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miércoles, 22 de octubre 2014

Un llamamiento desafortunado

El autor opina sobre el nuevo documento “Llamamiento urgente por una Cuba mejor y posible”

MADRID, España, agosto, 173.203.82.38 -Normalmente yo no firmo manifiestos o declaraciones. Sobre todo, no me molesto en firmar ningún documento de este tipo, ni en un sentido ni en otro, que vaya en última instancia dirigido al régimen castrista, al que no considero un interlocutor válido o receptivo. De modo que si, por rechazar y no suscribir el “Llamamiento urgente por una Cuba mejor y posible”, la izquierda autoritaria, desde su pretendida superioridad moral e intelectual, me considera parte del “sector extremista y vociferante” del exilio, miel sobre hojuelas. Nada me honra más que situarme a buena distancia del izquierdismo sectario, y de esos que a todas horas proclaman con orgullo su sesgo ideológico aunque no venga al caso. (Leí la diatriba de uno de los redactores del ‘Llamamiento urgente…’ que, ¡faltaría más!, se declara izquierdoso y emplea un lenguaje sumamente ofensivo que me dejó perplejo. El que rechace el ‘Llamamiento urgente…’ o sustente otra tesis es, según él, poco menos que la peste. Lo tacha de cobarde, de capitán Araña y hasta de inmoral).

Pero es que el ‘Llamamiento…’ no deja de tener sus puntos débiles y cuestionables, empezando por el propio título. No es por ponerse uno puntilloso en el aspecto léxico-semántico, pero ya va siendo hora de que la oposición se desprenda definitivamente de los tics del discurso castrista. ¿Ignoran Ariel Hidalgo y sus colegas (contra los cuales no tengo absolutamente nada) las resonancias negativas que el sustantivo ‘llamamiento’ debe de producir en el seno del pueblo cubano? Ciertamente, aunque la palabra no haya sido acuñada por los Castro, al igual que ‘compañero’, nos trae muy malos recuerdos. Parece una ñangarada. Suena a teque, a frustración, a engaño, a estafa. No es que haya que ser original todo el tiempo, pero tampoco hay que imitar el estilo del opresor.

Otro tanto pudiera añadirse sobre la cuestión del embargo y la base naval de Guantánamo. Son las dos eternas cantaletas del castrismo, pero sobre todo es un tema que divide profundamente al exilio y la disidencia. Un programa que intente llegar a todos los sectores de la oposición, más que congraciarse con la izquierda o el centro-derecha de tendencia ‘progre’, debería ser más cuidadoso en el tratamiento de una cuestión tan controversial como divisoria.

Por otro lado, afirmar taxativamente que “la usurpación de la base naval de Guantánamo [va] contra la voluntad y el deseo del pueblo cubano” no creo que se acerque mucho a la verdad. Tal parecería que los cubanos se levantan y se acuestan todos los días rezando por el desmantelamiento de la base americana. Y yo creo que es exactamente al revés, aunque desde luego no haya realizado ningún sondeo de opinión para asegurarlo categóricamente y con un mínimo de rigor estadístico. Pero como estoy convencido de que los redactores del ‘Llamamiento…’ tampoco se han basado en ningún estudio demoscópico, con el mayor de los respetos me atrevo a calificar esa aseveración de falsa y demagógica, independientemente de las buenas intenciones de quienes redactaron el texto, tal vez un tanto influidos por un antiimperialismo de vieja escuela.

En realidad, el anhelo de muchos cubanos –sobre todo, de los que viven en esa zona—, es llegar hasta el territorio ocupado por Estados Unidos cruzando la bahía a nado o, incluso de manera más temeraria, atravesando un campo plagado de minas que el régimen cubano ha sembrado en el perímetro terrestre de la base. No son pocos los que han perecido en el intento de llegar a tierra de libertad por esa vía tan riesgosa. De manera que algún día, en la Cuba del futuro, habrá que erigirles un memorial in situ. La base naval de Guantánamo no es el problema. Ha sido la solución para miles y miles de cubanos, incluyendo varios amigos y tres cercanos familiares míos, que allí encontraron refugio y luego lograron realizar su sueño de vivir en libertad.

Por último, y no porque sea de menos peso, quiero referirme a la inoportunidad del documento . El manejo de los tiempos, en la política, es mucho más importante de lo que sospechan los gestores del ‘Llamamiento urgente…’, cuya urgencia tampoco es para tanto. En medio de la conmoción y el duelo por el fallecimiento de Oswaldo Payá y Harold Cepero en un supuesto accidente con pinta de atentado mafioso, el ‘timing’ ha sido fatal según el parecer de muchos. Si bien es cierto que el documento se venía gestando desde antes, su aparición por estos días coincide con la consternación de la familia, el MCL y la oposición en general, cuyos esfuerzos se centran en el esclarecimiento de la verdad sobre la muerte del destacado opositor y su joven colaborador. Algunos lo han visto como un intento de desplazar el foco y pasar la página del caso Payá. Yo, particularmente, no creo que la intención haya sido tan aviesa, aunque el efecto en definitiva ha sido el mismo. Considero, sin embargo, muy mal que uno de los exégetas del ‘Manifiesto…’ haya intentado apropiarse del nombre y el legado de Payá en un artículo frívolo y de un mal gusto que podría calificarse de carroñero.

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