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miércoles, 17 de diciembre 2014

Un homenaje despistado

El melancólico Fidel Castro recuerda con añoranza a su colega Honecker y los tiempos “dorados” del socialismo real

MIAMI, Florida, junio, 173.203.82.38 -La evocación del pasado es una rutina común entre las personas de edad avanzada. El repaso de vivencias, anécdotas y episodios de épocas pretéritas, llega acompañado de momentos personales gloriosos o tristes, viejas relaciones o acontecimientos con los que sus vidas coincidieron cronológicamente. Un ejercicio que constituye una experiencia única, irrepetible y perecedera. Compartir este legado con generaciones nacidas posteriormente se convierte casi en el último acto humano a punto de cumplir su ciclo vital. Por ello la transmisión oral o escrita del pasado adquiere tonos nostálgicos.

Parece que en uno de esos arranques de añoranza la morriña provocó al ex gobernante cubano Fidel Castro la redacción de un texto raramente corto dedicado a la memoria de Erich Honecker, uno de los buenos amigos del Comandante en los tiempos dorados del totalitarismo real.

La escueta nota publicada este 11 de junio en las primeras planas de los periódicos oficiales  cubanos, los únicos que circulan en la Isla, puede haber dejado a muchos lectores con extrañeza ante un escrito de contenido poco revelador cuya brevedad permite la inclusión de forma íntegra.

“El alemán más revolucionario que he conocido fue Erich Honecker. Cada hombre vive su época. La actual es infinitamente cambiante, si se compara con cualquier otra anterior. Me correspondió el privilegio de observar su conducta cuando este pagaba amargamente la deuda contraída por aquel que vendió su alma al diablo por unas pocas líneas de vodka. Guardo hacia Honecker el sentimiento más profundo de solidaridad.”

La explicación para esta manifestación melancólica de Castro por el desaparecido camarada del bloque socialista aparece revelada con mayores detalles en la página digital de Tele Sur. En ella se aclara que la cita del líder cubano es su manera de rendir homenaje a Honecker en el aniversario del fallecimiento ocurrido en Chile el 29 de mayo de 1994. Resulta curioso el retraso con que se produce la rememoración del Comandante hacia el comunista alemán juzgado por crímenes contra sus propios conciudadanos

Si algo se debe recordar sobre el fundador del Partido Socialista Unificado de Alemania es la lista acusatoria de más de un centenar de alemanes muertos al intentar cruzar el Muro de Berlín. Los disparos mortales llevaban el sello aprobatorio de la orden firmada por el “querido revolucionario”. En la cuenta se añaden miles de víctimas que sufrieron torturas en las celdas de la policía secreta alemana- la tristemente célebre Stasi- los presos políticos o los que sufrieron la represalia del temible sistema de vigilancia desarrollado en la mal llamada Alemania Democrática. Un régimen que destruyó millones de vidas mediante el pérfido mecanismo de la desconfianza colectiva, una táctica que dejó profundas heridas en el seno de la sociedad alemana oriental.

Erich Honecker cayó cuando las circunstancias históricas dieron un giro sorpresivo permitiendo que los ciudadanos alemanes vencieran las barreras del miedo y se expresaran con libertad. La falsa imagen del héroe esforzado en la causa de la unificación alemana, perfil que todavía algunos se empeñan en sostener, quedó desmitificada al aparecer la verdadera naturaleza del hombre implacable empeñado hasta el último minuto en impedir con brutalidad represora el escape de una mayoría atenazada entre muros ideológicos y de piedra, en un cerco erizado de reflectores, fusiles, minas antipersonales y vigilancia extrema.

Las imágenes de las golpizas desatadas por la policía represiva y los paramilitares de civil todavía pueden ser vistas en los archivos. Ocurrió en 1989 cuando el Imperio totalitario se tambaleaba. En ellas se aprecia la fuerza desatada contra adolescentes de apenas 16 años de edad. Escenas muy similares a las que apenas unos años antes se mostraran del Chile de Pinochet.

Al parecer esa es la conducta y las cualidades por las que Fidel Castro se siente privilegiado de haber conocido a Erich Honecker al punto de manifestar sus sentimientos solidarios hacia quien llega a calificar como el mayor revolucionario alemán. Una distinción por la que el Comandante coloca a Honecker en la cima del pedestal dejando en un plano inferior a personajes de la talla de Rosa Luxemburgo o Ernest Thaelman.

Coincidentemente por estos días se conmemoraba la muerte del General Augusto Pinochet. En Chile las disputas surgieron fuertes entre los partidarios de recordar la fecha luctuosa y los opositores de rendir ese homenaje al dictador. Un cartel enarbolado por un manifestante contrario a observar la efeméride señalaba que no se puede rendir homenaje a un asesino. Por su parte el premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel en una misiva dirigida al presidente Sebastián Piñera subrayaba que…«Cuando tu gobierno permite homenajes a quienes torturaron, mataron, encarcelaron, impusieron la desaparición de personas y provocaron el exilio de miles de hombres y mujeres (…) estás desconociendo la dignidad de tu pueblo y la de todos los pueblos latinoamericanos» Una observación que resulta válida para cualquier represor y que deberá ser tenida en cuanta cuando en Cuba enfrentemos la disyuntiva similar.

Fidel Castro concluye su recordatorio reflexivo con una observación sobre alguien que vendió su alma a cambio de la espiritualidad del vodka. Un mal negocio sin dudas, pero nunca comparable al que hacen aquellos que por conservar el poder ofrecen junto al alma, la sangre y vida del prójimo. Erich Honecker se cuenta en ese grupo.

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