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| Viajar es una pesadilla Osmar Laffita Rojas LA HABANA, Cuba, abril (www.cubanet.org) - Hace medio siglo, Cuba era uno de los países del hemisferio occidental que disponía de las mejores infraestructuras de carreteras y líneas férreas. El transporte por ómnibus y ferrocarril era uno de los más eficientes de América Latina. Desde la terminal de La Habana partían diariamente trenes hacia las principales ciudades y pueblos del país. Se cumplían meticulosamente los horarios de salida y llegada. Servicios regulares, de lujo y coches-cama cubrían las demandas, según recuerdan los pasajeros de la época. Se consideraba un elemento de distinción elegir el tren para viajar. Resultaba agradable, acogedor y sumamente confortable, no sólo por las condiciones de los coches, sino por el eficiente servicio que se prestaba. Desde Casa Blanca, al otro lado de la bahía de La Habana, el tren eléctrico de Hershey tenía una ruta por la costa norte que cubría la ruta La Habana-Matanzas en una y otra dirección, con siete salidas diarias. En 1959, desde la terminal de ómnibus de La Habana, partían autobuses para todas las ciudades. Empresas como Santiago-Habana (la mayor del país), Ómnibus Menéndez, La Cubana, La Ranchuelera, La Flecha Veloz y la Ruta 34, tenían servicio regular y de lujo las 24 horas. Viajar no era una odisea. Simplemente se iba a la terminal, se sacaba el boleto para el destino elegido y se viajaba cómodamente. Casi siempre se avisaba a un familiar o un amigo para que esperaran al viajero. Cincuenta años después, siendo el Estado el propietario de los medios de trasporte, es vergonzosa y deplorable la situación en que se encuentra el sistema ferroviario. Y a pesar de disponer de más de mil ómnibus nuevos de fabricación china, es preocupante la total desorganización del transporte interprovincial. Las indisciplinas pululan por doquier. El descontrol y la corrupción se generalizan, así como la total falta de respeto de la empresa hacia los viajeros. Descaradamente, y sin que medie una explicación, se pisotean los derechos de los viajeros en la mayoría de las terminales de ómnibus y estaciones ferroviarias. El grupo ASTRO, según anuncian los funcionarios de la empresa, garantiza l67 salidas diarias desde La Habana a diferentes destinos. Pero cualquier ciudadano que desee viajar, cuando acude a las agencias de reservaciones, le informan que la demora, como mínimo, es de una semana. Si se decide ir a la terminal para apuntarse en la lista de espera, la zozobra se multiplica por 100. No obstante, si el viajero tiene dinero, los “raqueteros y coyotes”, como se conoce a los revendedores, con la total complicidad de los empleados, venden los boletos al doble de su valor. Así, lo puede comprar en el mismo momento, subir al ómnibus y partir, pasando por delante de los que llevan horas e incluso días esperando. La situación de los trenes pasa de pesadilla a tragedia. Los que logran conseguir un pasaje, cuando llegan a la estación, a veces deben esperar cuatro, diez, veinte horas. El director general de la Unión de Ferrocarriles de Cuba, Gregorio Bencomo, declaró hace unos días que viajar en tren es la última opción, debido al mal estado de los coches y locomotoras. “Hay tramos de la vía –dijo- donde las máquinas deben alcanzar cien kilómetros por hora y sólo pueden avanzar a 15, provocando un costoso gasto de combustible”. Esto ocasiona, por supuesto, el retraso en cada viaje. Como el cubano a la tragedia siempre le encuentra su filo humorístico, un músico anónimo compuso una canción titulada La pesadilla del tren, en la que expresa: Voy a ensillar mi caballo / con montura o con serón / porque el tren no lo soporto / y es muy cara la Yutong (marca de los ómnibus chinos). |