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| La visita Luis Cino LA HABANA, Cuba, febrero (www.cubanet.org) - Me contaba en cierta ocasión Coco Fariñas de los apuros que pasó Pedro Sáez Montejo cuando hace más de 20 años, en una academia militar de Villa Clara, un jodedor regó polvo de “pica-pica” en su cama. En aquella oportunidad, el por entonces joven oficial-instructor resistió estoicamente ante sus subordinados la tentación de rascarse o revolcarse en la tierra para quitarse la picazón. Mucho menos se quitó el uniforme. Supongo que Sáez Montejo, ahora primer secretario del Partido Comunista en Ciudad de La Habana, por las cosas que escuchó, las que le preguntaron y las que no pudo contestar, haya sentido una similar comezón este 18 de marzo durante su visita a mi incómodo barrio. Parcelación Moderna está al sur de Arroyo Naranjo, en la periferia capitalina. En los años 50 se proyectó como un reparto residencial de clase media. No se terminó de urbanizar. La revolución lo pilló menos que a medias. Hoy, en mi barrio, que algunos llaman “Fango al Pecho”, casi no hay aceras. Las calles, si es que se pueden llamar así, semejan trincheras o algo peor. Cuando llueve, son intransitables. Desde hace casi tres años se iniciaron los trabajos para dotar al barrio de agua y alcantarillado. Lo primero se resolvió, lo segundo no da señales de terminar. Si no hay juego en el terreno de pelota, el único entretenimiento es beber ron en el bar La Criollita o tomar chispa de tren a la sombra de los tamarindos. Cuando pelean los borrachos, es mejor no asomarse a la puerta. Sáez Montejo llegó a Parcelación Moderna en un Lada blanco con chapa del Consejo de Estado. Lo acompañaban varios carros del Poder Popular. Envió funcionarios y muchos inspectores a recorrer el Reparto Eléctrico. Hacía sol y soplaba un molesto viento frío como de Cuaresma que dicen “pone la cabeza mala”. Tal vez fue por culpa del viento que mis habitualmente resignados vecinos mostraron una quejosa locuacidad ante el primer secretario del Partido Comunista en la capital. El día antes de la visita de Sáez Montejo hubo un apagón de 9 horas. Casualmente, cuando llegó el dirigente, tampoco había luz. La pusieron poco después de su llegada. La gente también se quejó de que falta la comida. Apenas quedan mercados campesinos abiertos. En los estatales, si acaso, hay boniatos y mucha tierra colorada. Durante la visita, con tantos inspectores rondando, pocos quioscos abrieron y los vendedores callejeros se tomaron el día libre. La improvisada reunión se celebró en el parque. Hace años tuvo una fuente con jicoteas. Dicen que se las comió hace años el difunto Simón. El pobre viejo, que era devoto de San Lázaro, pasaba hambre. Ahora la fuente está seca. El parque no es ni sombra de lo que fue. Cuando llueve, se convierte en una laguna pestilente. Algunos, por culpar a alguien, culpan a los orientales. Gran parte de los que viven en Parcelación son orientales. Vinieron en busca de una vida mejor, pero no lo consiguieron. Simplemente sobreviven, como los habaneros. Sáez Montejo escuchó atentamente, tomó notas y se fue sin hacer grandes promesas. Tampoco dejó muchas expectativas. Sólo un puñado de ancianos trató de mostrar algo que pareciera entusiasmo. No obstante, la visita del primer secretario trajo ventajas para la zona, al menos por ese día. Hubo pan temprano y de mejor calidad en las panaderías. Recogieron la basura. Luego de varios años de ausencia, hubo helado en la cafetería El Ensueño. En el comedor de la policlínica del Reparto Eléctrico hubo un inusual menú: congrí y ¡picadillo de res!
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