OPINIONES
Octubre 10, 2007

INICIO

Optar por la espada de la justicia frente a la hoz del totalitarismo

Miguel Saludes

MIAMI - Ser abogado en Cuba y representar a los que son encausados por su oposición al gobierno no es una tarea fácil. Quienes han ejercido la defensa de alguno de estos casos han debido pensarlo más de dos veces antes de aceptar el contrato. Mientras el representante legal de un delincuente común, tal vez un asesino, puede hacer galas de su pericia en el proceso sin levantar las suspicacias de los jueces y fiscales, no ocurre lo mismo cuando en el banquillo se encuentra uno de los defensores de los derechos humanos o un disidente.

Si la actuación del jurista tuvo un airoso desempeño, no obstante que su labor no rindiera los frutos esperados, ello le atraerá la mala voluntad de la policía política que no ve con buenos ojos que esas personas, a las que ellos califican de mercenarios, sean beneficiados por la llamada justicia revolucionaria y menos si ese beneficio se recibe con dignidad. No son pocos los abogados que después de ser incluidos en el círculo de sospechosos por su comportamiento ante el tribunal, terminaron en las filas de la oposición.

Durante los procesos del 2003, varios de los encausados se negaron a contratar los servicios de la defensa. Además de los gastos que esa gestión implicaba (tomando en cuenta la situación específica de Cuba) ellos no querían darle visos de legalidad a aquella caricatura de juicios. Sabían que poco podrían obtener los encargados de su defensa. No obstante varios familiares decidieron acudir a los bufetes colectivos para demostrar la falta de garantías e irregularidades de aquellos sumarios. No obstante algunos de los representantes legales se destacaron con brillo. Tales fueron los de Regis Iglesias y Antonio Rodríguez. Según testigos que estuvieron presentes en la sala, el abogado de Antonio se enfrascó en una discusión sobre la legalidad del proyecto Varela, uno de los elementos que se presentaban en contra de su defendido. Cuentan que el pasillo aledaño al local donde sesionaba el tribunal tuvo que ser desalojado ante la cantidad de personas que escuchaban con atención al encargado de la defensa. Si no todos estuvieron al mismo nivel de actuación, el gesto de pocos valió por los que no se comportaron igual.

Cuando se escriba la historia de la abogacía en Cuba durante los años del castrismo, puede que muchos nombres queden relegados al olvido. Solo algunos, aquellos que tuvieron parte en los casos más notorios de esta larga pesadilla, aparecerán en las memorias escritas. Pero sería bueno tener presente que el número de los honestos ha sido mayor. Ana María, fue la representante legal de una querella contra la Empresa Nacional de Astilleros donde se aplicó una sanción de expulsión basada en la violación de la moral socialista. Grande fue la frustración de aquella mujer, secretaria del núcleo del Partido Comunista del bufete colectivo donde laboraba. Tanto que lloró de impotencia. Sus lágrimas, además de ser causadas por la falta de respeto de un juez sin ética y los ridículos testimonios aportados por los grotescos testigos de la parte demandada, tenían el lustre de la honradez.

No menos destacada fue la posición de Roberto, abogado de la empresa demandada, al negarse a acudir en varias ocasiones a las citas del juzgado por considerar injusta la medida aplicada contra el trabajador. Su excusa era que no existían fundamentos para explicar lo indefendible. Poco tiempo después tuvo que abandonar su puesto de trabajo y aceptar uno de menor categoría donde ha permanecido durante años. Allí ha desarrollado sus habilidades como escritor.

Falsas acusaciones, abuso de la autoridad, confesiones arrancadas bajo presión, juicios de carácter sumarísimo, condenas dictadas por la llamada convicción moral de los hechos. Son barbarismos comunes con los que han tenido que lidiar los abogados cubanos. Profesionales como Amelia, Ana María, Pablo, René, Roberto y muchos más, han prestigiado con su actuación el cometido que escogieron para sus vidas. Estas actitudes pudieran parecer infructuosas ante el imperio del poder ilimitado. El reconocimiento internacional conferido a René Suárez Manzano a través del premio Ludovic Trarieux indica que esto no es así.

Igualmente resulta esperanzadora la voz de la joven Laritza Diversent Cambara, estudiante de Derecho. No es casual que las alarmas se hayan disparado ante la fuerza de sus escritos publicados en Cubanet. Los veladores del sistema totalitario decidieron detener a Laritza. Debe haber sido duro para esta muchacha y su familia enfrentar los embates de la policía política. Ella afronta el peligro de que le invaliden la culminación de sus estudios universitarios. Lo único que no podrán quitarle es su vocación por la justicia. Lo demostró con un nuevo artículo de su autoría.

El compromiso con la justicia es la cualidad que debe distinguir a quien opta por el ejercicio de la abogacía. En estos oscuros años de dictadura no han sido muchos los que se han atrevido a hacerlo, pero resulta suficiente el ejemplo de los que asumieron el reto. La Cuba democrática que se avizora necesita de verdaderos protectores del derecho y la ley. Algunos ya están formados. Otros, como Laritza Diversent, están en camino. Es bueno saber que desde ahora contamos con ellos.

IMPRIMIR

 



PRENSAS
Independiente
Internacional
Gubernamental
IDIOMAS
Inglés
Francés
Español
SOCIEDAD CIVIL
Cooperativas Agrícolas
Movimiento Sindical
Bibliotecas
DEL LECTOR
Cartas
Opinión
BUSQUEDAS
Archivos
Documentos
Enlaces
CULTURA
Artes Plásticas
El Niño del Pífano
Octavillas sobre La Habana
Fotos de Cuba
CUBANET
Semanario
Quiénes Somos
Informe Anual
Correo Eléctronico

DONACIONES

In Association with Amazon.com
Busque:

Palabras claves:

CUBANET
145 Madeira Ave, Suite 207
Coral Gables, FL 33134
(305) 774-1887

CONTACTOS
Periodistas
Editores
Webmaster