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La
mirada de la Justicia tiene color imparcial
Miguel Saludes
MIAMI - La certeza de que la justicia tarda pero
llega se hizo realidad en la condena decretada
en Argentina contra Christian Von Wernich. El
ex capellán de la policía provincial
de Buenos Aires pasará en prisión
los días que le resten de vida, acompañado
de su pasado tenebroso. El indigno representante
de la Iglesia de Cristo arrastra sobre su conciencia
la participación en hechos de secuestro,
tortura y asesinato, lo cual demuestra que los
hábitos religiosos no implican la santidad
de quien los lleva.
En meses recientes Estados Unidos ha sido escenario
de varios procesos de reclamaciones contra sacerdotes
de la Iglesia Católica por presuntos casos
de violación y abusos sexuales cometidos
contra niños y adolescentes. En realidad
el número de los inculpados no es grande.
Es insignificante si se compara con los seguidores
de Jesús que todos los días aportan
obras de inmensa humanidad desde el más
estricto silencio. Sin embargo son las malas acciones
individuales, como los crímenes del señor
Wernich, las que ensombrecen el buen comportamiento
de millones de fieles que integran la institución
cristiana.
Los actos por los que fuera declarada la culpabilidad
de von Wernich, una reminiscencia hasta en el
nombre de los hechos juzgados en Nuremberg, no
tienen evasiva y la condena es indudablemente
merecida. Por ello la Jerarquía Católica
del país sudamericano ha sido criticada
ante la tardanza en pronunciarse sobre lo que
no puede ser acallado. Tal vez la gravedad de
los hechos comprobados en la persona del sacerdote
sea la razón que motive el silencio eclesiástico.
Es comprensible que sea difícil para la
Iglesia aceptar la verdad de situaciones como
esta, en medio del cuestionamiento hostil de un
mundo que parece querer prescindir de sus raíces
religiosas. Pero los fundamentos de la Fe demuestran
que es mucho más consecuente asumir una
posición vertical cuando se trata de separar
a los lobos disfrazados de pastores que hacen
estrago en el rebaño. Contra ellos alertó
el profeta Daniel quien puso al descubierto la
falsedad de los sacerdotes impuros. Contrasta
la actitud de excesiva prudencia con los casos
de religiosos censurados, relegados o castigados,
por su manera de predicar el Evangelio en los
predios donde reina el totalitarismo, con independencia
del basamento ideológico con que se identifique
el régimen en cuestión.
Precisamente desde uno de estos reinados se brindó
especial atención al suceso ocurrido en
Buenos Aires. La periodista cubana Aileen Rodríguez,
que dio cobertura a la noticia, manifestó
sentirse emocionada y esperanzada al escuchar
las exclamaciones de júbilo provocadas
por el veredicto. La ocasión le inspiró
la hechura de un cóctel al gusto de la
propaganda oficial del gobierno cubano. Los ingredientes
escogidos para su elaboración fueron el
propio Von Wernich, la Justicia, Dios y Posada
Carriles. La inclusión de Carriles no es
de extrañar. Todo evento que posibilite
resaltar su figura es aprovechado al máximo
por los representantes del régimen en la
Isla. El paralelismo establecido con él
les rinde muy buenos resultados.
La adición de Dios en el título
del artículo de marras es un recurso muy
utilizado por quienes quieren culpar a la persona
divina de los errores humanos. Es curioso que
después de negar durante años la
existencia de un ser supremo, los socialistas
del siglo XXI recurran a este, lo mismo para hacer
creíble sus propósitos de respeto
a las libertades que para meterlo en la cazuela
donde se cuece la conciencia de un ex capellán
argentino.
Y es que Dios no tiene que ver ni con los émulos
de Von Wernich, ni con los violadores de niños
o de derechos humanos. Aunque su nombre sea utilizado
en vano, a veces para reclamarle por su silencio;
otras para pedir la intercesión por los
asesinos, o simplemente para culparle por nuestras
fallas, su verdad termina por abrirse paso. Su
justeza, verdaderamente imparcial, no distingue
entre razones ideológicas para condenar
a unos y disculpar a otros, independientemente
de los disfraces religiosos o políticos
escogidos para ocultar la naturaleza de quien
los lleva.
El elemento Justicia, integrado en el compuesto
periodístico, es un indicativo de que la
presunción de santidad y el pecado de omisión
son fenómenos comunes en el mundo secular.
En nombre de la lucha anti imperialista y bajo
la justificación de salvaguardar el poder
revolucionario, se han cometido muchas injusticias
en Cuba. No son pocas las que pueden recibir la
categoría de crímenes de lesa humanidad.
El hundimiento del remolcador 13 de Marzo, por
citar un ejemplo, es un capítulo pendiente
en la lista de hechos ocurridos durante estos
años. Los causantes de la desaparición
de decenas de los que viajaban a bordo de aquella
embarcación, entre ellos una veintena de
niños, merecen ser llevados ante los tribunales.
Su culpa no tiene justificación alguna.
Hablar de una justicia aplicable según
los criterios ideológicos, es ignorar la
imparcialidad que implica su demanda. Es obviar
a los que buscaron la condena de tantas personas
en juicios sumarios sin posibilidad de defensa,
o los que se prestaron para lograr declaraciones
inculpatorias a base de presiones donde no hubo
ausencia de golpes y uso de técnicas sofisticadas
de tortura. La Justicia es para todos. Es inmoral
exigirla para los abusos perpetrados en algunas
partes del mundo y obviarla para los que se cometen
en terreno propio. Ciertamente no puede haber
descanso mientras no se haga sentir su presencia
en todos los rincones del orbe, incluyendo nuestra
Isla en el Caribe. Allí también
habrá regocijo cuando llegue el día
en que su reinado sustituya al de la impunidad.
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