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Primera parte
Carlos Wotzkow** y Esteban Casañas***
"A fin de estabilizar la población
mundial, nosotros debemos eliminar 350'000 personas por día. Es una cosa
horrible de decir, pero es tan malo como no decirla." - Jeaques Costeau*
Cuba se ha convertido para los cubanos en un vertedero peligroso que
aniquila con odio sus riquezas naturales. En 1965 se creó en aquel
desastre de país un instituto para estudiar y proteger el mar, al tiempo
que la revolución ponía fin a la pesca artesanal para crear el
Ministerio de la Industria Pesquera. Es curioso, pero 35 años después,
una bellísima investigadora del Instituto de Oceanología
(disfrutando de las libertades que sólo encontró en los Estados
Unidos) me echaba en cara, desde su puesto de coordinadora para la cooperación
de los estudios marinos en un prestigioso centro norteamericano, que yo (Carlos
Wotzkow) no era objetivo, pues había omitido en mi libro "Natumaleza
Cubana" (1) las buenas
cosas que la revolución había hecho a favor de nuestra naturaleza.
Es decir, estos científicos cubanos, después de haber
desertado de Cuba aprovechando viajes de "trabajo", y después
de comenzar a vivir gracias a un salario digno (lo que nunca tuvieron en Cuba),
seguían haciendo campañas a favor de un régimen y su extraña
forma de degradar la naturaleza. Y por si fuera poco, lo afirmaban a pesar de
que el desgobierno cubano se veía obligado a reconocer que toda nuestra
plataforma insular se encontraba explotada "al límite de sus
posibilidades sostenibles" (2).
Así las cosas, vayamos por pasos y desenmascaremos a la misma vez a estos
agentes propagandísticos del castrismo, salidos de Cuba para sostenerlo
desde la comodidad que resulta el no sufrirlo en carne propia.
Manglares y barreras coralinas
El manglar, aparte de ser un bosque protector de las tierras y ecosistemas
inmediatos a la línea costera, es la guardería del mar. Allí
pasan su infancia infinidad de especies de vertebrados entre las que están
los gazapos de ciertas especies de Jutías (Capromys sp.) y pequeñas
aves como el Canario de Manglar (Dendroica petechia) que allí construye
su nido, o decenas de peces como la Barracuda (Sphyraena barracuda), los Toritos
(Lactophrys triqueter), los Cirujanos (Acanthurus bahianus), las Guasas
(Epinephelus itajara) los Lenguados (Bothus ocelltus), los bellísimos
Tapaculos o Peces Mariposa (Chaetodon capistratus) y muchos otros que tanto
colorido dan a una inmersión.
Sin embargo, mientras a Fidel Castro le da por dedicar su vejez a inaugurar
precarias guarderías entre las ruinas polvorientas de La Habana, nos deja
de herencia 35 años de esfuerzo para destruir esta otra de la cual en
Cuba se podría vivir sin padecer hambre. Y para mayor burla, inaugura en
1992, en Cayo Coco (uno de los islotes más afectados por el turismo
hispano-canadiense), el "Centro de Investigaciones sobre los Ecosistemas
Costeros", que tiene entre sus prioridades a los manglares, sólo
para mentirle al mundo con que las pérdidas de estos no se deben a los
dislates del ser humano, sino al efecto invernadero creado por culpa del
derroche capitalista en el exterior.
Visto de esta forma, y apoyado por los tecnócratas de vacío
encéfalo, las obras revolucionarias realizadas durante más de
cuatro décadas en Cuba, como las mil y una presas, el Dique Sur, los
vergonzosos pedraplenes y todas las barbaridades ejecutadas a ritmo de
contingente (no inteligente), lo único que han hecho es, según
nuestros científicos exiliados, proteger a los suelos de la salinización
y a los manglares del "exceso de agua dulce". Semejante ironía
y falta de respeto a la verdad sólo puede venir de aquellos a los que la
naturaleza resulta un estorbo, pues nadie puede concebir algo similar en un
archipiélago cada vez más necesitado de protección al
suelo, agua potable y agricultura balanceada.
Pero, ¿qué podemos esperar de una política ambiental que
utiliza los mismos estándares de la revolución y que no va más
allá de sacrificarlo todo con tal de salvar una mentira ideológica
y a un grupo de mediocres aferrados al poder? La respuesta es obvia: no puede
hacerse uno ilusiones, ni de que la política ambiental cubana tenga
buenas intenciones, ni de que el hombre formado por semejante sistema
doctrinario tenga interés en salvaguardar lo que pertenece también
a las futuras generaciones.
No olvidemos que durante años Cuba se dedicó a hundir barcos,
no para favorecer la creación de nuevas barreras de coral, sino para
facilitarle a los pilotos militares y a la DAAFAR sus prácticas de tiro.
La diana de estos entrenamientos irresponsables fueron muchas veces navíos
mercantes en desuso no siempre tan "limpios" como el "Turbana
Queen" (barco bananero de Panamá incautado por Cuba por razones
desconocidas), sino otros dedicados a la transportación de sustancias
peligrosas (residuos ácidos incluidos) y que comenzaron a desaparecer
bajo la superficie del mar en fechas tan tempranas como 1964 entre la playa de
Banes y el río El Mosquito, así como al norte de Gibara.
De tal práctica, desconocidos son los fondos que deben haber acogido
también a los refrigerados "Fundador", "Minas de Frío",
"Las Mercedes"y "Frucuba", pues desaparecieron de la
circulación sin dejar rastro y no sería muy riesgoso especular
sobre su suerte. Un ejemplo de aquellas debacles militares de amplio
conocimiento público fueron las demostraciones de tiro efectuadas frente
a las costas del malecón habanero cada vez que se celebraba el día
de las FAR. Lo aterrador no obstante, no era el hundimiento del barco en sí
(que bien pudiera favorecer la formación de un promontorio coralino si
todos fueran barcos como el "Lidia Doce"), sino de que a veces se
hundieron, o vararon, a pocos metros de donde se bañaba la gente
embarcaciones como el New Grove (fertilizantes), o el "Tania" (ácidos),
que hasta pocos días antes habían cargado esas sustancias tóxicas
y que dejaron oleadas enteras de peces muertos frente a las costas vecinas.
Con relación a las limpiezas de bodegas, mencionadas sin mucho
detalle en la primera parte de esta serie, estas se realizaban sobre nuestra
plataforma apenas se abandonaba el puerto de salida. Cuando un barco salía
de La Habana en dirección a Santiago de Cuba por la costa Norte, la
limpieza comenzaba de manera casi inmediata. Si la salida era de día, la
operación en barcos de hasta cinco bodegas tomaba varias horas de trabajo
y por lo tanto, se contaminaban nuestras costas desde los límites de
Matanzas hasta bien avanzado el perfil costero de Camagüey. Por el
contrario, si la navegación tenía lugar por la costa Sur, la
contaminación afectaba todo el sur de la plataforma desde Santiago de
Cuba hasta el archipiélago de los Canarreos.
Cuando estas limpiezas se efectuaban en la noche, casi siempre se llegaba
esparciendo sustancias nocivas a los puertos de destino y no era raro ver cómo
se descargaba el agua contaminada en Bahías como Guayabal, Manzanillo,
Santiago de Cuba, Cienfuegos, Júcaro, etc. Como dato incontestable,
podemos decir que los oficiales del "Habana", el "Renato Guitart",
el "Jiguaní", el "Topaz Island", el "Otto
Parellada", el "Aracelio Iglesias" y el "Pepito Tey"
(todos transportadores de carga general) limpiaban a corta distancia de nuestras
costas productos corrosivos, tóxicos y explosivos, sin contar aquí
las actividades de achique de las sentinas, previamente tratadas en el artículo
anterior.
Si uno se pone a reflexionar en todo esto, y si uno además sabe que
cientos y miles de hectáreas de manglar fueron talados para crear a la
fuerza nuevas playas (la mayoría de las cuales no existen hoy) que luego
la marea y las tormentas terminaban por convertir en lodazales sólo aptos
para las tembladeras (Urolophus jamaicensis) y los obispos (Aëtobatus
narinari), qué no pensar de los arrecifes de coral a los que los propios
investigadores del Instituto de Oceanología dinamitaban para colectar
peces a granel. Peor aún, ¿qué no pensar de aquellos extensos
seibadales en los que se reproducía y abundaba nuestra langosta, pero a
los que el MIP aplicaba sus gigantescas redes de arrastre?
Pues los invito. Hagan una inmersión a 10 ó 15 metros de
profundidad en cualquier playa de la costa norte de la Habana y verán lo
que es la superficie lunar. Más, vayan un poco más profundo y
lleguen hasta los 50 metros frente a Puerto Escondido y podrán observar cómo
los buzos de Carisub, o los buzos furtivos han talado con serrucho todos los
corales negros (Antipathes sp.) que excedían el centímetro de diámetro
en su tronco base. Les hablo de una pared vertical de difícil acceso
justo en el canto del veril, y a la que no se puede llegar si no se es buzo
profesional. ¿Qué quedará entonces para aquellos placeres de
coral a los que llegaba el buceador de snorquel?
Frente a las costas de Pinar del Río, justo en su porción más
occidental están los Cayos de la Leña. Cuando les visité
(primer autor) por primera vez en 1980, parecían un paraíso jamás
tocado por el hombre. Había incluso dos nidos de Aguilas Pescadoras
(Pandion haliaetus ridwayi) y uno de ellos tenía dos pollos de esta rara
rapaz. Pero cuando la Unión de Jóvenes Comunistas facilitó
el acceso al cayo a los visitantes del Campismo Popular ( y les hablo de apenas
5 años más tarde), encontré latas de conserva hasta los 17
metros de profundidad en los cangilones que se alejaban perpendicularmente de la
playa. ¿Es o no esto una vergüenza?
Sí que lo es, como mismo ha sido un derroche de estupidez el hecho de
haber destruido todos los fondos marinos y barreras de arrecife que existían
frente a Moa. El que visite algunos sitios de estas costas pensará que
sus ecosistemas submarinos están intactos. Creerá que al
sumergirse se bañará en un mar de corales multicolor. Pero se
equivoca. Se encontrará con que los embalses de oxidación y las
piscinas de contención de los metales pesados de la metalurgia derraman
su exceso de venenos hacia el mar. Observará cómo en días
de poca marea sus pozas se llenan de una especie de pasta gris negruzca saturada
de metales pesados. En resumen, saldrá con los ojos llenos de lágrimas,
pero no por una extrema sensibilidad a lo que ha visto, sino por la irritación
que le ha producido ese aparente saludable mar en la conjuntiva de sus ojos.
Desde que los investigadores descubrieron que hay cientos de microorganismos
en nuestra plataforma insular que pudieran tener valor comercial vía la
industria farmacéutica o alimenticia, los hermanos Castro no han cesado
de incentivar aún más la destrucción de nuestros recursos
marinos. Así, desaparecen de nuestros moribundos arrecifes otras especies
necesarias para su supervivencia y ello trae consigo un mayor desequilibrio del
ecosistema. La lista interminable de estos desparpajos es la extracción
incontrolada e irracional de anémonas de diferentes especies, el
rompimiento parcial de cientos de corales de oreja por culpa de las propelas de
embarcaciones turísticas, el destrozo de los estromatolitos formados por
las algas a causa del inapropiado despliegue de las anclas.
Y para colmo de males, como ya se ha dicho en infinidad de textos (por
nosotros u otros autores), la pesca y captura de cientos de estrellas, erizos,
pepinos de mar, crustáceos, morenas, tortugas marinas, peces de todas las
especies posibles, tiburones, y en fin, todo lo que se mueva bajo la superficie
y pueda ser consumido por el turista, ya sea como plato fuerte en un
restaurante, o como objeto decorativo de recuerdo. Todo para afuera del agua,
entre otras cosas, porque también es importante decir que nuestro pueblo
hambriento estuvo acostumbrado antaño a comer buen pescado y ahora no le
queda otra alternativa que pescar las sobras en un mundo submarino en el que el
gobierno revolucionario se ha impuesto como su único dueño y
cruento explotador.
Referencias
*Caruba, Alan (2001): The green genocide agenda. Saving the earth by
killing humans. The National Anxiety Center. 15 pp.
**Carlos Wotzkow es ornitólogo y autor del libro "Natumaleza
Cubana". Ha escrito decenas de trabajos encaminados a denunciar la
destrucción del medio ambiente en Cuba.
***Esteban Casañas es Primer Oficial de la Academia Naval de Cuba
y ejerció como tal en la Marina Mercante de ese país hasta 1991.
1.- Wotzkow, Carlos (1998): Natumaleza
Cubana. Ediciones Universal, Miami. 294 pp.-- REGRESAR
2.- López, María (2000):
Cuba 20 temas para una agenda verde. American Friends Service Committee. 34 pp.
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Nota: Esta serie de artículos son una respuesta al voluntarismo
ecologista que invade a Cuba por la vía del
American Friends Service Committee, asociación
dirigida desde los Estados Unidos por Richard Erstal que, por motivos
imposibles de explicar, defiende la política ambiental del desgobierno
cubano.
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