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ĦQue
vengan los americanos!
Miguel Saludes
En días recientes quedó inaugurado
en la capital cubana un parque de diversiones
construido con ayuda varios ciudadanos norteamericanos,
quienes viajaron a la Isla para entregar personalmente
el donativo. Además de la dotación
material para la concreción del proyecto,
el grupo se involucró directamente en la
parte constructiva de la obra. El gesto de los
estadounidenses fue criticado por una parte de
los cubanos radicados en el exilio, sobre todo
después de las declaraciones que los viajeros
hicieran durante su estancia en La Habana contra
el embargo económico y la política
que mantiene el gobierno de su país contra
el de la Isla.
Pero con razón o no, el modesto parque
donado por los americanos quedó abierto
oficialmente en la segunda semana de noviembre,
quizás aprovechando el marco de la celebración
del aniversario 486 de la fundación de
la ciudad. Ahora los niños de Guanabacoa,
lugar escogido para la erección del sitio
recreativo, cuentan con un lugar de esparcimiento
gracias a la buena voluntad venida del Norte.
Según fuentes que han seguido el desarrollo
de este acontecimiento, el parque realmente estaba
terminado desde hace más de un mes, pero
sus puertas permanecían cerradas ante la
comprensible intranquilidad de los más
pequeños que importunaban constantemente
a sus padres para que éstos les dijeran
cuándo iba a ser abierto. Los más
osados trataban de escalar las cercas para acceder
por su cuenta a la instalación.
Pero los muchachos no contaban con los imponderables
que pone la maquinaria ideológica en todos
los acontecimientos nacionales, aún en
los que aparentan ser sencillos. Al parecer la
tardanza de la inauguración se debía
a la espera de que el evento fuera presidido por
una personalidad del gobierno, tomando la noticia
en beneficio de circunstancias políticas.
La ocasión era ciertamente propicia para
ello, pues el evento contó con el protagonismo
de ciudadanos venidos del Imperio, que además
de ofrecer su colaboración solidaria, hacían
patente su desacuerdo con la política norteamericana.
Pero las cosas no salieron según lo previsto
y los organizadores del acto tuvieron que contentarse
con la presencia de un dirigente partidista de
menos categoría.
Cuenta mi amigo que durante la construcción
del parque se produjo una situación que
muchos catalogan de humillante. Durante los tres
días en que los norteamericanos estuvieron
trabajando junto a los obreros cubanos se vivió
una situación muy diferente a la que sobrevino
después de la partida de los visitantes.
Entonces se gozó de una abundante provisión
de comestibles, suministrados por el Poder Popular
de Guanabacoa. Entre las ofertas brindadas por
el organismo de gobierno se incluía meriendas
con bocaditos de jamón, refresco de lata,
manzanas y otras delicadezas. A la hora del almuerzo
el típico congrís venía acompañado
de bistec o pollo y ensaladas. Con la partida
de los norteños todo retornó a la
cotidianidad. La merienda quedó disminuida
a un refresco en polvo preparado con agua, un
pan con croqueta y alguna manzanita de las que
quedaron en las cajas. El menú del almuerzo
se redujo al arroz con huevo hervido, y otros
platos menos suculentos. Algunos trabajadores
que continuaron en el lugar haciendo otro tipo
de labores y que notaron el drástico cambio
en la alimentación opinan que la mejora
se debió al propósito propagandístico
de la creación de una imagen falsa de cómo
se vive en el país para que fuera transmitida
por los norteamericanos a sus compatriotas. En
consecuencia los obreros no querían ni
trabajar, mientras pedían con sorna que
los americanos volvieran otra vez.
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