesto horizontalmente. El hilo arrastraba otro más fuerte en su final. Y después, una soga. El tiro, en casi un pestañar o en relevos de guarnición. En clave morse la paleta blanca de día y el fanal de luz de noche eran sorprendentes. El hablar por señas fue otro lenguaje de comunicación. Las balitas, aquellos papeles cebollas escritos con letras menudas, casi imperceptibles y dobladas en minúsculos cuadritos, nos servían para sacar o recibir clandestinamente mucha información. La comunicación con nuestras hermanas presas políticas en la cárcel de Guanajay y compañeros en otras prisiones era cuestión prioritaria y coordinada con redes en la calle. Nuestros familiares no se quedaban atrás en nuestras prioridades de comunicación. Nuestro periodismo de orientación general se practicaba en la barbacoa de las circulares o sexto piso donde llevábamos a cabo nuestra Mesa Redonda y programas de preguntas y respuestas Ante la Prensa. En una mesa redonda a mi llegada califiqué descuidadamente a un panelista que estaba haciendo un análisis del proceso cubano. Estás partiendo de la base falsa de la logomanía marxista del Materialismo Histórico argumenté con ingenuidad y vehemencia. ¿Me estás diciendo comunista? ¡Me estás mentando la madre! Ahora verás. El programa terminó como la fiesta del Guatao a pesar de las muchas explicaciones filosóficas que traté de dar. En el sexto piso impartí cursos de Introducción al Periodismo: Del Lead al Cuento Corto; y de Psicología, mecanismos de compensación y pensamientos positivos. José
R. Carreño |
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Tomado del libro XXX Aniversario de la Clausura del |