www.cubanet.org
CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores, y autoriza la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como fuente y su autor.
 

Silencios y temores

Miguel Iturria Savón

LA HABANA, Cuba, julio (www.cubanet.org) - Más de una semana después del asesinato del sacerdote español Mariano Arroyo, quien profesaba en la parroquia de Regla, a un costado de la bahía de La Habana, siguen los comentarios sobre la alevosía del custodio, el cual entró con la novia de 19 años para robar y matar al cura después de obtener información del monaguillo.

Como la prensa oficial apenas reporta la violencia interna, las versiones mezclan  elementos reales con la imaginación de los actores más cercanos. Supe accidentalmente por un experto del equipo que investigó el caso que el asesino, un tal Misael, es vecino del reparto Cruz Verde, municipio Cotorro, donde planeó la acción con su cómplice,  una enfermera que maniató y apuñaló al anciano sacerdote.

El cadáver de Mariano Arroyo fue encontrado cinco meses después del asesinato de su amigo Eduardo de la Fuente, párroco de la iglesia Santa Clara, en Lawton; por lo cual el también sacerdote hispano Isidro Hoyos, cura de San Martín de Porres, en Alamar, cree que él será la tercera víctima.

“No hubo móviles políticos ni religiosos en estos casos, es pura criminalidad; en Cuba suceden cosas horribles todos los días”, dice el experto consultado, quien agrega que “la tranquilidad ciudadana es un mito del pasado”.

El asesinato de Arroyo sucedió una semana después de la reunión de miles de cristianos en el estadio Pedro Marrero, donde el reverendo Ismael Laborde encabezó el X aniversario de la Celebración Evangélica Cubana, bajo la tutela de tres burócratas del Comité Central del Partido Comunista.

El simbólico e inusual acto no incluyó a los católicos, quienes declinaron la invitación y salvaron la honrilla ante los empujes de la dictadura, ávida de predominio sobre las entidades no oficiales, a las que doblega mediante mecanismos de presión, chantajes y otras medidas absurdas que parten del policiaco registro de asociaciones.

Es lamentable la muerte de un sacerdote español que habló de la calidez y el entusiasmo de los cubanos por la Iglesia. Los asesinos de Mariano Arroyo son jóvenes que ilustran la barbarie de una generación lastrada por el adoctrinamiento político, la simulación y la falta de espiritualidad.

Los extranjeros deberían ser menos ingenuos. La ausencia de información sobre los hechos criminales encubre la criminalidad, pero no contrarresta sus efectos. La sangre, los temores y el silencio aumentan en estos meses de verano.