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Un
saludo eterno para Rosa
Por Miguel Saludes
Rosa Berre dejó de existir en esta vida.
Aunque ya se conocía del padecimiento mortal,
la noticia me sorprendió. No pensé
que la lucha contra la muerte iba a ser tan breve
en su caso. Tal vez cansada de tanto forcejear
para imponerse a las contingencias impuestas por
los hombres no quiso hacer lo mismo ante el veredicto
de la naturaleza. Auque la resolución de
esta última es ineludible, no dudo que
algún acuerdo hubiera terminado por concederle
la Parca a Rosa para alegría de familiares
y amigos. Pero no fue así.
Además de sus seres queridos que la lloran,
la prensa independiente cubana está de
luto. Ella ha perdido a una de sus más
incondicionales amigas y colaboradoras. Primero
escuché hablar de Rosa Berre a través
de Claudia Márquez y Adrián Leiva.
Luego la realidad del periodismo independiente
me tocó de cerca. La decisión de
hacer lo mismo que quienes fueron encarcelados
por transmitir noticias y expresarse de manera
libre, me colocó de lleno en ese camino.
Cubanet fue la puerta que se abrió para
ayudarme a subsistir tanto material como espiritualmente.
Desde entonces el intercambio con Rosa era esporádico
y bien conciso por medio de Internet. Durante
el tiempo que estuve enviando artículos
y fotos desde La Habana, su voz fue una incógnita.
Unas pocas palabras escritas no me dejaban conocer
mucho sobre mi interlocutora. Cuando sus mensajes
se hacían más extensos era para
transmitir el mensaje de alguien, hacer alguna
crítica o dar el aliento necesario. Nunca
más de un párrafo.
La conocí en el exilio. Mujer sencilla,
delgada y de porte juvenil a pesar de sus años.
Me recibió afablemente en la oficina de
Cubanet cuando apenas llevaba una semana en Miami.
A mis quejas sobre esta nueva situación
que afrontaba en mi vida me respondió con
la historia personal de un camino también
recorrido por ella y que recién yo comenzaba
a andar. Supe que la década de los ochenta
ella formó parte de aquellos artesanos
que vendían sus productos en la plaza de
la catedral habanera. Recordaba como todo terminó
con la operación Pitirre en el Alambre,
operativo policial que puso fin a una de las aperturas
económicas de esos "años felices."
En su exilio le tocó hacer de todo, incluso
trabajar en la jardinería.
No es mucho lo que puedo decir sobre la vida
personal de esta compatriota con nombre de flor.
Solamente me consta su moderación, su franqueza,
el apego a la verdad y la objetividad. Igualmente
su disposición a ayudar a tanta gente que
padece el totalitarismo en la patria común
y a quienes brindó espacio en la página
de Cubanet. El gobierno cubano sabía de
la imparcialidad y el reto que les presentaba
este medio informativo. Después de la jornada
represiva del 2003, su presencia significó
la esperanza de la libertad de expresión
al ser uno de de los pocos que mantuvo con vida
esa llama. No se si exagero al señalar
a Rosa Berre como su artífice. Para los
que velan por el orden del pensamiento en Cuba
sí lo era.
Ahora, cuando parece que la luz comienza a atisbarse
en la oscuridad de este largo camino hacia la
libertad, Rosa se nos va. Para algunos, los incrédulos
y materialistas, este desenlace parecerá
como una maldición cumplida una vez más
en esas personas empeñadas en la lucha
por la democracia de la Isla. Creo que en realidad
ella se nos adelantó hacia una luz mucho
más intensa y abarcadora. La fe nos dice
que la muerte no es el fin total, sino que forma
parte de un proceso- innegablemente doloroso-
de este regalo divino que es la vida. Seguramente
algún designio supremo quiso que Rosa no
estuviera más entre nosotros en esta hora
definitiva. Como para las personas de su talla
la brega nunca termina, puede que en esa nueva
dimensión haya comenzado otra forma de
lucha desde la que continúe aportando a
la causa cubana. Con esa firme convicción
me quiero despedir de ella a la manera en que
solíamos concluir nuestras comunicaciones.
Nada ha sido en vano. La libertad está
cercana. Saludos y abrazos en Rosa.
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