| www.cubanet.org |
| CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores, y autoriza la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como fuente y su autor. |
| Libertades condicionadas no significan cambio Miguel Saludes. MIAMI, Florida, febrero, (www.cubanet.org) -La sorpresiva excarcelación de siete presos cubanos, cuatro de ellos pertenecientes a la causa del 2003, aunque saludada por todos, fue vista con suspicacia en algunos círculos. El marco en que se produjo el acto liberatorio y las condicionantes que le acompañaron motivan las dudas acerca de las buenas intenciones del acto. La reunión sobre derechos humanos efectuada el pasado 11 de febrero en Madrid entre representantes gubernamentales de Cuba y España, sirvió de preámbulo a la salida de Pedro Pablo Álvarez, Omar Pernet, Ramón Castillo y Alejandro González Raga. Después de casi cinco años tras las rejas todavía les quedaba a estos hombres una larga condena por expiar. El diálogo político asumido por el gobierno de Zapatero pareciera que comienza a rendir frutos. No obstante la decisión fue tomada unilateralmente por la parte cubana, según asevera la cancillería española. A esta salida la han precedido otras. El procedimiento en que se han verificado reúne características similares. El régimen determina a cuales prisioneros dejará en libertad pretextando argumentos humanitarios, sea porque alguno de ellos se encuentre con la salud seriamente deteriorada, o para complacer una sugerencia importante hecha por alguna personalidad externa. Siempre el criterio que prevalece es el de los carceleros. El capricho de las autoridades es ilimitado. Realmente en este no influye la gravedad del padecimiento o la connotación adquirida por el preso. El cese del encierro no quiere decir que la persona queda en completa libertad. La condición de extra penalidad que pesa sobre los liberados de la causa del 2003 significa que en cualquier circunstancia ellos pueden ser regresados a prisión. Las puertas del exilio, una opción casi obligada, solo se abren al arbitrio de las autoridades. Mientras a los integrantes de este último grupo se les puso directamente en un avión de la armada española, en lo que puede considerarse un destierro, otros permanecen en la Isla sin permiso para abandonarla. Todos estos aspectos contradicen las declaraciones de los funcionarios de la diplomacia de Zapatero, quienes manifiestan su satisfacción por los avances en materia de derechos experimentados en la sociedad cubana. Este punto de vista no es compartido por la mayoría de los grupos disidentes. Numerosos hechos ocurridos en el panorama interno le dan la razón a la oposición. Por ello la complicidad entre socialistas europeos y totalitarios caribeños debe incluir la exhibición de algún fruto que ofrezca credibilidad a su gestión mediadora. Corresponde a La Habana no hacer quedar mal a sus amigos, mucho menos en la proximidad de unas elecciones donde se juegan la continuidad en el gobierno. Aunque los asuntos de la pequeña nación antillana no inciden en la cuestión doméstica de la lejana península, no deja de ser beneficioso quitar escollos al PSOE. Uno de los cuestionamientos hechos por el partido opositor es la débil postura de la actual administración española respecto a la situación cubana. En las prisiones cubanas quedan centenares de presos políticos. Cincuenta y cinco de ellos han sido declarados prisioneros de conciencia. No podrá calificarse de serio ningún paso en la situación de derechos humanos en Cuba mientras estos hombres sigan en cautiverio. Igualmente es preciso el reconocimiento de la libre expresión, cuyo ejercicio deberá cerrar el capítulo del presidio político en la nación caribeña. Mientras un solo ciudadano siga conviviendo en la sombra de una celda por sus convicciones políticas no habrá motivos para alabar al gobierno. La salida definitiva, en calidad de refugiado o a manera de condicionante para la liberación de un preso, no puede conllevar al aplauso. Estas realidades ensombrecen la alegría por cada victima que regresa a la libertad. Cuando las puertas de Cuba queden abiertas sin exclusiones y los que quieran retornar puedan aportar desde sus más diversos criterios a la construcción de una patria integradora, se podrá hablar de verdaderos avances en la realidad política del país. El primer paso vendrá con el diálogo entre cubanos, reconocido como una necesidad esencial por todas las partes, incluyendo a los responsables del gobierno.
|