OPINIONES
Octubre 21, 2006

Un saludo eterno para Rosa

Por Miguel Saludes

Rosa Berre dejó de existir en esta vida. Aunque ya se conocía del padecimiento mortal, la noticia me sorprendió. No pensé que la lucha contra la muerte iba a ser tan breve en su caso. Tal vez cansada de tanto forcejear para imponerse a las contingencias impuestas por los hombres no quiso hacer lo mismo ante el veredicto de la naturaleza. Auque la resolución de esta última es ineludible, no dudo que algún acuerdo hubiera terminado por concederle la Parca a Rosa para alegría de familiares y amigos. Pero no fue así.

Además de sus seres queridos que la lloran, la prensa independiente cubana está de luto. Ella ha perdido a una de sus más incondicionales amigas y colaboradoras. Primero escuché hablar de Rosa Berre a través de Claudia Márquez y Adrián Leiva. Luego la realidad del periodismo independiente me tocó de cerca. La decisión de hacer lo mismo que quienes fueron encarcelados por transmitir noticias y expresarse de manera libre, me colocó de lleno en ese camino. Cubanet fue la puerta que se abrió para ayudarme a subsistir tanto material como espiritualmente. Desde entonces el intercambio con Rosa era esporádico y bien conciso por medio de Internet. Durante el tiempo que estuve enviando artículos y fotos desde La Habana, su voz fue una incógnita. Unas pocas palabras escritas no me dejaban conocer mucho sobre mi interlocutora. Cuando sus mensajes se hacían más extensos era para transmitir el mensaje de alguien, hacer alguna crítica o dar el aliento necesario. Nunca más de un párrafo.

La conocí en el exilio. Mujer sencilla, delgada y de porte juvenil a pesar de sus años. Me recibió afablemente en la oficina de Cubanet cuando apenas llevaba una semana en Miami. A mis quejas sobre esta nueva situación que afrontaba en mi vida me respondió con la historia personal de un camino también recorrido por ella y que recién yo comenzaba a andar. Supe que la década de los ochenta ella formó parte de aquellos artesanos que vendían sus productos en la plaza de la catedral habanera. Recordaba como todo terminó con la operación Pitirre en el Alambre, operativo policial que puso fin a una de las aperturas económicas de esos "años felices." En su exilio le tocó hacer de todo, incluso trabajar en la jardinería.

No es mucho lo que puedo decir sobre la vida personal de esta compatriota con nombre de flor. Solamente me consta su moderación, su franqueza, el apego a la verdad y la objetividad. Igualmente su disposición a ayudar a tanta gente que padece el totalitarismo en la patria común y a quienes brindó espacio en la página de Cubanet. El gobierno cubano sabía de la imparcialidad y el reto que les presentaba este medio informativo. Después de la jornada represiva del 2003, su presencia significó la esperanza de la libertad de expresión al ser uno de de los pocos que mantuvo con vida esa llama. No se si exagero al señalar a Rosa Berre como su artífice. Para los que velan por el orden del pensamiento en Cuba sí lo era.

Ahora, cuando parece que la luz comienza a atisbarse en la oscuridad de este largo camino hacia la libertad, Rosa se nos va. Para algunos, los incrédulos y materialistas, este desenlace parecerá como una maldición cumplida una vez más en esas personas empeñadas en la lucha por la democracia de la Isla. Creo que en realidad ella se nos adelantó hacia una luz mucho más intensa y abarcadora. La fe nos dice que la muerte no es el fin total, sino que forma parte de un proceso- innegablemente doloroso- de este regalo divino que es la vida. Seguramente algún designio supremo quiso que Rosa no estuviera más entre nosotros en esta hora definitiva. Como para las personas de su talla la brega nunca termina, puede que en esa nueva dimensión haya comenzado otra forma de lucha desde la que continúe aportando a la causa cubana. Con esa firme convicción me quiero despedir de ella a la manera en que solíamos concluir nuestras comunicaciones. Nada ha sido en vano. La libertad está cercana. Saludos y abrazos en Rosa.

 

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