Testimonios

Una fuga
Reynaldo Aquit

Una de las obligaciones que se imponen los presos, casi como un deber. es tratar de fugarse. Esta historia refiere la fuga que hube de producir de la circular 3 de Isla de Pinos.

Para poder ejecutar una fuga el preso tiene rígidamente que hacer un Plan de evasión en el cual ha de concebir: 1) Los artículos necesarios y 2) El lugar, tiempo y procedimiento para ejecutarlo.

Después de casi tres años recolectando lo necesario (uniforme militar, ropa de civil, dinero, identificaciones, etc), llegó el día, un 2 de junio del año 1966, que había escogido por determinadas circunstancias en el cual había que ejecutar la fuga. Fue en pleno trabajo forzado, donde cada mañana (casi a oscuras) sacaban los bloques de prisioneros para hacer los trabajos esclavos. Ya tenía un grupo de compañeros preparados, entre ellos Veitía, Yera y otros más que me hicieron un ruedo fuera de la Circular con el objetivo de cubrirme de la vista de los custodios. Rápidamente, en cuestión de segundos el prisionero se convirtió en un militar más de los que rodeaban los bloques de presos. De allí, calmadamente, caminé como un militar más de los que se encontraban por el área entre las Circulares, hacia la salida principal, donde se encontraba la dirección del penal. Penetré por la puerta trasera de la Dirección hacia la izquierda, donde se encontraba la biblioteca, allí estaban varios militares leyendo los periódicos del día, tomé uno e hice como que leía, pasados unos minutos salí con 2 o 3 militares que se dirigieron hacia la salida principal tratando de confundirme entre el grupo. Al atravesar la posta de entrada al Penal sentí que la primera fase del plan había salido como pensaba. Caminé hacia una parada de ómnibus que se encontraba a pocos metros de distancia y en la cual esperaban 5 o 6 militares; pronto una furgoneta nos estaba llevando a todos hacia Nueva Gerona, la capital de Isla de Pinos.

En Nueva Gerona acontecieron varios hechos que sería muy largo de relatar, pero creo que uno de ellos es digno de señalar.

Les diré que el plan primario era el irme en avión para La Habana, ya que tenía que preveer el tiempo en el cual mis compañeros podrían cubrir el primer conteo, pero a mi llegada al aeropuerto, cuál no sería mi sorpresa al percatarme que el abuelito (Re-educador) del bloque de trabajo forzado, al que yo estaba asignado de trabajo forzado se hallaba en salón de espera; un personaje diabólico y sin escrúpulos. Tuve que retirarme, con boleto y todo ,y dirigirme al puerto de Gerona. Ya a las cuatro de la tarde me encontraba navegando hacia Batabanó en el yate que le habían confiscado al pelotero norteamericano Ted Williams. A las 9 de la noche estaba pisando tierra de mi Patria querida, porque dicho sea de paso, Isla de Pinos era como un destierro de la propia Patria. En este tiempo, pensaba como irían las cosas en la circular, porque todo estaba planeado para el conteo de presos (dos en el día) que fuera cubierto por mis compañeros Rolando Blanco, Héctor Pozo, Jony de Carlos y otros. Por cierto, confeccionamos un NEGRO con jabón y alambres, (la cabeza), ropa de preso y una soga que al halarla, hacía que aquella "cosa" se sentara en el "AVION" (cama). Gracias a Dios supe después que todo funcionó bien por los dos próximos días. Así me dieron el tiempo necesario para no ser detectado.

Ya en La Habana comenzó una verdadera odisea, pues en esos meses había sucedido el caso Betancourt y el intento de secuestro del avión de Cubana de Aviación y había terror por todas partes y muy pocos estaban dispuestos a esconder a un prófugo. Entre los que me ayudaron estaba la familia Santana, García y otros más. Pero por encima de todos mi hermano muy querido por mí, Fermín García, Boby, fue el que dio todo por ayudarme, incluso su propia libertad, pues posteriormente cuando nos capturaron, él estaba conmigo.

Tuve varios intentos de salida del país pero todos infructuosos pues siempre faltaba algo. Uno de ellos fue por la Playa del Salado donde un esbirro de la dictadura había delatado el viaje. Allí hubo un menor herido de bala con solo 14 años. Con mucha suerte y un poco de arrojo, pude salir del cerco que habían hecho, pero esto seria otra historia. La situación se convirtió desesperada ya que ahora había que pensar también en Fermín, pues el delator lo conocía y aparentemente descubrió que él me estaba ayudando. Nuevamente las casas de seguridad y mucha paciencia. Todo lo acaecido en esta etapa llenaría muchas páginas, pero quiero resaltar que aquí fue donde conocí a la que hoy es mi esposa, Betty, que por tantos años me ha acompañado. Dice un proverbio que toda aventura viene acompañada de un idilio y éste fue el mío. Pero volviendo al relato, les diré que hicimos contacto con la Embajada de México y después de las primeras comunicaciones nos pidieron 2000 pesos por cada uno, ya que Fermín, dada las circunstancias, también tenía que asilarse.

Llegó el día, después de 3 meses y medio en libertad relativa, en que debían recogernos en la Ciudad Deportiva en carros diplomáticos y en lugar de carros diplomáticos llegaron carros de Seguridad del Estado. Esto se debió a la delación del Embajador Bosque y del Secretario de CULTURA de la Embajada mejicana. Por esos tiempos pagaban la anuencia del sistema, para permitirles sacar objetos de arte, joyas y valores, por la información y delación de los que combatían al gobierno, 45 días después estaba de nuevo en las Circulares, pensando como los otros compañeros CÓMO FUGARME DE NUEVO.

Reynaldo Aquit
Causa: 155/62
Condena: 12
Número de ingreso de Isla de Pinos: 30624

Tomado del libro XXX Aniversario de la Clausura del Presidio de Islas de Pinos