OPINIONES
Octubre 2, 2007

Crear una, dos… tres… Plazas de la Revolución

Miguel Saludes

La vieja catedral en pie como un milagro,
Ya no sirve de fondo para los noticieros:
Nadie lanza consignas, nadie eleva banderas.
Digo revolución y me respondes:
No fue más que un destello,
Una noche de fuego, tantos años de humo.
(Managua, Plaza de la Revolución. Daniel Rodríguez Moya.)

MIAMI - Han transcurrido casi sesenta años desde la captura y muerte de Ernesto Guevara en Bolivia. Los proyectos que propulsó no se concretaron en ningún rincón de América. Al menos por la vía violenta. El sueño irrealizado del guerrillero argentino de levantar varios frentes de lucha contra Estados Unidos quedó congelado en su conocido reclamo para fomentar múltiples Vietnam en el continente.

Paradójicamente la democracia ha sido el medio por el que han llegado al poder algunos gobiernos con clara proyección autoritaria enmascarada de anti norteamericanismo y evidente inclinación al modelo castrista. Desde las sillas presidenciales los abanderados del socialismo del siglo XXI buscan imitar y "perfeccionar" el sistema de sus mentores de La Habana.

Recientemente Evo Morales manifestó su intención de solicitar la colaboración del régimen cubano para trasplantar a su país un capítulo importante del experimento caribeño. El presidente de Bolivia quiere tener su Plaza de la Revolución. Morales dijo en un acto público celebrado en Cochabamba que pedirá asesoramiento a Cuba para construir en su país una instalación similar a la que existe en la capital de la Isla. En ella piensa reunir, según sus palabras, a millones y millones para que le escuchen y así garantizar el proceso de cambio en el país andino. No dijo dialogar sino escuchar, lo cual indica la calidad del objeto de su petición.

Los que proyectaron la Plaza Cívica José Martí, nombre original de la obra arquitectónica que enamoró al presidente boliviano, tenían una perspectiva muy diferente sobre el fin de su trabajo. Rodeada de Ministerios la ancha avenida situada frente al mausoleo martiano, estaba destinada a ser centro de referencia de la vida política, cultural y comercial del país. En sus proximidades se planificaba la construcción de la basílica de los padres Capuchinos, llamada a ser una de las mayores iglesias de Cuba, en un área cercana a la Terminal de ómnibus. Desde 1959 el destino de la explanada quedó reducido al aspecto político, pasando a convertirse en el altar mayor de la doctrina totalitaria preconizada por Fidel Castro. Réplicas de la plaza capitalina fueron construidas en el resto de las provincias. Muy pocas han visto desarrollar en sus predios actividades excepcionales. Las más descollantes han sido las Misas de Juan Pablo II, algún concierto de artistas (en apoyo a la Revolución) o las ventas de cebollas y ajos provenientes de las cooperativas estatales.

Pero lo que importa a los simpatizantes y admiradores del castrismo no es la obra en sí, sino lo que ella representa o les puede aportar. Los invitados a los distintos actos revolucionarios quedaron seducidos con esos millones de ciudadanos desfilando frente a las figuras del gobierno, coreando consignas y aplaudiendo hasta el delirio las palabras del Comandante. Estas manifestaciones de adhesión (real o simulada) cayeron en el espíritu fértil de muchos de estos asistentes foráneos.

Son las imágenes que pesan en los deseos del líder cocalero en su sueño de lograr un símil del arquetipo cubano en todos sus detalles. No tiene en cuenta el costo de la obra ni la falta de carisma personal, necesario para subyugar a las masas a fuerza de discursos y demagogia. Esos atributos, muy bien explotados por Castro y de manera caricaturesca por su homólogo venezolano, son útiles para sacar buen partido a estos magnos escenarios.

Pero el ansia de sentirse en plenitud del mando ciega a los hombres que gustan del poder ilimitado. Hitler y Mussolini vieron colmadas sus aspiraciones de dioses en las amplias plazas de Berlín y Roma. Los gobernantes soviéticos gozaron de la colosal Plaza Roja. Mao dispuso de Tianamen. También algunos tiranos han visto caer su estrella en estos espacios, como le ocurrió a Nicolae Ceacescu en la de Bucarest.

Por el momento la consigna lanzada por Guevara parece revivir en la creación de estas catedrales del populismo. Mientras Evo Morales pide ayuda para erigir una, en Managua se habla de reconstruir la que allí existe. La edificación de una, dos, tres o varias plazas de la revolución, incluye bosquejos de trincheras. Añoranzas de una izquierda de línea dura empeñada en regresar a los campos de batalla aludidos por el guerrillero internacionalista. Pero sin dudas su finalidad será concentrar nuevos ejércitos de engañados, a los que irá dirigida la verborrea disparada por gobernantes con vocación dictatorial.

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