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Antipatía popular

Odelín Alfonso Torna

LA HABANA, Cuba, marzo (www.cubanet.org) - “Aunque le desconecten la Internet de su cuarto no se va a callar”, me decía Ramón Villalón, un vecino del barrio que leía las reflexiones de Fidel Castro, publicadas en la prensa oficial el 26 de marzo. La Unión Europea, y en particular España, atizaban la crítica del cronista en jefe.     
   
“Yo dije ahorita que aunque tuviera que ganarme la antipatía de todo el mundo, cuando tenga que mantener una posición, la mantendré. Trataremos de hacerlo lo mejor posible e inyectarle al pueblo esa fe y ese entusiasmo sin el cual no hubiéramos podido hacer nada. Lo peor en un pueblo es la falta de fe. La indiferencia, el hastío”. 

Lo anterior es un fragmento del discurso pronunciado por Fidel Castro el 25 de marzo de 1959 frente a las cámaras del intervenido canal 12 de televisión. El  periódico Granma, además de tomar las reflexiones Castro de la página CubaDebate, reproduce en sus ediciones las primeras intervenciones de aquel discursero, de 32 años. 

Ante la clase obrera y pueblo en general, el joven rebelde emergía como exponente de vanguardia del antiimperialismo. Los 56 años de la República, oscurecidos por la corrupción y cortos períodos de dictaduras, arreciaron el fervor revolucionario después del triunfo.  

Fidel Castro nunca imaginó que sus pronunciamientos de entonces se revertirían sobre él en su primer lustro en el poder. La antipatía y la indiferencia a sus discursos no tardaron en aparecer. La inyección de fe perdía su efecto ideológico sobre las masas.  

Después de medio siglo de gobierno revolucionario, lo antes dicho se traduce hoy un hecho concreto, incluso sobredimensionado por el inmovilismo cubano ante las nuevas experiencias políticas, económicas y sociales del mundo.

El pasado jueves 19 de marzo, el presidente Raúl Castro se reunía con el Comisario Europeo para el Desarrollo y la Ayuda Humanitaria, Louis Michel. Con sonrisas de oreja a oreja, estrecharon sus manos y sentaron las bases del diálogo, basadas en la no injerencia en los asuntos internos y el respeto a la soberanía de los estados. 

Ya se conoce de antemano, y no por los medios oficiales, que el asunto de los presos políticos se trató en presencia de Michel. Este dijo que “por el momento en ese tema es extremadamente difícil hacer progresos”. Y como ahora el régimen de la isla es quien pone las reglas, este apéndice consensuado parece reservarse para “circunstancias de más peso”. 

Está claro para Raúl Castro que las reflexiones de su hermano entorpecen la marcha hacia la apertura, si es que realmente existen intenciones a largo plazo. Las crisis de antipatía que sufre su autor intelectual, sea él o no, no admiten retroceso. 

En su alegato La Historia me absolverá, Fidel dijo: “Como resultado de tantas maquinaciones turbias e ilegales, por voluntad de los que mandan y debilidad de los que juzgan, heme aquí en este cuartico del hospital civil, adonde se me ha traído para ser juzgado en sigilo, de modo que no se me oiga, que mi voz se apague y nadie se entere de las cosas que voy a decir”. 

Se auto defendía Fidel Castro después de organizar e intentar tomar por las armas el antiguo Cuartel Moncada, en la oriental provincia Santiago de Cuba. La dictadura de entonces, encabezada por Fulgencio Batista, cedió ante los reclamos de amnistía y en menos de dos años Fidel y los demás asaltantes fueron puestos en libertad. 

Desafortunadamente para muchos, su voz no se apagó. Hoy actúa para silenciar otras al precio que sea.  

Si Fidel es capaz de dirigir a distancia un equipo de béisbol o competir con el intelecto de Atilio Borón, prefiero que no le desconecten la Internet. Quizás entre en shock y se calle de una vez.