OPINIONES
Octubre 23, 2007

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La mirada de la Justicia tiene color imparcial

Miguel Saludes

MIAMI - La certeza de que la justicia tarda pero llega se hizo realidad en la condena decretada en Argentina contra Christian Von Wernich. El ex capellán de la policía provincial de Buenos Aires pasará en prisión los días que le resten de vida, acompañado de su pasado tenebroso. El indigno representante de la Iglesia de Cristo arrastra sobre su conciencia la participación en hechos de secuestro, tortura y asesinato, lo cual demuestra que los hábitos religiosos no implican la santidad de quien los lleva.

En meses recientes Estados Unidos ha sido escenario de varios procesos de reclamaciones contra sacerdotes de la Iglesia Católica por presuntos casos de violación y abusos sexuales cometidos contra niños y adolescentes. En realidad el número de los inculpados no es grande. Es insignificante si se compara con los seguidores de Jesús que todos los días aportan obras de inmensa humanidad desde el más estricto silencio. Sin embargo son las malas acciones individuales, como los crímenes del señor Wernich, las que ensombrecen el buen comportamiento de millones de fieles que integran la institución cristiana.

Los actos por los que fuera declarada la culpabilidad de von Wernich, una reminiscencia hasta en el nombre de los hechos juzgados en Nuremberg, no tienen evasiva y la condena es indudablemente merecida. Por ello la Jerarquía Católica del país sudamericano ha sido criticada ante la tardanza en pronunciarse sobre lo que no puede ser acallado. Tal vez la gravedad de los hechos comprobados en la persona del sacerdote sea la razón que motive el silencio eclesiástico.

Es comprensible que sea difícil para la Iglesia aceptar la verdad de situaciones como esta, en medio del cuestionamiento hostil de un mundo que parece querer prescindir de sus raíces religiosas. Pero los fundamentos de la Fe demuestran que es mucho más consecuente asumir una posición vertical cuando se trata de separar a los lobos disfrazados de pastores que hacen estrago en el rebaño. Contra ellos alertó el profeta Daniel quien puso al descubierto la falsedad de los sacerdotes impuros. Contrasta la actitud de excesiva prudencia con los casos de religiosos censurados, relegados o castigados, por su manera de predicar el Evangelio en los predios donde reina el totalitarismo, con independencia del basamento ideológico con que se identifique el régimen en cuestión.

Precisamente desde uno de estos reinados se brindó especial atención al suceso ocurrido en Buenos Aires. La periodista cubana Aileen Rodríguez, que dio cobertura a la noticia, manifestó sentirse emocionada y esperanzada al escuchar las exclamaciones de júbilo provocadas por el veredicto. La ocasión le inspiró la hechura de un cóctel al gusto de la propaganda oficial del gobierno cubano. Los ingredientes escogidos para su elaboración fueron el propio Von Wernich, la Justicia, Dios y Posada Carriles. La inclusión de Carriles no es de extrañar. Todo evento que posibilite resaltar su figura es aprovechado al máximo por los representantes del régimen en la Isla. El paralelismo establecido con él les rinde muy buenos resultados.

La adición de Dios en el título del artículo de marras es un recurso muy utilizado por quienes quieren culpar a la persona divina de los errores humanos. Es curioso que después de negar durante años la existencia de un ser supremo, los socialistas del siglo XXI recurran a este, lo mismo para hacer creíble sus propósitos de respeto a las libertades que para meterlo en la cazuela donde se cuece la conciencia de un ex capellán argentino.

Y es que Dios no tiene que ver ni con los émulos de Von Wernich, ni con los violadores de niños o de derechos humanos. Aunque su nombre sea utilizado en vano, a veces para reclamarle por su silencio; otras para pedir la intercesión por los asesinos, o simplemente para culparle por nuestras fallas, su verdad termina por abrirse paso. Su justeza, verdaderamente imparcial, no distingue entre razones ideológicas para condenar a unos y disculpar a otros, independientemente de los disfraces religiosos o políticos escogidos para ocultar la naturaleza de quien los lleva.

El elemento Justicia, integrado en el compuesto periodístico, es un indicativo de que la presunción de santidad y el pecado de omisión son fenómenos comunes en el mundo secular. En nombre de la lucha anti imperialista y bajo la justificación de salvaguardar el poder revolucionario, se han cometido muchas injusticias en Cuba. No son pocas las que pueden recibir la categoría de crímenes de lesa humanidad. El hundimiento del remolcador 13 de Marzo, por citar un ejemplo, es un capítulo pendiente en la lista de hechos ocurridos durante estos años. Los causantes de la desaparición de decenas de los que viajaban a bordo de aquella embarcación, entre ellos una veintena de niños, merecen ser llevados ante los tribunales. Su culpa no tiene justificación alguna.

Hablar de una justicia aplicable según los criterios ideológicos, es ignorar la imparcialidad que implica su demanda. Es obviar a los que buscaron la condena de tantas personas en juicios sumarios sin posibilidad de defensa, o los que se prestaron para lograr declaraciones inculpatorias a base de presiones donde no hubo ausencia de golpes y uso de técnicas sofisticadas de tortura. La Justicia es para todos. Es inmoral exigirla para los abusos perpetrados en algunas partes del mundo y obviarla para los que se cometen en terreno propio. Ciertamente no puede haber descanso mientras no se haga sentir su presencia en todos los rincones del orbe, incluyendo nuestra Isla en el Caribe. Allí también habrá regocijo cuando llegue el día en que su reinado sustituya al de la impunidad.

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