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Las
dudosas prioridades de la cooperación española
con Cuba
Miguel Saludes
Las declaraciones emitidas por Leire Pajín,
secretaria de Estado Español para la Cooperación
Internacional, constituyen un nuevo paso errático
en las andanzas del actual gobierno español
para acercarse a La Habana. La administración
socialista sigue demostrado muy poco aprecio hacia
los hombres y mujeres que luchan por la causa
democratizadora en la Isla. La postura de desconocimiento
en esta ocasión se hace tan evidente que
ha provocado la reacción del reconocido
disidente Oswaldo Payá, líder del
Movimiento Cristiano Liberación, quien
criticó las afirmaciones llegadas de Madrid.
La señora Leire Pajín asegura que
la cooperación con Cuba no estará
supeditada a avances en derechos humanos hechos
por el régimen castrista. Para suavizar
la crudeza de su aseveración la funcionaria
argumentó que el objetivo de la acción
de su gobierno es llegar a todos los "cubanos"
y expresarles la solidaridad del pueblo español
de manera directa.
Inversiones en hoteles, industrias, comercio
y gran cantidad de viajeros en sentido unidireccional,
como en los tiempos de la conquista, ocupan realmente
el interés de la administración
de Zapatero. A ello se une la simpatía
para la vieja dictadura que pretende perdurar
en la Mayor de las Antillas. La solidaridad económica
más bien ha servido para fortalecer a los
que mandan, mientras que para los que sufren el
peso del poder totalitario solo quedan palabras
y gestos ambiguos de apoyo. No por gusto Payá
declara que ese comportamiento es un cheque en
blanco para que las violaciones en la Isla sigan
su curso, aunque con otros ribetes.
Lejos de crear lazos de amistad entre los pueblos
de Cuba y España, esa actitud ha contribuido
a imprimir una huella de resentimiento que aflora
en el lenguaje de esa población a la que
pretende defender la señora Pajín.
Desde que la antigua metrópoli se echó
sobre sus hombros la enorme tarea de sostener
con sus inversiones a la dictadura castrista,
los cubanos vuelcan su humor sobre los bienhechores
peninsulares. Pepe, apodo que aplican los cubanos
a los visitantes españoles, contiene un
sentimiento que puede traducir jocosidad o repulsa.
La palabra jinetera, aplicada a las mujeres que
se prostituyen al extranjero, es una evocación
a los tiempos de la lucha independentista. La
película de Elpidio Valdés ubicada
en el momento de la entrada de Estados Unidos
en la gesta de 1895, fue mal acogida por los cubanos.
La alianza entre el héroe mambí
y los soldados colonialistas contra los interventores
yanquis recibió muchas críticas
del público. El filme no es de los que
se repone con frecuencia en las pantallas de televisión.
Afortunadamente existen vínculos más
profundos entre cubanos y españoles. El
mayor es el lazo de amor e identidad cultural
que existe entre ambos pueblos, que pasa por encima
de distinciones, incluidas las ideológicas.
El aferramiento a viejas añoranzas, el
lamento por la pérdida de la más
bella joya de la Corona o el destaque sentimental
de las raíces que entroncan el apellido
Castro con la península europea, en nada
ayudan al mayor acercamiento. De la llamada Tierra
Madre no solo provienen los ancestros de destacados
personajes gubernamentales. A ella están
ligados también centenares de encarcelados,
disidentes, fusilados y millones de emigrantes.
Todos en conjunto conforman la nación cubana
que merece la atención solidaria del mundo,
y en particular de España.
La mejor contribución del actual gobierno
socialista estaría en demandar con voz
autorizada, desde la fuerza moral de quien vive
en democracia, los postulados de una izquierda
que dice apostar por la defensa de los derechos
humanos reconocidos universalmente. Con actitudes
como las asumidas recientemente por Miguel Ángel
Moratinos y los mensajes negativos emitidos por
la solidaria Señora Pajín, no se
acortarán las penas de la sociedad antillana,
ni habrá un número menor de sus
hijos poblando cárceles o exilios.
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