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Un pueblo en proceso electoral

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba, enero (www.cubanet.org) - Como nunca antes, bajo el régimen castrista la gran mayoría de la población cubana se ha visto inmersa en procesos electorales. Se trata, por si alguien no lo sabe, de un régimen-patrón, dueño absoluto de todos los medios de producción del país y de todos los bienes materiales. Dueño incluso del país.

Decir pues que el voto tiene carácter obligatorio está de más. Sin embargo, la prensa estatal repitió el sábado pasado, un día antes de abrirse los colegios y las urnas, las palabras del jefe de estado Fidel Castro dichas el 29 de diciembre de 1997: “Si hay quien no quiere votar por alguno, está en su pleno derecho de no votar por alguno”. Y a continuación puntualizó que “debe sentirse realmente libre el ciudadano”. 

¡Bárbaro! Es lo que necesitó aquel que no quiso votar porque razones tuvo para no hacerlo, o simplemente porque cansado, no le dio la gana de votar.

Como no fui a votar, como hago desde mucho antes de 1997, cuando el presidente vitalicio no había hablado aún públicamente del derecho que tenían los ciudadanos de no votar, hoy me sentí un poco libre. Y lo confieso, debo agradecérselo a Fidel Castro. Es increíble la presión que ejercen los medios de comunicación, sobre todo la televisión y la radio, los días anteriores a la fecha en que los cubanos acuden a las urnas.

Llegué a sentirme, puesto que soy un ser humano, como si fuera a cometer el delito más espantoso ese domingo 20 de enero, como si mi conciencia no existiera o sencillamente me traicionara.

Qué tranquilidad sentí entonces cuando el mismo jefe de estado, aunque de forma retrospectiva, por supuesto, nos hizo saber que todos somos ciudadanos libres. Todos, aclaro, los que no acudimos a las urnas. Pero, aquellos que fueron por rutina, por miedo, por obligación, por disciplina,  ¿son ciudadanos libres? Por supuesto que no. Esos cuidan -son seres humanos- su jornada laboral, su vinculación a la empresa estatal donde prestan servicio. Temen, es de suponer, que puedan perder su jornal por cada día de trabajo.

Tengo pena, sinceramente, de este pueblo de jornaleros que en cada proceso electoral acude de forma sumisa a las urnas del amo.

Y siento más pena, mucho más, porque yo me siento libre, libre y con permiso oficial para no votar. Si lo dudan, busquen el periódico Granma del sábado 19 de enero. En letras bien grandes está escrito: “Que cada uno se sienta libre y actúe por conciencia”. 

¿Estaremos dando los primeros pasitos hacia una democracia? ¡Quién sabe!