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De Presidentes, de pandilleros y de códigos morales

Roberto E. Muñoz Franco

PATAGONIA, Argentina, marzo (www.cubanet.org) -Las cosas que pasan en nuestras vidas cotidianas, son de una manera u otra un reflejo a escala de las que pasan en la escena internacional, la magnitud de los hechos puede tener diferente dimensión, pero en el fondo los patrones de comportamiento son semejantes, la moral de los delincuentes, se manifiesta en acciones que moldean un estilo único, no importa la magnitud del hecho, conceptualmente no hay diferencia entre una pelea de barrio y una guerra por un diferendo fronterizo.

En un diario local leí hace poco, una crónica policial que informaba de un vecino, pequeño comerciante, que fue asaltado por una banda de adolescentes malhechores; era uno más de muchos asaltos que había sufrido este hombre trabajador y honesto, pero en esta ocasión sucedió algo distinto, un auto patrullero de la policía pasaba por el lugar y los delincuentes empezaron a correr en retirada. Conocedores del barrio y de los habitantes del mismo, buscaron refugio en una “aguantadero” cercano, cuando la policía intentó proceder a detener a los frustrados ladrones, los habitantes de la casa-escondite apoyados por algunos otros marginales del entorno, apedrearon a los policías y al auto patrullero y cuando aparecieron las cámaras de la TV, estos mismos individuos hablaron de: “libertades cívicas”, de “brutalidad policial” de “apremios ilegales” y otras mil lindezas más. Era una muestra de fidelidad a los principios que los unen como grupo, como en el título de una película que alguna vez vi, era “La moral de los bandidos”.

Con las lógicas diferencias dadas la magnitud de los acontecimientos y de los intereses en juego en la geopolítica regional, la crisis entre Colombia, Ecuador y Venezuela, me impresiona como una versión a otra escala del mismo asunto: Un grupo de facinerosos, delincuentes, secuestradores, narcoguerrilleros, que amparan sus fechorías en un ajiaco ideológico en el que aparecen Bolivar, Stalin, Mao, Castro y el Ché Guevara entre otras yerbas aromáticas y alucinógenas. Delincuentes que atacan poblaciones indefensas, secuestran figuras políticas y combaten contra el ejercito colombiano. Pandillas de narcotraficantes que tienen sus “aguantaderos” en territorio de las naciones vecinas que sufren la desgracia de estar gobernadas por delincuentes como Chávez, que pagó la campaña electoral que ganó su cómplice Correa, y que ante la exitosa acción de las fuerzas del Ejercito Colombiano que sacó de la circulación a un perro rabioso como “Raúl Reyes”, deciden mostrar garras y dientes amenazando al Presidente Uribe; ni siquiera por decencia son capaces de esconder su estrecha vinculación con el fraternal canalla Marulanda “Tiro Fijo” y sus bandas de forajidos. Ante las cámaras de la TV, los argumentos de Chávez y Correa no se diferencian mucho de los de los mal vivientes de un barrio marginal. Los códigos son los mismos, los principios morales también.