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Derechos
y libertades sindicales para el mundo. ¿Para
Cuba no?
Miguel Saludes
El pasado cuatro de diciembre concluyó
en La Habana el XV Congreso Sindical Mundial,
que sesionó desde el día primero
del mismo mes y reunió a delegados provenientes
de 60 países. Es la segunda vez que Cuba
es sede de este evento. En esta ocasión
unos 600 delegados pertenecientes a más
de 250 organizaciones sindicales enfocaron aspectos
tales como el desempleo, la exclusión social
y otros muchos flagelos que afectan a la clase
trabajadora internacional. Al concluir el encuentro
se emitió una declaración que incluye
desde la sempiterna condena del imperialismo norteamericano
hasta la omnipresente censura contra el embargo
económico establecido por Estados Unidos
sobre el gobierno de la Isla. Esta resolución
recoge en veinte y cinco puntos la preocupación
por tantos problemas que están afectando
a la humanidad como son la guerra de Irak, la
discriminación de la mujer, la pandemia
del VIH y tantas otras más que nos azotan.
Pero no es la inclusión de estos temas
en el documento, ni siquiera el reclamo de la
liberación de los cinco cubanos presos
en cárceles norteamericanas, lo que provoca
esta reflexión.
Existen realidades, propias de la atención
de los sindicatos, que no fueron abordadas por
los delegados que acudieron a la sita celebrada
en la capital cubana y que paradójicamente
son violadas o incumplidas en el propio país
anfitrión. Dice el primer punto de la declaración
final suscrita en nombre de la Federación
Sindical Mundial, que los objetivos propuestos
en su nacimiento como organización se mantienen
en plena vigencia. Ellos son la lucha en favor
de la justicia social, del progreso, la emancipación
y el respeto por la dignidad de los trabajadores
y sus familias.
Resulta cuestionable si el postulado anterior
puede verificarse en un sistema donde los trabajadores
se encuentran bajo la égida de una unión
que responde completamente a los intereses del
Estado y donde cualquier crítica contra
este ejercida por parte de un trabajador pueda
redundar, en el mejor de los casos, en la expulsión
de por vida de su centro laboral, con el agravante
de no poder trabajar en otro lugar pues todos
se rigen por los mandatos del mismo empleador.
Cómo hablar de la dignidad, cuando los
compañeros de ese trabajador contestatario,
aupados y dirigidos por el partido político
gobernante, declaran masivamente contra él
y lo convierten en un proscrito sin derecho a
ganar el sustento de su familia. La misma organización
que debería defenderle contra los poderes
de la entidad estatal y las arbitrariedades del
sistema, se confabula con la parte acusadora del
obrero.
Ejemplos de situaciones como ésta sobran
en el contexto nacional cubano. Casos de trabajadores
a los que se les ha retirado el derecho a trabajar
por haber emitido opiniones políticas divergentes,
o por criticar las condiciones de trabajo en que
laboran siguen sucediendo en estos días
en que se celebró el congreso de la FSM.
Quizás el hecho de que esta problemática
haya estado ausente en la agenda de los delegados
reunidos en La Habana se explique en un punto
de su declaración conclusiva, que señala
que los firmantes no creen que las organizaciones
sindicales puedan jugar su rol de manera efectiva
defendiendo los derechos de una parte de la clase
obrera cuando la mayoría de ésta
se encuentra privada, según su criterio,
o excluida de esos derechos y de garantías
colectivas en buena parte del mundo. Prefieren
hablar de lo vital que resulta la unidad de los
obreros y oprimidos del mundo así como
la de los movimientos sociales y comunitarios
de carácter global.
Lo emitido en este acápite de la declaración
del Congreso Sindical Mundial por sus participantes
no es más que un concepto totalmente errado,
al pretender desentenderse del micro espacio para
perderse en la contemplación del universo.
De esta manera el problema cubano apenas resulta
visible comparado con los que afectan a otras
partes del planeta. Pero la miopía de este
tipo de dirigentes obreros es tal que ellos aparentan
ignorar que al final la sumatoria de todos esos
pequeños problemas resulta en la totalidad
de todos los graves conflictos que ellos buscan
resolver.
Cuando en Cuba un trabajador es sentenciado por
violar la moral socialista, quitándosele
como sanción su expediente laboral, se
le está negando no sólo el derecho
a trabajar en su propia tierra, sino que se le
están reprimiendo sus derechos cívicos.
Si además se le hostiga en el medio social
donde vive y hasta aquellas pocas instituciones
no gubernamentales reciben presiones para que
no le den amparo laboral, hay que preguntarse
seriamente cual ha de ser la función de
los sindicatos en ese lugar. Lo más grave
de todo es cuando los mismos líderes de
esa organización defensora del trabajador
son los que se ponen bajo las órdenes de
la administración y los órganos
de poder político en contra del que deben
representar. Y qué decir de los que están
presos por pretender organizar sindicatos independientes,
que es la mejor manera en que deben funcionar
estas agrupaciones. Pero según lo expresado
en el acta final del encuentro de los sindicalistas
mundiales eso es cuestión de una minoría
y existen otras cuestiones mucho más urgentes
por atender en otras partes del mundo.
Igualmente, la resolución de la FSM proclama
que un movimiento sindical internacional fuerte
y con influencia no puede implantarse sin una
verdadera democratización que tenga en
cuenta los derechos y deberes de todos. Precisamente
lo que falta en Cuba para que estas condiciones
se den es la existencia de un régimen democrático.
Esperemos que este criterio sea tenido en cuenta
para impulsar al movimiento sindical cubano hacia
su apertura democrática.
Efectivamente, en el planeta existe una diversidad
de problemas apremiantes. No es Cuba la que más
conflictos tiene, y hasta puede que en comparación
con situaciones extremas verificadas en otras
regiones, aparezca en ventaja en determinados
aspectos. Pero nada de ello puede soslayar la
verdad de que la Isla caribeña está
carente de un movimiento sindicalista independiente
que defienda los derechos de los trabajadores
y garantice plenitud en el ejercicio de sus gestiones
para reclamar libertades, ventajas y obtención
de mejoras.
Este punto quedó por ser anotado en la
lista del documento que puso punto final a este
encuentro efectuado en Cuba durante los cuatro
primeros días de diciembre.
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