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¿Sabía
usted que en Cuba hay más de trescientos presos
de conciencia?
Luz Modroño
Hiere el alma y la inteligencia. Hiere el corazón.
Más de trescientos presos de conciencia
purgan el delito de disentir entre rejas y presos
comunes. Entre ratas y aislamiento. Entre exclusión
social y marginación. Más de trescientos
presos de conciencia siguen pagando altas penas
de prisión por el mero hecho de pensar
diferente y osar expresar su pensamiento en voz
alta. Por escribir sobre la realidad de la que
son protagonistas. Por aspirar a que sus derechos
como ciudadanos sean reconocidos. Por mostrar
un espíritu crítico son perseguidos,
anulados como ciudadanos. Acallados y golpeados.
Sobre ellos recaen las peores penas, las iniquidades
más abrumadoras e indignas que un Estado
puede ejercer contra sus ciudadanos. Hombres y
mujeres que luchan por existir, por su identidad.
Pero tropiezan contra un muro hecho de intransigencia,
un muro que no los reconoce como seres con dignidad
y los niega.
Porque son castigados por el ejercicio del más
alto valor que inspira la conducta del ser humano:
Su derecho a opinar, a criticar, a disentir. Víctimas
de verdugos que ejercen, amparados en el uso de
la fuerza legitimada por la posesión de
aparatos represivos y cárceles, la violencia
contra sus semejantes.
Imbuida de los ideales de izquierda que parecían
haber tomado cuerpo en la revolución cubana,
fui el pasado verano a Cuba. Desde hace mucho
tiempo lucho desde distintas organizaciones de
izquierda, partidos políticos, sindicales
y de derechos humanos por una sociedad más
justa, equitativa, solidaria y libre. Fui a Cuba
con miles de interrogantes. Los actos de la Primavera
Negra de 2003 en los que setenta y cinco personas
fueron detenidas y condenadas a largas penas de
prisión me helaba el corazón y la
inteligencia. Pero quería observar con
mis propios ojos. Y sacar mis propias conclusiones.
Así lo hice. Pero la realidad con la que
me encontré fue mucho peor que la que creí
que me encontraría. En mi interior resonaban
con fuerza las palabras de Voltaire No estoy de
acuerdo con lo que dices, pero defenderé
con mi vida tu derecho a expresarlo.
¿Por qué en Cuba, que exporta fuera
de sus fronteras ser paladín de la democracia,
la justicia, la equidad, los derechos humanos...
se prohíbe el parlamentarismo y se persigue
con tanta saña al opositor? ¿Tan
frágil es el sistema que necesita defenderse
con rejas y golpes de terroristas que sólo
cuentan con las armas de su propia palabra y pensamiento?
¿Por qué tanto temor hacia los que
muestran su oposición al régimen?
¿Por qué tanto miedo a que su verdad,
la verdad de los que detentan el poder, pueda
ser contrastada por los que opinan diferente?
Preguntas inocentes cuya simple enunciación
adquieren rango de amenaza.
Discípula de la URSS, Cuba ha intentado
crear un "hombre nuevo". Los ingenieros
de la revolución imaginaron un espécimen
humano nuevo, modelado por una cultura programada
y el territorio nacional como un espacio único,
planificado y homogéneo, habitado por ciudadanos
iguales y también idénticos. La
diversidad quedaba radicalmente excluida. Aunque
fuera necesario recurrir a la agresividad, a la
violencia de Estado, a la xenofobia. La agresividad
del Estado contra los ciudadanos se legitimaba.
Se creaba un Estado totalitario, excluyente, empapado
de ideología nacionalista. Se afianzaban
los instrumentos que posibilitaran la creación
de hombres y mujeres obedientes, sumisos, fieles
seguidores de la Idea. Para ello, la escuela.
Y también seres temerosos, en ocasiones
con un miedo paralizante, a los que sólo
quedaba como espacio la sumisión, el silencio
o la valentía. Para ello el Ejército
y la policía.
El programa ideológico de la revolución
anuló la Constitución de 1940 y
convirtió a Cuba en una verdadera cárcel
invisible en la que está encerrada la sociedad
cubana. Incapaz de comprender lo diverso, la integración
y transformación de todo un pueblo en la
uniformidad no es tarea fácil. Es necesario
incrementar cada vez más la espiral de
la represión, la persecución, la
intolerancia. Obsesionado con el enemigo exterior,
el virus que se infiltra en el tejido social,
el poder cubano ataca sin piedad a los que intentan
mostrar la auténtica cara de la revolución
mientras transforma en terroristas al servicio
de aviesas organizaciones enemigas exteriores
a todo el que intenta mostrar la realidad de la
cultura, la economía o la sociedad cubana
actuales. Un antiimperialismo obsceno que sólo
ha provocado el rechazo, el aislamiento y el sufrimiento
de todo un pueblo y que hoy se muestra no sólo
como obsoleto sino como un verdadero estorbo.
En los próximos días se lanzará
en España toda una campaña de apoyo
y solidaridad para con los cinco espías
del gobierno cubano detenidos en Miami. Abruma
el silencio para con los más de trescientos
presos de conciencia sometidos a tratos degradantes
en las tétricas cárceles cubanas.
Abruma la ignorancia de los que, escudados tras
valores de democracia e igualitarismo, justifican
el encarcelamiento y la persecución de
poetas, periodistas, médicos, sindicalistas,
miembros de partidos políticos, sociedad
civil, y tratan de elevar su voz en la defensa
de los cinco miembros gubernamentales detenidos
y encausados. No es la campaña en sí
misma lo que despierta preocupación o rechazo.
En un país libre como es la España
de hoy cualquier ciudadano o grupo de ciudadanos
está en el derecho inviolable de defender
aquellas causas que considere dignas de su interés.
Es la doble moral lo que está en juego.
Es la activación de odios y enfrentamientos
que dividirá, una vez más, a la
sociedad civil. El discurso es el mismo: el antiimperialismo
amenazador, el victimismo, la ocultación
de la realidad,
Mientras la oposición cubana opta por
el diálogo, la negociación, la reconstrucción
de una Cuba hoy arruinada y la instauración
de la democracia y el reconocimiento del derecho
de todos los ciudadanos a existir, el gobierno
cubano y las organizaciones españolas de
apoyo al gobierno -que no al pueblo cubano- invertirán
miles de euros en llevar a cabo una campaña
mediática de defensa de un sector de la
población: aquellos que representan al
régimen. Lo que se defiende es "su"
Cuba, la de los comandantes que se apropiaron
del país hace casi medio siglo y que consideran
a la isla su feudo particular.
Una campaña que pospone la dignidad colectiva
a los intereses de un gobierno. Porque un gobierno
que mantiene entre rejas a una gran parte de su
población por el mero hecho de disentir
se convierte de manera automática en un
gobierno indigno. El eje de la campaña
"¿Sabía usted que hay cinco
cubanos presos en las cárceles de EEUU?"
podría sustituirse por "¿Sabía
usted que hay más de trescientos presos
de conciencia cubanos en las cárceles de
Cuba?". Quizás de esa manera se podría
empezar a equilibrar la balanza de la justicia
y el descrédito de la propia campaña
no sería tan fulminante. La única
campaña legítima posible es aquella
que abogue por la exigencia del reconocimiento
del contrario, de la diversidad cultural, ideológica,
del pluralismo partidista. Del reconocimiento
de la igualdad de derechos y deberes para todos
los ciudadanos. Del reconocimiento de la dignidad
colectiva.
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