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Interpretaciones para el silencio del pastor

Miguel Saludes

Tu eres Pedro; y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la  muerte jamás la podrán vencer.  (Mateo 16,18)

MIAMI, Florida, febrero (www.cubanet.org) -Cuentan que Carlos Rafael Rodríguez criticó personalmente a Fidel Castro cuando aquel decidió expulsar de Cuba un numeroso grupo de religiosos católicos en 1961. “Los curas terminan por volver” dijo el desaparecido dirigente comunista haciendo ver lo inútil de aquella medida. La Iglesia nunca se marchó de Cuba. Se quedó definitivamente en los pocos sacerdotes y religiosas que de manera callada siguieron haciendo su misión en las peores condiciones. Se mantuvo gracias a esa parte esencial conformada por el Pueblo de Dios, que dieron testimonio de fidelidad en medio de burlas, presiones y críticas. La pequeña simiente exhibió su fuerza de planta raigal cuando la visita de Juan Pablo II. Es la iglesia que volvimos a ver ante las cámaras de televisión durante la misa celebrada el pasado 22 de febrero en la Plaza de la Catedral de La Habana. Su rostro estaba en la Coral que lleva el nombre del Pontífice querido, en las personas vestidas de hábito que sirven por amor y en miles anónimas que cada día elevan su oración a Dios llenos de fe. Es la Iglesia sencilla de Miralis, Jesús, de la comunidad de Cojímar, del padre Israel, del diácono Margarito y las congregaciones presentes en todos los rincones del país. Esa es la Iglesia de Pedro a la que se refirió en su homilía el Cardenal Tarcisio Bertone.

La recién concluida visita del jefe de estado del Vaticano a Cuba ha despertado no pocas críticas y comentarios. Unos favorecen este gesto. Otros acusan a la alta jerarquía católica de connivencia con el régimen continuista del actual presidente Raúl Castro Ruz.  Ciertamente es notorio que una personalidad de tan alto rango en el mundo católico haya coincidido en una misión de carácter netamente pastoral, en medio de eventos sumamente importantes en la vida política de la nación antillana. No puede escapar a la suspicacia informativa el hecho de la llegada del purpurado durante la renuncia de Castro el mayor y su partida signada por el encuentro con Castro el menor, ya con las riendas del poder. Los opositores del sistema no pasan por alto otros detalles de esta visita.

En el marco de su estancia Monseñor Bertone pidió mayores libertades para la Iglesia Católica y mejores relaciones entre la institución religiosa y el Estado cubano. En la misa habanera enumeró los frutos del trabajo benéfico que realizan los católicos dentro de la sociedad. Como señaló el celebrante, la abnegación de ese servicio no excluye a ninguna de las ovejas: las escapadas del redil, las enfermas, las heridas, las gordas y bien cuidadas…al final todas deben ser apacentadas en el camino del bien. Precisamente frente a la mesa eucarística estaban sentadas algunas de esas ovejas gordas y bien cuidadas a las que se refería una de las lecturas del día. Estas fueron ampliamente mencionadas y saludadas. No ocurrió lo mismo con las perseguidas y acosadas; algunas de ellas estaban frente al celebrante, vestidas con atuendo blanco. Los objetivos de las cámaras fueron cuidadosos en no mostrarlas. Tampoco para enseñar otras caras poco agraciadas del rebaño. Pudo ser el caso de Oswaldo Payá, un laico totalmente comprometido. Muchas estaban ausentes; permanecen encarceladas a causa de sus ideas.

A pesar del reconocimiento implícito en la homilía del dignatario de la Iglesia cuando se refirió al valor representado en un hombre y una mujer que defienden la libertad de conciencia, siendo promotores de la dignidad humana, no puede pasarse por alto el silencio hacia quienes cumplen injusta y terrible condena en las prisiones cubanas por defender esos valores. No se pretende ignorar que la Iglesia como Institución haga enormes esfuerzos por la liberación de estas personas; incluso algunos obispos cubanos se preocupan en destacar la problemática. Es la actitud del actual Arzobispo de Santiago de Cuba que invitó expresamente a estas celebraciones a Ana Belkys Ferrer, hermana de dos condenados en la causa del 2003. Pero ciertos silencios en momentos cruciales, pretendiendo la prudencia, pueden llevar el sabor de la omisión.

El desmarque de Roma en los asuntos políticos es evidente. Que la Iglesia no es una institución política resulta argumento válido. Pero que su acción pretenda dejar a un lado las realidades políticas es una contradicción. Y esta es la impresión que dejan algunos conductores del rebaño de Dios. Esto parece influir hasta en las aspiraciones de santidad. Monseñor Bertone aseguró en sus palabras que para este mismo año Cuba contará con su primer Beato en los altares. Se trata del Padre Olallo Valdés, de la orden de los Hospitalarios de San Juan de Dios. Sin demeritar los valores que acreditan el reconocimiento de santidad de este cristiano habanero, distinguido por su servicio a los pobres, queda la pregunta del por qué tarda tanto el proceso de beatificación de Félix Varela, padre del pensamiento cubano y un precursor en la defensa de las libertades en nuestra Patria.

Por otra parte merece ser resaltado el mensaje enviado a las autoridades cubanas por el actual Pontífice Benedicto XVI pidiendo la reconciliación nacional. Es un proceso que han iniciado miles de compatriotas, muchos de ellos cristianos, y que enfrenta la renuencia de los que ostentan el poder. Son muchas expectativas levantadas en este paso de la Iglesia Universal y las interrogantes pueden tener múltiples respuestas. Detrás se encuentra la sabiduría del poder que más ha logrado durar en la historia y que aunque niegue ser político, sabe desenvolverse con habilidad en ese campo.

Sólo Dios tiene la Palabra final y en ella deben seguir confiando los que aspiran a una sociedad más justa, libre y democrática, para Cuba y para el mundo. Lo expresaba muy bien las palabras de Jesús en el Evangelio leído durante la Eucaristía del 22 de febrero en La Habana. El poder del infierno no derrotará a la Iglesia porque ella está edificada sobre piedras vivas que asumen la difícil misión de trabajar por la verdad.