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martes, 29 de julio 2014

Populismo nacionalista a lo Mas y compañía

Las consecuencias de una división separatista en España serían incalculables a corto y mediano plazo

MIAMI, Florida, octubre, 173.203.82.38 -El presidente de Cataluña, Artur Mas, convocó a elecciones adelantadas el 25 de noviembre y propuso un referendo sobre el futuro catalán desvinculado de España. Todo esto tras el rechazo que recibiera su propuesta presentada al gobierno de Madrid sobre concesiones de facultades fiscales especiales. Cataluña, una de las regiones más ricas de España pero también de las más endeudadas, reclama que el Estado español no devuelve suficiente dinero de lo recaudado a esta región. Una cantidad que se reivindica como déficit fiscal de entre 7.000 y 8.000 millones de euros.

Días antes de su encuentro con el presidente Mariano Rajoy, y coincidiendo con la Diada -fiesta nacional catalana que se celebra cada 11 de septiembre- tuvo lugar una manifestación gigantesca  en Barcelona. Encabezada por el CiU (Convergencia i Unió) la marcha reunió todas las fuerzas soberanistas en una convocatoria por un nuevo pacto fiscal y a favor de la independencia. Este último objetivo terminó ocupando el primer plano de las proclamas quedando las reivindicaciones fiscales relegadas a un segundo plano.

La maniobra era evidente. Resaltar los sentimientos nacionalistas a través de las imágenes impresionantes de un desfile gigantesco convocado en un día tan especial para los catalanes para respaldar unas conversaciones que sonaban a ultimátum. Pacto fiscal o el atolladero de la independencia en momentos cruciales de una crisis que amenaza a España, a la unidad monetaria y al futuro de la zona Euro.

El presidente Rajoy había advertido que no se puede repartir lo que no existe, en referencia a la crisis financiera que arrostra el país. Pero esa realidad es la que sirve a los cálculos de quien presenta un proyecto aún a sabiendas de la imposibilidad de que este sea aceptado. Lo presenta en momentos críticos colocando en una posición difícil al presidente español en su decisión de no admitirla. Una respuesta que se dimensiona como imagen de intransigencia y que resulta conveniente en los afanes de alentar sentimientos separatistas en una dirección de ruptura irreconciliable.

La retórica populista no faltó en los discursos del presidente de la Generalitat. Un recurso imprescindible que utilizó aprovechando el marco conmemorativo nacional de septiembre. “El pueblo debe decidir quién debe guiar la nueva etapa y con qué fuerza. Hay que jugársela”, dijo Mas en una alocución pronunciada en catalán. “En momentos excepcionales, decisiones excepcionales”, y añadió que  “La voz de la calle debe trasladarse a las urnas”.

Las elecciones en Cataluña, gobernada en minoría por el partido de centroderecha CiU desde hace dos años, estaban previstas para noviembre del 2014. Pero adelantarlas en esta coyuntura e permitiría conseguir una mayoría absoluta en los comicios de noviembre, lo que fortalecería su mandato hacia la independencia de la región. El paso implicaría un revés para Rajoy, quien ha instado a la unidad nacional para superar la crisis.

No es el único en esta carrera que amenaza con dividir el mapa español. El candidato a las próximas elecciones en Euskadi Iñigo Urkullo del PNV ha puesto su cosecha en esta escala separatista resaltando el soberanismo como vía para romper “las ataduras que pesan sobre el país vasco y lograr libertades plenas”, dando la imagen de una Euskadi bajo presión de un yugo colonial, empobrecida y sin libertades.

Mientras los socialistas españoles han manifestado su desacuerdo con esta corriente a la que contraponen la solución federativa, el gobierno nacional advirtió que acudirá a la máxima autoridad judicial del país para impedirlo. Sobre el particular la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría dijo que el referendo sería ilegalizado.

La polémica en torno a Cataluña como nación se basa en una interpretación desde dos perspectivas. La palabra nación que el Parlamento catalán presentó en su propuesta de Estatuto de autonomía, fue enmendada y excluida por el Congreso de los Diputados. Pero la referencia nacional quedó en el Preámbulo constitucional enmendado. Por su parte los legisladores catalanes introdujeron otra mención del carácter nacional en el artículo 8.1 del Estatuto de Autonomía del 2006 al afirmar que Cataluña, definida como nacionalidad en el artículo 1, tiene como símbolos nacionales la bandera, la fiesta y el himno. Para el Gobierno español el texto del preámbulo sólo tiene valor declarativo y no jurídico.

Las consecuencias de una división separatista en España serían incalculables a corto y mediano plazo. Minimizar su impacto negativo tomando como ejemplo otros casos anteriores, como el de la llamada separación de terciopelo que dividió a la antigua Checoslovaquia,  sería cuanto menos una visualización engañosa considerando las particularidades históricas. Tampoco hay puntos de contactos entre lo ocurrido en las ex repúblicas soviéticas unidas por acuerdos totalitarios y mucho menos en lo concerniente a los estados bálticos invadidas por el Ejercito Rojo previo acuerdo con los nazis. La diferencia principal radica en que España es un conglomerado de culturas que se fraguaron en una unidad al calor de siglos. Un nexo que ha permitido a los diferentes grupos nacionales mantener su identidad de  riqueza espiritual y cultural en ese conglomerado llamado Reino de España.

Según el criterio del periodista LLuis Bassets el presidente de la Generalitat ha conseguido lo que realmente quería. Ser figura en este asunto, desviando de paso la atención del verdadero foco del problema en Cataluña. Con las arcas vacías, su administración intervenida y tras haber efectuado los recortes más drásticos y rápidos de toda España (recordemos la paliza protagonizada por la policía catalana contra las manifestaciones anti recortes) no se le conoce balance de sus dos años de Gobierno. Sin embargo ha conseguido imponer la agenda nacionalista sobre la agenda social y económica que las circunstancias exigen. Muy parecido a la movida de otros “estadistas” de diferentes latitudes que cuando han tenido problemas en sus políticas apelaron a los temas de tipo afectivo patriótico para que sus ciudadanos desviaran la mirada del problema real. El bloqueo imperialista, el derecho territorial sobre una isla o la pertenencia histórica de una nación (aunque haya que remontarse a los tiempos de las Mil y Una Noches) son algunos ejemplos.

La actitud irresponsable de políticos que más que buscar la felicidad de sus ciudadanos utilizan sentimientos y recelos nacionalistas para sembrar la división y con ello alzarse en sus aspiraciones personales como lideres puede dañar seriamente uno de los principales pilares de la cultura occidental, frontera indispensable que defendió y salvó en varios momentos de la Historia la configuración de la identidad europea. Esperemos que el egoísmo de algunos y el descontento- por más justo que sea- de muchos no contribuya al rompimiento de una entidad que con sus diferencias constituye esa gran riqueza  de valores integrados que es la España de catalanes, gallegos, vascos, andaluces, canarios, navarros, asturianos con la que nos sentimos identificados todos los pueblos hispanos.

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