OPINIONES
Diciembre 13,2005

Derechos y libertades sindicales para el mundo. ¿Para Cuba no?

Miguel Saludes

El pasado cuatro de diciembre concluyó en La Habana el XV Congreso Sindical Mundial, que sesionó desde el día primero del mismo mes y reunió a delegados provenientes de 60 países. Es la segunda vez que Cuba es sede de este evento. En esta ocasión unos 600 delegados pertenecientes a más de 250 organizaciones sindicales enfocaron aspectos tales como el desempleo, la exclusión social y otros muchos flagelos que afectan a la clase trabajadora internacional. Al concluir el encuentro se emitió una declaración que incluye desde la sempiterna condena del imperialismo norteamericano hasta la omnipresente censura contra el embargo económico establecido por Estados Unidos sobre el gobierno de la Isla. Esta resolución recoge en veinte y cinco puntos la preocupación por tantos problemas que están afectando a la humanidad como son la guerra de Irak, la discriminación de la mujer, la pandemia del VIH y tantas otras más que nos azotan. Pero no es la inclusión de estos temas en el documento, ni siquiera el reclamo de la liberación de los cinco cubanos presos en cárceles norteamericanas, lo que provoca esta reflexión.

Existen realidades, propias de la atención de los sindicatos, que no fueron abordadas por los delegados que acudieron a la sita celebrada en la capital cubana y que paradójicamente son violadas o incumplidas en el propio país anfitrión. Dice el primer punto de la declaración final suscrita en nombre de la Federación Sindical Mundial, que los objetivos propuestos en su nacimiento como organización se mantienen en plena vigencia. Ellos son la lucha en favor de la justicia social, del progreso, la emancipación y el respeto por la dignidad de los trabajadores y sus familias.

Resulta cuestionable si el postulado anterior puede verificarse en un sistema donde los trabajadores se encuentran bajo la égida de una unión que responde completamente a los intereses del Estado y donde cualquier crítica contra este ejercida por parte de un trabajador pueda redundar, en el mejor de los casos, en la expulsión de por vida de su centro laboral, con el agravante de no poder trabajar en otro lugar pues todos se rigen por los mandatos del mismo empleador. Cómo hablar de la dignidad, cuando los compañeros de ese trabajador contestatario, aupados y dirigidos por el partido político gobernante, declaran masivamente contra él y lo convierten en un proscrito sin derecho a ganar el sustento de su familia. La misma organización que debería defenderle contra los poderes de la entidad estatal y las arbitrariedades del sistema, se confabula con la parte acusadora del obrero.

Ejemplos de situaciones como ésta sobran en el contexto nacional cubano. Casos de trabajadores a los que se les ha retirado el derecho a trabajar por haber emitido opiniones políticas divergentes, o por criticar las condiciones de trabajo en que laboran siguen sucediendo en estos días en que se celebró el congreso de la FSM.

Quizás el hecho de que esta problemática haya estado ausente en la agenda de los delegados reunidos en La Habana se explique en un punto de su declaración conclusiva, que señala que los firmantes no creen que las organizaciones sindicales puedan jugar su rol de manera efectiva defendiendo los derechos de una parte de la clase obrera cuando la mayoría de ésta se encuentra privada, según su criterio, o excluida de esos derechos y de garantías colectivas en buena parte del mundo. Prefieren hablar de lo vital que resulta la unidad de los obreros y oprimidos del mundo así como la de los movimientos sociales y comunitarios de carácter global.

Lo emitido en este acápite de la declaración del Congreso Sindical Mundial por sus participantes no es más que un concepto totalmente errado, al pretender desentenderse del micro espacio para perderse en la contemplación del universo. De esta manera el problema cubano apenas resulta visible comparado con los que afectan a otras partes del planeta. Pero la miopía de este tipo de dirigentes obreros es tal que ellos aparentan ignorar que al final la sumatoria de todos esos pequeños problemas resulta en la totalidad de todos los graves conflictos que ellos buscan resolver.

Cuando en Cuba un trabajador es sentenciado por violar la moral socialista, quitándosele como sanción su expediente laboral, se le está negando no sólo el derecho a trabajar en su propia tierra, sino que se le están reprimiendo sus derechos cívicos. Si además se le hostiga en el medio social donde vive y hasta aquellas pocas instituciones no gubernamentales reciben presiones para que no le den amparo laboral, hay que preguntarse seriamente cual ha de ser la función de los sindicatos en ese lugar. Lo más grave de todo es cuando los mismos líderes de esa organización defensora del trabajador son los que se ponen bajo las órdenes de la administración y los órganos de poder político en contra del que deben representar. Y qué decir de los que están presos por pretender organizar sindicatos independientes, que es la mejor manera en que deben funcionar estas agrupaciones. Pero según lo expresado en el acta final del encuentro de los sindicalistas mundiales eso es cuestión de una minoría y existen otras cuestiones mucho más urgentes por atender en otras partes del mundo.

Igualmente, la resolución de la FSM proclama que un movimiento sindical internacional fuerte y con influencia no puede implantarse sin una verdadera democratización que tenga en cuenta los derechos y deberes de todos. Precisamente lo que falta en Cuba para que estas condiciones se den es la existencia de un régimen democrático. Esperemos que este criterio sea tenido en cuenta para impulsar al movimiento sindical cubano hacia su apertura democrática.

Efectivamente, en el planeta existe una diversidad de problemas apremiantes. No es Cuba la que más conflictos tiene, y hasta puede que en comparación con situaciones extremas verificadas en otras regiones, aparezca en ventaja en determinados aspectos. Pero nada de ello puede soslayar la verdad de que la Isla caribeña está carente de un movimiento sindicalista independiente que defienda los derechos de los trabajadores y garantice plenitud en el ejercicio de sus gestiones para reclamar libertades, ventajas y obtención de mejoras.

Este punto quedó por ser anotado en la lista del documento que puso punto final a este encuentro efectuado en Cuba durante los cuatro primeros días de diciembre.

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