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El Cardenal Bertone y el nuevo presidente

Miguel Saludes 

MIAMI, Florida, marzo, (www.cubanet.org) -La llegada a Cuba del Cardenal Tarcisio Bertone se produjo en un momento especial del acontecer político cubano. Aunque la visita había sido acordada con antelación al desarrollo de los acontecimientos, no deja de ser llamativo algunos de los signos en que se verificó. La rememoración de la inolvidable estancia de Juan Pablo II hace diez años, sirvió de marco a este periplo por tierras cubanas del jefe de Estado del Vaticano. Aunque la gira del Papa polaco ocurrió en enero, la recordación de aquel evento fue acordada para febrero, justo un mes después de la efeméride. La agenda de Monseñor Bertone coincidía con la reunión del parlamento cubano. Días antes Fidel Castro había hecho pública renuncia al cargo de presidente y al titular de Comandante en Jefe. Todas las miradas aguardaban expectantes al momento en que las riendas del poder pasarían oficialmente a otras manos. Este fue el panorama que acompañó a la alta figura católica en su recorrido por Cuba. 

El programa desarrollado por Bertone comprendió una singular repetición de los hechos que protagonizara Juana Pablo II en la Isla. Esto incluía la celebración de tres misas abiertas, dos de las cuales fueron transmitidas por la televisión nacional. La jornada concluyó con un encuentro entre el visitante religioso y el general Raúl Castro, correspondiendo al Cardenal Bertone ser la primera personalidad internacional en reunirse con el hermano de Castro en funciones de presidente. ¿Una nueva coincidencia?

Para algunos esta visita de la figura eclesiástica tuvo como objeto dar un espaldarazo al nuevo gobierno castrista, con la esperanza puesta en que el reconocimiento contribuya de alguna forma a cambios que beneficien las relaciones con la Iglesia. Por su parte Raúl Castro estaría buscando que el primer asentimiento externo a su liderazgo venga con el aval Vaticano. Esto sería una novedad en la visión política de la realidad cubana, donde las relaciones Estado-Iglesia se deterioraron a puntos extremos después de 1959. El distanciamiento tuvo su momento álgido durante la expulsión de más de cien sacerdotes y religiosos en 1961. Ataques verbales, restricciones, asedio a los creyentes, persecución, vigilancia y barreras de todo tipo levantadas contra el normal funcionamiento de la Iglesia en su acción pastoral, han marcado profundas huellas en sus relaciones.

Con el retiro de Fidel Castro y la sucesión de Raúl las cosas parecen cambiar de tono y prioridades. Quienes conocen al hasta hace pocas semanas Jefe de las Fuerzas Armadas,  dicen que este nunca se mostró agresivo contra la Iglesia,  al punto en que lo hizo su hermano mayor. Testimonio de religiosas y sacerdotes aseguran que el General mostró simpatías hacia ciertas figuras del  mundo católico con quienes mantuvo lazos de afecto personal en agradecimiento a las acciones que estos hicieran a favor de los presos moncadistas. Es el caso de Sor Mercedes Álvarez quien patentizaba un cariño especial por Raúl. Este había dado órdenes para que la Hija de la Caridad nunca tuviera que pedir permiso para verle en su oficina. Es una historia que de alguna manera se enlaza con lo que acaba de acontecer en estos días y que en algo pudiera marcar el curso futuro de los acontecimientos en Cuba.