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| Olga la tamalera Reinaldo Cosano Alén, Sindical Press LA HABANA, Cuba, octubre (www.cubanet.org) – Olga fue una habanera singular, famosa en la década de 1950. Un día reunió a sus amigos y les dijo: Y así fue. -¡Con picante y sin picante! -pregonaba Olga por las calles de La Habana. Parecía algo insólito, y lo era. Jamás una mujer había vendido tamales de puerta en puerta, pregonando su mercancía ante el asombro de los transeúntes. La clientela y la fama de Olga crecían parejamente. La fama no provenía solamente de la mujer cargando una lata grande con los tamales adentro, y en el fondo el hornillo de brasas de carbón para mantenerlos calientes, sino también porque la popular orquesta Aragón le dedicó un cha cha cha que estuvo de moda durante mucho tiempo en el país: Olga la tamalera, / cocina que se pasó, / los vende con pimienta / y el que los prueba se come dos. Y cerraba el estribillo: Me gustan los tamalitos / los tamalitos que vende Olga, Olga… La estampa de la mujer y su pregón forman parte del paisaje olvidado de la ciudad, desaparecido hace cincuenta años, cuando la ley de los revolucionarios prohibió la venta, no sólo de tamales, sino de muchas cosas que dieron color a las calles habaneras. El pregonero, que sobrevivió desde la colonia a guerras, ciclones, murió en 1959. Permanece vivo en el pregón El manisero, de Moisés Simons, popularizado por Rita Montaner, a quien Simons lo dedicó, y que había escrito en una servilleta de papel sentado a una mesa de la cafetería de San José y Amistad, en 1928. Antonio Machín popularizó el pregón en los Estados Unidos. El manisero y Olga la tamalera, más allá de prohibiciones callejeras, se mantienen vivos en la memoria popular, plenos del aroma de aquel tiempo perdido.
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