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| Buscando una permuta Jorge Olivera Castillo, Sindical Press LA HABANA, Cuba, febrero (www.cubanet.org) - Tengo un amigo que está dispuesto a cambiar su inmueble de una sola pieza y de mampostería ubicado en Habana Vieja por otro similar en cualquier barrio de Puerto Príncipe, la capital del Haití. Esa ficción le sirve para escapar de las tensiones cotidianas que la realidad engendra a montones. A los 55 años no teme enfrentarse a las barreras idiomáticas, ni al choque con una cultura sujeta a otras cosmovisiones. Simplemente confía en que allá va a conseguir lo que aquí no tiene, ni tendrá. Al entrar al cuartucho donde vive hace más tres décadas, se obtienen de inmediato las claves para comprender ese pensamiento que sobrepasa el simple deseo de una permuta. El local tiene una extensión de cuatro metros de largo y lo mismo de ancho. Un televisor Caribe, en blanco y negro, de la década del 80 del siglo pasado, permanece recostado sobre una de las paredes que sirve de división entre el pasillo de la cuartería y la habitación. Encima de la mesita, junto al equipo de procedencia soviética, hay un pequeño radio con las huellas del desgate por todos lados. Otra de las posesiones que hacen guiños a la modernidad, es un equipo de audio de factura japonesa duramente golpeado por la humedad y la falta de mantenimiento. Los utensilios de cocina cuelgan en unas de las paredes de concreto mostrando sus abolladuras y el tizne de la antigua cocina de keroseno. Ahora cuenta con una que funciona con gas licuado. Tiene cuatro hornillas de las cuales sólo dos funcionan. “Esto no hay quien lo entienda. Creo que Cuba es el único país donde el trabajo es parte de una rutina y no un medio para ir progresando en la manera de vivir lo más humanamente posible”, dice en un tono que certifica su rechazo a lo que considera un socialismo de pacotilla. Sus conocimientos técnicos adquiridos en la Universidad y su vasto universo cultural son elementos que le reportan juicios profundos en la manera de interpretar los acontecimientos, pero son inservibles frente a un escenario en que la escala de valores está encabezada por la deshonestidad, el robo, el latrocinio, la prevaricación, la ligereza moral y la falta de educación, entre una extensa gama de conductas impropias y que definitivamente han provocado una distorsión de la personalidad a escala nacional. No está loco, ni creo que esté a punto de serlo. Conmigo se desahoga, reitera sus críticas al gobierno y piensa que Haití sería un destino ideal para intentar rehacer su vida. Por último, alega una condición favorable en su hipotética permuta hacia Puerto Príncipe: “Soy negro”. Esto lo afirma con la certeza de que su color de piel le ayudaría a integrarse con mayor facilidad. No pierde las esperanzas de trasladarse a Haití, recordar a sus familiares y amigos, y tirarle una trompetilla al socialismo. oliverajorge75@yahoo.com
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