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Cubano
de Cuba y valga la redundancia
Miguel Saludes
MIAMI - El golpe militar de 1973 dejó
profundas huellas en la sociedad chilena. Una
de ellas fue la salida de miles de personas hacia
un exilio cuya temporalidad se hizo relativamente
larga. Numerosos países les recibieron.
Suecia, Alemania, Estados Unidos y Cuba fueron
algunos entre tantos. Por todos viajó el
charango y Quilapayún. Con ellos salieron
en sus canciones Víctor Jara y Violeta
Parra. La cueca se extendió a escala internacional
antes de ser decretada baile nacional. Al paso
de los años, aún bajo la sombra
del dictador en el poder, muchos decidieron retornar.
Otros prefirieron radicarse en las tierras que
les albergaron. El término chilenos de
Estocolmo, de Berlín o de Madrid nunca
les fue aplicado. Algo diferente a lo que ocurre
con los cubanos que por diferentes vías,
aunque por la misma causa, han tenido que emigrar
de la Isla.
Los defensores del régimen que impera
en Cuba aplican una diferenciación a los
que abandonan la Isla, marcándolos con
el signo de no pertenencia. Esto ocurre sobre
todo si los isleños residen en Miami. Cubanos
de Miami, es como suelen llamarles el gobierno
castrista y sus aliados en el resto del mundo.
El pasado 24 de septiembre ese fue el término utilizado en la página Crónica Digital
chilena para comentar el escrito de un exiliado
cubano en la ciudad floridana.
En Cuba, como en otras partes del mundo donde
la libertad es reprimida, existen hombres y mujeres
comprometidos con la causa democrática.
No importa cual sea su orientación social
y política. Todos merecen el mismo respeto.
No se entiende la posición parcializada
que asumen algunos, que por una parte manifiestan
tener probado compromiso democrático mientras
por otra ignoran, estigmatizan y etiquetan a los
que sufren una situación similar a la que
ellos pasaron.
Muchos cubanos, que en otras coyunturas se enfrentaron
con las armas al castrismo, hoy buscan la vía
pacífica para lograr una transición
hacia la democracia en su país. Los que
optaron por ese camino contra la dictadura militar
en Chile no tenían diferente propósito
que aquellos que vieron una Revolución,
auténticamente democrática, convertida
en el emporio unipersonal de un gobernante. En
la nación andina hubo torturados y desaparecidos.
No se trata de ocultar esa realidad. Como no se
puede obviar que en Cuba existieron fusilados
y torturados. Las torturas han sido de una categoría
más científica, pero tortura en
fin. Allí siguen existiendo ciudadanos
encarcelados por ejercer sus derechos cívicos.
El número de los que padecen el veto oficial
por no comulgar con los edictos del sistema, es
aún mayor. El exilio ha sido el calvario
destinado a los condenados al ostracismo y al
silencio.
Estos cubanos de Miami, de Madrid y de tantas
partes, han salido de su país casi en condición
de desterrados. Sin trabajo, familiares enfermos
de los nervios ante el acoso constante, los hijos
sin futuro y la omnipresencia de la policía
política, conviven con la posibilidad de
la cárcel pisándole de cerca. Los
que han salido de Cuba como refugiados políticos
se han expresado de manera abierta en su tierra.
No les importó atraer sobre ellos las iras
del poder, el aislamiento, incomprensión
y rechazo oportunista Por eso no puede haber comparación
con el caso de los que asisten a un evento con
la venia gubernamental y deciden asilarse pretextando
persecución política. Eso fue lo
que ocurrió durante el encuentro con Juan
Pablo II en Canadá. Los participantes cubanos
en aquel evento contaban con la confianza de la
Institución que los convocó y con
la venia de las autoridades que les permitieron
salir. Ningún joven católico disidente,
ni siquiera hijo de opositores comprometidos con
la fe cristiana, pudo nunca salir a estas actividades.
La tergiversación sobre el Proyecto Varela
aparecida en la página antes referida se
apoya en una sola vertiente: comentarios de ex
diplomáticos de la Oficina de Intereses
de Estados Unidos en La Habana reseñados
en un periódico de La Florida. Utilizar
esa opinión publicada en Miami Herald,
solo porque conviene, puede calificarse de acto
manipulador y falaz. Para clarificar la honestidad
de la intención queda acudir ante los propios
gestores del proyecto ciudadano, que se basaron
en la Constitución vigente en Cuba, que
fuera violentada por el propio gobierno. Transmitan
las versiones de Regis Iglesias, Antonio Díaz,
José Daniel y Luis Enrique Ferrer. También
publiquen las opiniones de Omar Rodríguez
Saludes, Pedro Pablo Álvarez o José
Miguel Martínez, por citar algunos. Ellos
forman parte de un grupo que cumple entre 13 y
28 años de prisión por defender
esa libertad que con todo derecho hoy disfrutan
los demócratas de Chile.
El equipo de Crónica Digital pone su atención
sobre un artículo dedicado al ex presidente
Ronald Regan, que puede ser comprensible si se
analizan los detalles. Pudiera resultar menos
entendible la admiración que expresan algunos
por personajes como José Stalin, Mao Tse
Tung o Kim Il Sung. También se quejan de
alguna medalla entregada a Pinochet. Distinciones
se dieron muchas en tiempos de la Guerra Fría.
Tal vez el dictador Mengistu Haile Mariam, responsable
de miles de muerte en Etiopía, haya llevado
consigo la Orden José Martí que
le impuso el Consejo de Estado de Cuba. La historia
no puede ser cambiada. Nos toca convivir con las
complejas páginas del siglo pasado. Sólo
que para leerlas hay que descongelar el contenido.
Los que desembarcaron en Bahía de Cochinos,
la mayoría luchadores anti batistianos,
siguen siendo llamados mercenarios. El cuestionable
apoyo que les dio Estados Unidos es la razón.
En cambio los que recibieron amplia cobertura
en países del Este europeo, armas, dinero
y entrenamiento para inferir en otros territorios,
continúan vistiendo el ropaje de internacionalistas.
Son las reflexiones de un Cubano de Cuba que
debido a las circunstancias ahora vive en Miami,
junto a muchos otros. Diminuta partícula
integrada a una diáspora que se extiende
por todo el mundo y que a pesar de ello sigue
estando compuesta, sin exclusiones ni excepciones,
por cubanos de Cuba.
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