OPINIONES
Septiembre 17, 2007

Guerrilleros de la cibernética

Por Miguel Saludes

La nota que enviara Pablo a un periódico oficial de Cuba, manifestando sus dudas sobre la libertad de expresión existente bajo el castrismo, tuvo una rápida respuesta. Una mañana al abrir su correo electrónico Pablo encontró un mensaje, firmado por Héctor Rodríguez, proveniente de la Universidad de Ciencias Informáticas de Cuba. El contenido era virulento y lleno de insultos. Las palabras del fogoso defensor del sistema resaltaban en la pantalla como balas mortales disparadas desde un teclado, donde quizás se hacen operaciones para bloquear páginas conflictivas, lanzar virus o dar vida a la propaganda del sistema totalitario imperante en la Isla.

Para Héctor el destinatario de su correo no es más que una marioneta manejada por el imperialismo. Aunque afirma que Pablo no merece el tiempo que le prestó, se extiende en una amplia carta donde proclama los beneficios revolucionarios que disfrutan once millones de felices compatriotas. Según su criterio el destinatario de la respuesta no puede ser cubano, ya que desconoce la “hermosura” de ese gobierno que rige desde hace más de cuatro décadas los destinos del país caribeño. Definitivamente Pablo debe ser uno de esos burgueses que a fuerza de propaganda, se ha creado una falsa imagen de las bondades del socialismo, al cual sataniza seguramente por dinero. Y no puede ser por otra cosa pues las opiniones contrarias a los postulados socialistas solo pueden tener motivaciones mercenarias.

Según Héctor en Cuba no existe dictadura. La política del país no está sustentada en un hombre. Los patriotas son aquellos que siguen al Comandante. El patriotismo es una categoría que debe ganarse desde la fidelidad al gobierno. Reconoce la existencia de un partido único, pero donde nadie es obligado a militar en su seno. Tampoco puede hacerlo en otro. Los que actúan como Pablo no son hombres libres. Tienen un dueño que les dicta las ideas. Por eso merecen su compasión. Y el cibernauta revolucionario apela a su condescendencia para invitar a Pablo a visitar Cuba. Así se convencerá de sus errores. Tal vez entonces hasta puedan ser amigos

Pero Héctor realmente no conoce a mi amigo Pablo, quien se fue de Cuba en 1990. Había sido por mucho tiempo miembro del Partido Comunista y era un excelente técnico. No tenía necesidades económicas que le hicieran tomar aquella decisión drástica. Su profesión y el hecho de estar casado con una ciudadana extranjera le permitían gozar de un cierto desahogo, aún dentro del llamado Periodo Especial. Prefirió dejarlo todo cuando supo que uno de sus hijos planificaba irse de manera ilegal. Dejó casa confortable, familia entrañable, buenos amigos y lo más importante: su tierra. Hoy no se arrepiente de aquella determinación y pondera lo que alcanzó en su condición de emigrado: la libertad que le faltó en su patria. Es algo que no puede entenderse cuando se vive a la sombra de una dictadura paternalista que pretende vernos como piezas de su mecanismo. Por eso estos guerrilleros de las computadoras no pueden comprender que personas como Pablo tengan enfoques diferentes sobre el significado de libertad o dictadura, y para colmo sigan siendo cubanos.

El impulso dado en Cuba a los estudios de informática a nivel universitario se fundamenta en razones como las evidenciadas en este caso. Ellas van más allá de la importancia que adquiere en el mundo de hoy las comunicaciones y la información. No por gusto el dictador ha estado pendiente a cada detalle desde que se fundó el centro en marzo del 2002. Tampoco es casual que este proyecto haya surgido al calor de la llamada Batalla de Ideas o que los estudiantes de dicha carrera sean llamados Tropa de Futuro. Recientemente Carlos Valenciaga resaltó la preocupación del régimen ante el desarrollo de la informática en el vecino del Norte y su aplicación en el campo militar. Tras el pretexto de una hipotética agresión se oculta un trasfondo más realista y esencial que es mantener el control de la información. Algo vital para quien pretende mantenerse en el poder a toda costa.

Durante el acto de graduación de la horneada más reciente salida de la Universidad de Ciencias Cibernéticas, Valenciaga aseveró que el Comandante en persona asignó los puestos que los egresados ocuparán en organismos y ministerios. Resulta llamativa la reserva de 200 de los graduados para enfrentar lo que se ha definido como “tareas priorizadas” de la Revolución. Una idea de estas misiones especiales puede ser la que enfrentó mi amigo Pablo de parte de uno de esos que él llama jocosamente guerrilleros de la cibernética.

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