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Un mal de casi medio siglo (Final)

Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba, octubre (www.cubanet.org) - Este esquema ocasiona la pérdida colectiva de miles de millones de horas potencialmente utilizables en otros menesteres por la ciudadanía. Paralelamente, ha sido fuente de corrupción. El sistema de anotaciones en la libreta, a diferencia de los mecanismos que existieron en otros países donde hubo racionamiento mediante bonos, es totalmente incontrolable, y por ese camino, al final de mes los sobrantes de las entregas totales para la venta, son desviados hacia la comercialización ilícita. 

A esto coadyuva la enorme diversidad de precios de un mismo producto en el mercado, así como su oferta en divisas. Por ejemplo, las 7 libras de arroz vendidas mensualmente por la libreta, se venden 5 a 25 centavos cada una y 2 a 90 centavos c/u.  Mientras el mismo Estado, en venta libre, cobra 3.50 pesos la libra. Otros precios aún más elevados existen para el arroz en el mercado negro, que oscilan entre 4.50 y 5 pesos la libra, y en momentos de mayor escasez, más caro. En las tiendas de venta en divisas, el precio del arroz, de mayor calidad, puede alcanzar el equivalente de 12 pesos. Esto se reproduce en prácticamente todos los productos, lo cual deja un amplio margen para la especulación, con sólo desviar las mercancías destinadas a distribuirse mediante el racionamiento hacia el mercado libre.

Asimismo, el sistema tiene un enorme aparato burocrático, organizado en las oficinas comerciales de abastecimientos desde el nivel nacional hasta los  barrios, con el objetivo de controlar la distribución de los productos racionados, aunque controla bastante poco, y lo que promueve son innecesarias gestiones por parte de la población, con una colosal pérdida de tiempo. 

La liquidación de ese aparato podría representar significativos ahorros y redundar en el mejoramiento notable de los servicios y la productividad en el área comercial, sin soslayar que las decenas de miles de empleados que hoy trabajan en este absurdo sistema de racionamiento, pudieran destinar su esfuerzo laboral a tareas útiles y con seguridad  más gratificantes.    

La liquidación paulatina del racionamiento significaría un alivio a las difíciles condiciones de vida de los cubanos, y podría contribuir a la lucha contra los desequilibrios financieros y la dualidad monetaria, pero debe quedar claro que el problema fundamental en Cuba no radica en la irracional distribución de los productos, sino en la ausencia de una oferta segura y servicios de calidad, con precios acordes a los niveles de ingresos de la población; objetivos únicamente alcanzables mediante un incremento productivo gradual, eficiente y con altas tasas de productividad, a través de la transformación radical de un sistema socio-económico, que en más de 50 años ha sido una barrera al desarrollo y la prosperidad nacional. 

En conclusión, aunque son de gran importancia los cambios en la esfera de la distribución de los productos y los servicios, mucho más indispensables resultan las radicales transformaciones a  realizar  en la esfera productiva, lamentablemente bastante demoradas.  

 

Un mal de casi medio siglo (I parte)