| Con las esposas puestas
Juan Carlos Linares
LA HABANA, Cuba, marzo (www.cubanet.org) - Para Elio, la pesca submarina con careta y patas de rana; chapear jardines; higienizar patios saturados de basura; pintar casas son, ni las mejores ni las peores opciones, sino las únicas posibles.
¿A cuál otra puede aspirar, con un tatuaje de grandes letras pintado en su espalda, que dice: FIDEL ASESINO?
El día que se tatuó iba de amigo en amigo mostrando la piel. Se despojaba de la camisa dondequiera. Cuenta un amigo suyo que un militar pasaba en ese momento conduciendo una motocicleta. Asombrado le echó un vistazo al pasquín epidérmico y prosiguió su camino. Sólo dijo: “¡Qué barbaridad!”.
Es su personalidad la que desteje su vida. Blanco, la mirada ruda, fornido, no rebasa los 40 años. Cumplió una condena de cinco años por atentado y cohecho.
Un día, caminaba por la ciudad tranquilamente, traía colas de langostas en una bolsa. Dos policías lo interceptaron y le exigieron que mostrara el carné de identidad. Lo entregó. Uno de los agentes intentó quitarle la bolsa. Él se negó, pero ellos aplicaron la fuerza. Un policía, se enganchó de la jaba con las langostas, mientras el otro intentaba esposarle el otro brazo. Elio escapó con la jaba de langostas en una mano y en la muñeca contraria las esposas.
De vez en cuando él se da unos tragos, y cuando la bebida comienza hacerle efecto empieza a despotricar contra el gobierno a voz en cuello.
Por último, decidió disimular el tatuaje quemándose la piel. Una de sus tantas reflexiones sobre lo que sucede en el país se sustenta en la incongruencia que existe entre la denominada “legalidad socialista” y el costo de la vida; los bajos salarios y la precaria cuota de alimentos que se compra a través de la libreta de racionamiento. En más de una ocasión ha subido al techo de su casa para gritar: ¡Aquí todos los comunistas deberían estar anémicos, de lo contrario, son unos descarados! |