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| Las tierras que nunca tuvo Odelín Alfonso Torna LA HABANA, Cuba, abril (www.cubanet.org) - Conocí de cerca a Josué Ramírez, un viejo chofer de rastra que murió encogido en su sillón de mimbre y con el televisor encendido a todo volumen. Al menos así lo encontraron sus vecinos de Ciudad Jardín, un pequeño reparto del municipio capitalino de Arroyo Naranjo. Tras la muerte de su esposa Melba, Ramírez, de 74 años, ocupaba su tiempo en una pequeña parcela de tierra otorgada por el Estado en usufructo. En esas tierras sembraba habichuelas, tomates, boniatos y algunos canteros de yuca para consumo personal.
Desde 1953, bajo la dictadura del General Batista, el máximo exponente revolucionario incitaba al campesinado cubano a que revisara su proyecto de vida, cuyos caminos de angustias según él, “estaban empedrados de engaños y falsas promesas”. Después de 56 años, aquella apretada situación de la clase obrera y el campesinado cubano, expresada por Fidel en su alegato, es el mismo perro pero con diferente collar. La entrega de tierras en usufructo, impulsada por el actual presidente Raúl Castro, es para el campesino un medio básico del Estado que sólo puede cultivarse a pedido o contemplarse sin el menor asomo de titularidad. Ramírez me hablaba de la oferta de frutas en los tiempos de la “cruel República”. Se veía en las tarimas el mamey, el melón, el caimito, la toronja y el plátano manzano. Cuba no tenía que importar el 80 % de su subsidio alimentario como lo hace hoy, salvo maquinarias, equipos y fertilizantes que adquiría a través del Tratado de Reciprocidad Comercial, firmado con Estados Unidos el 11 de diciembre de 1902, ampliado en 1909 y modificado en 1934. En el feudo de los hermanos Castro se aplican nuevas medidas para el control y el perfeccionamiento de la agricultura estatal y “privada”. El Estado asume el acopio, la transportación y distribución de los productos agrícolas, dice que es para evitar la “especulación” en los precios. Saca de circulación a los intermediarios y topa los precios de aquellos productos más deficitarios. En un reportaje televisivo transmitido el 16 de octubre de 2008, el propio director de la Unión Nacional de Acopio, Frank Castañeda, dijo que “recuperarse en el abastecimiento y la siembra de productos de ciclo corto no significaba recuperarse de la especulación”.
En vida, Ramírez me contaba que en los tiempos de Batista se echaba encima una canasta repleta de flores y caminaba desde San Miguel del Padrón hasta la plaza capitalina de Cuatro Caminos. Pregonaba la docena de gladiolos y príncipes negros a 10 centavos. Decía que apenas ganaba 70 centavos al día, pero que le alcanzaba para vivir.
Quizás meditaba en su sillón de mimbre la manera de sobrevivir a tantas carencias. O tal vez pensaba, cómo suelen pensar los arrendatarios de hoy, en las tierras que quiso y nunca tuvo. |