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Crear
una, dos… tres… Plazas de la Revolución
Miguel Saludes
La vieja catedral en pie
como un milagro,
Ya no sirve de fondo para los noticieros:
Nadie lanza consignas, nadie eleva banderas.
Digo revolución y me respondes:
No fue más que un destello,
Una noche de fuego, tantos años de humo.
(Managua, Plaza
de la Revolución. Daniel Rodríguez
Moya.)
MIAMI - Han transcurrido casi sesenta años
desde la captura y muerte de Ernesto Guevara en
Bolivia. Los proyectos que propulsó no
se concretaron en ningún rincón
de América. Al menos por la vía
violenta. El sueño irrealizado del guerrillero
argentino de levantar varios frentes de lucha
contra Estados Unidos quedó congelado en
su conocido reclamo para fomentar múltiples
Vietnam en el continente.
Paradójicamente la democracia ha sido
el medio por el que han llegado al poder algunos
gobiernos con clara proyección autoritaria
enmascarada de anti norteamericanismo y evidente
inclinación al modelo castrista. Desde
las sillas presidenciales los abanderados del
socialismo del siglo XXI buscan imitar y "perfeccionar"
el sistema de sus mentores de La Habana.
Recientemente Evo Morales manifestó su
intención de solicitar la colaboración
del régimen cubano para trasplantar a su
país un capítulo importante del
experimento caribeño. El presidente de
Bolivia quiere tener su Plaza de la Revolución.
Morales dijo en un acto público celebrado
en Cochabamba que pedirá asesoramiento
a Cuba para construir en su país una instalación
similar a la que existe en la capital de la Isla.
En ella piensa reunir, según sus palabras,
a millones y millones para que le escuchen y así
garantizar el proceso de cambio en el país
andino. No dijo dialogar sino escuchar, lo cual
indica la calidad del objeto de su petición.
Los que proyectaron la Plaza Cívica José
Martí, nombre original de la obra arquitectónica
que enamoró al presidente boliviano, tenían
una perspectiva muy diferente sobre el fin de
su trabajo. Rodeada de Ministerios la ancha avenida
situada frente al mausoleo martiano, estaba destinada
a ser centro de referencia de la vida política,
cultural y comercial del país. En sus proximidades
se planificaba la construcción de la basílica
de los padres Capuchinos, llamada a ser una de
las mayores iglesias de Cuba, en un área
cercana a la Terminal de ómnibus. Desde
1959 el destino de la explanada quedó reducido
al aspecto político, pasando a convertirse
en el altar mayor de la doctrina totalitaria preconizada
por Fidel Castro. Réplicas de la plaza
capitalina fueron construidas en el resto de las
provincias. Muy pocas han visto desarrollar en
sus predios actividades excepcionales. Las más
descollantes han sido las Misas de Juan Pablo
II, algún concierto de artistas (en apoyo
a la Revolución) o las ventas de cebollas
y ajos provenientes de las cooperativas estatales.
Pero lo que importa a los simpatizantes y admiradores
del castrismo no es la obra en sí, sino
lo que ella representa o les puede aportar. Los
invitados a los distintos actos revolucionarios
quedaron seducidos con esos millones de ciudadanos
desfilando frente a las figuras del gobierno,
coreando consignas y aplaudiendo hasta el delirio
las palabras del Comandante. Estas manifestaciones
de adhesión (real o simulada) cayeron en
el espíritu fértil de muchos de
estos asistentes foráneos.
Son las imágenes que pesan en los deseos
del líder cocalero en su sueño de
lograr un símil del arquetipo cubano en
todos sus detalles. No tiene en cuenta el costo
de la obra ni la falta de carisma personal, necesario
para subyugar a las masas a fuerza de discursos
y demagogia. Esos atributos, muy bien explotados
por Castro y de manera caricaturesca por su homólogo
venezolano, son útiles para sacar buen
partido a estos magnos escenarios.
Pero el ansia de sentirse en plenitud del mando
ciega a los hombres que gustan del poder ilimitado.
Hitler y Mussolini vieron colmadas sus aspiraciones
de dioses en las amplias plazas de Berlín
y Roma. Los gobernantes soviéticos gozaron
de la colosal Plaza Roja. Mao dispuso de Tianamen.
También algunos tiranos han visto caer
su estrella en estos espacios, como le ocurrió
a Nicolae Ceacescu en la de Bucarest.
Por el momento la consigna lanzada por Guevara
parece revivir en la creación de estas
catedrales del populismo. Mientras Evo Morales
pide ayuda para erigir una, en Managua se habla
de reconstruir la que allí existe. La edificación
de una, dos, tres o varias plazas de la revolución,
incluye bosquejos de trincheras. Añoranzas
de una izquierda de línea dura empeñada
en regresar a los campos de batalla aludidos por
el guerrillero internacionalista. Pero sin dudas
su finalidad será concentrar nuevos ejércitos
de engañados, a los que irá dirigida
la verborrea disparada por gobernantes con vocación
dictatorial.
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