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miércoles, 23 de abril 2014

Santa Claus en La Habana Vieja

LA HABANA, Cuba, 24 de diciembre, www.cubanet.org –  Luego que por decreto se abolieran todas las festividades en torno a la Navidad, que incluía la Noche Buena, la despedida de año y el Día de los Reyes magos, más que rídícula, resulta cínica esa  imagen de trabajadores del turismo enfundados en trajes de Papá Noel, con…

LA HABANA, Cuba, 24 de diciembre, www.cubanet.org –  Luego que por decreto se abolieran todas las festividades en torno a la Navidad, que incluía la Noche Buena, la despedida de año y el Día de los Reyes magos, más que rídícula, resulta cínica esa  imagen de trabajadores del turismo enfundados en trajes de Papá Noel, con gorros, barbas y botas sudando la gota gorda (sin aire acondicionado) para ahorrar electricidad en su centro laboral.

Como burdos extras de una comedia doméstica se pavonean en sus exóticos gorritos comprados con su propio dinero, queriendo dar la imagen de una atmósfera de bienestar que desmienten los anaqueles mal surtidos, y sobre todo, de un ambiente familiar fragmentado por los tramoyas de una horda revolucionaria que jamás creyó en Dios

La vieja Otilia, quien según sus palabras siendo más pobre que una rata antes del año 1959 vivió con decoro y pudo disfrutar de auténtico festejos navideños en Cuba, se mofa a cajas destempladas del insólito escenario donde arbolitos, papás Noel tocando un saxofón, o guirnaldas que guiñan sus bombillos a la desesperanza, quieren aparentar felicidad.

“Eso se acabó, señor, o mejor dicho, lo exterminaron los comunistas que se adueñaron del país. No se puede resucitar un muerto, y ellos enterraron la navidad en los campos de caña, la recogida de café, las movilizaciones agrícolas y políticas, y una fanfarria de consignas, tareas, enfrentamientos y victorias que la exterminó de raíz.

Además, señaló, sustituyeron los tradicionales villancicos navideños por las congas de Pello el Afrocán; la misa del gallo por un aquelarre en el comité; el pavo y el puerco asado por una tortilla, frijoles y arroz; el vino por ron Bocoy, y el nacimiento del niño Jesús por las imágenes de una tropa desaliñada de barbudos que pasaban ese día por la televisión”.

¿De qué navidad pueden hablar cuando la gente no tiene apenas para comer, sueña con abandonar el país, viven de los que ya no viven en él, y no creen ni en su propia estampa por tal de aparentar lo que no son? ¿De qué festejos con tan bajos salarios, desunión y violencia, sino por el aniversario de la comparsa revolucionaria que provocó todo este mal?

Según una trabajadora de la tienda por departamentos Carlos III, ella lo único que recuerda de las fiestas de navidad, es que en sus casa estaba prohibido encender el arbolito, y en lugar de la celebración por el nuevo año había que brindar por otro aniversario del triunfo de la revolución. Si violaban esos preceptos, podían expulsar del trabajo a su papá.

Jóvenes trabajadoras de Harris Brother, La Dominica, El Rápido de 15 y L, la Fuente y otros establecimientos donde los trabajadores no caminan sobre la nieve o se deslizan en trineos porque el presupuesto no da, aseguran que no saben nada de nada y lo hacen por imitación, o porque el sindicato les exige aparentar. Vaya manera de celebrar navidad.

Fiesta y pachanga, exige la revolución, y mientras más se parezcan a las tradiciones que se cultivan en el capitalismo, mejor. Allá iremos a parar por muchos lineamientos y supuestas reformas para perfeccionar el socialismo en el país. La cuestión es mantenerse en el poder.

Nadie se asombre, si para bien, durante los días de noche buena y Navidad los militares sustituyen las armas de fuego por crucifijos, y los que aún fingen ser comunistas cambian la boina del Ché por un gorro de Papá Noel. Como diría el poeta: ¡Que siga el rumbón!

Vicmadomingues55@gmail.com

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