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jueves, 24 de abril 2014

Dos enfoque para una misma noticia

Veamos cómo se enfoca una misma noticia desde dos posiciones, quizá antagónicas

PORT CHARLOTTE, Florida, febrero, 173.203.82.38 -Todo es según el cristal con que se mire. Hasta los hechos noticiosos pueden enfocarse según la interpretación que de los mismos hagan los reporteros. La objetividad periodística es un mito. Si el lector no se percata del subjetivismo que se esconde detrás de la redacción de una noticia su propio criterio del asunto expuesto podrá ser extraviado y llegar a conclusiones inexactas.

En ocasiones, una supuesta crónica noticiosa, disfrazada de objetividad, manejada hábilmente para producir un efecto predeterminado a través de la conocida pirámide invertida resulta ser, más que noticia objetiva, un verdadero artículo de opinión.

En esto consiste la manipulación de la noticia que hacen los periodistas comprometidos con una ideología o representantes de los intereses del gobierno al que sirven.

Veamos cómo se enfoca una misma noticia desde dos posiciones, quizá antagónicas.

La clave de todo está en el titular con el que se presenta la noticia y en el empleo del lead apropiado.

Tomemos como ejemplo dos relatos periodísticos sobre la crisis de Libia. El primero es el enfoque que de entrada da el oficialista diario Juventud Rebelde de Cuba.

Con fecha 22 de febrero Juventud Rebelde trata el último discurso pronunciado por Gaddafi. El reportaje aparece bajo el sugerente título: “Denuncia Gaddafi complot foráneo contra Libia”. Las palabras claves son “denuncia” y “complot foráneo”. ¿Se capta el sentido? La primera impresión es que contra Libia se está produciendo un complot foráneo detrás de las protestas callejeras.

Veamos ahora el diferente enfoque que el diario El País de España da sobre la misma noticia. El título que aparece en la edición del 23 de febrero de este diario es: “El régimen libio se resquebraja”. La palabra clave es la referida a “resquebrajamiento”. Si en el primer titular la impresión que se produce en la mente del lector es la resistencia de Gaddafi contra oscuras manipulaciones extranjeras, en el segundo se impone la idea de que Gaddafi se encuentra en una desesperada situación, su régimen está a punto de colapsar.

El lead de Juventud Rebelde es el siguiente: “El líder Muammar al-Gaddafi calificó las manifestaciones opositoras como un complot diabólico de Occidente, y urgió a la población a defender los logros económicos y sociales de su Gobierno”, en tanto que el reproduce El País es: “Gadafi promueve un clima de guerra civil en las calles para sofocar la revuelta y mostrar fuerza pese a la cascada de dimisiones en el Ejército y el Gobierno.- Las ciudades del este celebran su liberación”.

El primer lead destaca el liderazgo de Gaddafi en la defensa de unos supuestos logros económicos y sociales de Libia. Es decir, crea la impresión de que Gadaffi se enfrenta a una labor contrarrevolucionaria movida desde el extranjero para destruir los logros económicos y sociales que impulsó su gobierno.

El segundo lead se concentra en destacar la desafiante actitud presente en la arenga de Gaddafi para crear un estado de guerra civil dirigida a sofocar una revuelta popular. Al mismo tiempo resalta la falta de apoyo que cada vez tiene el gobierno de Gaddafi y la pérdidas de ciudades en el este del país.

El primer lead esconde el apoyo del diario a Gadaffi tras un supuesto enfoque objetivo.

Ya dentro del cuerpo de la noticia, Juventud Rebelde destaca: “En una extensa alocución televisiva, al-Gaddafi acusó de «traidores y cobardes» a quienes pretenden llevar el país al caos y orientó que los jóvenes «llevarán un brazalete verde en señal de fidelidad y de defensa de la revolución», al tiempo que prometió luchar «hasta la última gota de sangre seguido por el pueblo”.

Nótese el agregado: “a quienes pretenden llevar el país al caos” que se complementa con la idea de que la juventud libia es fiel y defensora de la “revolución”; es decir al régimen de Gaddafi. Todo muy semejante con los eslóganes que propala el castrismo de la unidad del pueblo en torno a la “revolución”.

Es diferente el enfoque de El País: “Consciente de su debilidad, Gadafi intentó ayer crear un clima de guerra civil para sofocar la revuelta. El dictador compareció en televisión para amenazar con más muerte y destrucción y animó a sus leales a buscar “casa por casa” a los opositores: “ratas” y “drogadictos” a los que auguró “la pena de muerte”. El régimen, además, está recurriendo a mercenarios de Níger, Ghana o Sudán para cubrir la escalada de deserciones en el Ejército: “Durante los últimos 10 días varios aviones han aterrizado en la capital libia con cientos de mercenarios de varios países africanos a bordo”, aseguraba al diario The New York Times un vecino de la capital”.

El reportero de El País no suaviza las palabras cargadas de desprecio que utiliza Gaddafi contra sus oponentes, como sí lo hace el reporte de Juventud Rebelde. Aquí, Gaddafi no se presenta como el líder que se enfrenta a traidores que pretenden llevar el país al caos. Es una fría presentación de sus epítetos “ratas” y “drogadictos” y su exhortación a perseguir “casa por casa a los opositores.

Veamos otro elemento de la noticia que ambos diarios reportan referido al Ministro del Interior libio.

Juventud Rebelde señala escuetamente: “Según ANSA, el ministro del Interior libio, Abdel Fatah Younis al Abidi, a quien al-Gaddafi dio por muerto en su discurso, se unió el lunes a las revueltas e instó a los militares a apoyar los ‘reclamos legítimos’”.

El País amplía el informe: “A última hora, hasta el ministro del Interior libio y camarada de Gadafi desde los tiempos de la revolución de 1969, Abdulá Yunis, anunció su dimisión y su adhesión a la denominada Revolución del 17 de Febrero, que reclama la salida del dictador. El ministro pidió al Ejército que se sume a los manifestantes y respalde sus demandas “legítimas’”.

El hecho en Juventud Rebelde se minimiza. La escueta referencia maneja la psicología del lector que le lleva a darle poca importancia a este último dato. Un ministro cualquiera de nombre difícil de retener por el lector cubano se “unió a la revuelta”. El País destaca al hombre, un antiguo aliado de Gaddafi desde 1969 y que ahora dimite y se une a una revolución.

Refiriéndose al empeño de Gaddafi de mantenerse en el poder, Juventud Rebelde señala:

“El líder libio remarcó, por segunda vez en el día, que sigue al frente de la revolución, y descartó huir a otra nación forzado por las mayores revueltas callejeras que enfrenta en sus casi 42 años de mandato”.

En cambio, El País le da otro enfoque:

“Muamar el Gadafi se aferra rabioso al poder. ‘Nunca me iré, moriré como un mártir’, espetó ayer el dictador en un discurso interminable (75 minutos) en su primera intervención pública en directo desde que, el 15 de febrero, estalló la revuelta en Bengasi, a unos 1.000 kilómetros al este de Trípoli, y que el dictador ya tiene a las puertas de su palacio. Gadafi, de 68 años, instó a los libios a que ‘le amen’ y a hacer frente a ‘las ratas que siembran los disturbios’ en el país. E insistió, colérico: ‘Si yo fuera presidente os tiraría mi dimisión a la cara, pero yo soy el líder de la revolución, cogeré mi fusil, permaneceré en Libia y derramaré hasta la última gota de mi sangre’”.

Para reforzar su tesis de “agresión extranjera” contra Libia, Juventud Rebelde se refiere a una supuesta campaña impulsada desde el Wall Street Journal y el Washington Post:

‘También se supo que medios de prensa estadounidenses exhortaron a la violencia en la nación africana. El diario The Wall Street Journal exhortó a Washington y Europa a armar a los manifestantes libios para derrocar a Gaddafi, e instó a ambas potencias a amenazar con bombardear las bases aéreas libias, al tiempo que The Washington Post abogó por «amplias sanciones, incluida   la industria  petrolera», reseñó AFP”.

El País hace referencia a datos ofrecidos por Human Rights Watch que calcula en 300 los muertos civiles que se han producido por la represión gubernamental. “Aunque la organización no ha ofrecido un balance global ─indicó el diario español ─, ayer (22 de febrero) informó de que al menos 62 personas han fallecido en Trípoli desde el domingo, y hasta ese día había sumado alrededor de 223 fallecidos en todo el país”.

Sobre los decesos de civiles el reportaje de Juventud Rebelde no hace referencia alguna. Tampoco dice una palabra sobre las deserciones que se han producido dentro del ejército y funcionarios del gobierno libio. Esto último es destacado por El País.

“Cada hora se alarga la lista de militares, embajadores y altos funcionarios libios que dimiten, encabezados por el destinado en Washington, Ali Aujali, que sigue los pasos de los miembros de la representación libia en la ONU (salvo el titular). Los diplomáticos en Francia y ante la Unesco expresaron su respaldo “al pueblo en esta revuelta contra la máquina de la opresión”, si bien no renunciaron. Sí lo hicieron los embajadores libios en Bangladesh e India. Las legaciones en Malasia y Australia emitieron comunicados de condena de la represión”.

Según soplen los vientos que vienen del gobierno castrista así será el enfoque que su controlada prensa y todo los medio oficiales proyectarán al redactar las noticias. Castro en su última reflexión de hecho dio todo su respaldo al tirano libio.

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