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La
presidencia alineada de los No Alineados
Miguel Saludes
"Septiembre será un 'inning' decisivo
para Cuba". Con esta frase el periodista
Francisco Rodríguez, del diario cubano
Trabajadores, indica la importancia que tiene
para el país caribeño asumir nuevamente
la presidencia de los Países No Alineados.
Con esa ambientación beisbolera, mientras
el mundo recordaba el quinto aniversario del ataque
terrorista del 11 de septiembre, en La Habana
quedaban descorridas las cortinas de la XIV Cumbre
esta organización compuesta por más
de cien naciones del Tercer Mundo.
Muchos años y acontecimientos han pasado
desde aquella histórica conferencia organizada
en Bandung donde la intención de los líderes
Nehru, Nasser y Sukarno era crear un frente que
favoreciera la cooperación económica
y cultural entre los países afroasiáticos,
opuesto a su vez al colonialismo y a las políticas
imperialistas imputadas por igual a Estados Unidos
y a la Unión Soviética. El propósito
no era desacertado, y la Yugoslavia de Tito recogió
el reto de acoger la primera reunión celebrada
en Belgrado durante 1961.
Quizás el fruto de este esfuerzo ha quedado
muy por debajo de lo esperado. La idea de mantenerse
fuera de la órbita de las grandes potencias
se frustró en gran medida, pues la mayoría
de los países componentes de los No Alineados
estuvieron envueltos de una manera u otra en los
conflictos de la Guerra Fría, tomando partido
en algunos de los bloques enfrentados. Por otro
lado, la pobreza, el subdesarrollo y la falta
de libertades siguen constituyendo un verdadero
flagelo en muchos de los integrantes de la agrupación.
Las causas de esa situación hay que buscarla
en los diversas pugnas intestinas surgidas entre
varios de los países miembros, algunas
de graves consecuencias para la unidad del movimiento,
así como en la proliferación de
sistemas dictatoriales, la corrupción desaforada
en medio de la más absoluta falta de democracia
y los compromisos asumidos con aquellos intereses
que esos gobernantes dicen combatir.
Uno de los momentos más álgidos
en la celebración de estas cumbres ocurrió
precisamente durante la presidencia cubana de
1979 a 1983. La intervención soviética
en los asuntos internos de Afganistán y
la posterior invasión del Ejército
Rojo contó con el apoyo total de Cuba,
cuyo gobierno no sólo se dedicó
a justificar el hecho, sino que se colocó
al lado de los agresores. La parcialidad de la
política cubana puso en entredicho esta
supuesta no alineación al pretender colocar
a la agrupación que dirigía bajo
la égida moscovita.
Aquel acontecimiento, unido al pobre resultado
obtenido por los No Alineados en la solución
de situaciones tan complejas como la agresión
de Irak a Kuwait, la terquedad del dictador Sadan
Hussein respecto a la labor de los inspectores
de la ONU, la explosiva guerra fraticida de Somalia
que provocó una terrible hambruna, entre
muchas otras problemáticas de la familia
tercermundista, puso en tela de juicio la efectividad
de la organización.
Con la desaparición de la URSS y el Pacto
de Varsovia, quedó eliminada una de las
razones que daba vida a la política de
no alineamiento. Desde entonces el mundo cambió
drásticamente, poniéndose en boga
los conceptos de globalización y unipolaridad.
Esta coyuntura política enmarcada por una
escalada universal del azote terrorista es la
que enmarca el retorno de la presidencia de los
NOAL a los predios de la capital cubana. La agenda
pone todo su interés en la confirmación
del protagonismo de una organización que
pretende representar los intereses de un núcleo
importante de la humanidad frente a los de Norteamérica
y el resto de los países desarrollados.
Según expresó la representación
de Malasia, país saliente de la presidencia,
ellos cuentan conque la nueva dirección
siga garantizando que la voz de los NOAL se escuche
en los foros mundiales, y que logre centrar la
atención de las grandes potencias y los
organismos internacionales sobre aquellos temas
que afectan al Movimiento.
Por su parte, los Jefes de Estado de las naciones
que componen el grupo proclamaron el apego a los
principios que dieron origen a este concepto estratégico,
poniendo énfasis en el fomento del respeto,
disfrute y protección de todos los derechos
humanos y libertades fundamentales, a las que
reconocen como universales, inalienables, indivisibles,
interdependientes e interrelacionados. De la misma
manera, aparece reflejada su preocupación
por la defensa de la paz, el arreglo por medios
pacíficos de las controversias o situaciones
susceptibles de quebrantar la tranquilidad mundial,
el rechazo al uso de las armas nucleares y los
actos de amenaza y agresión provenientes
de un país o grupo de países. Así
mismo se proponen continuar luchando por el logro
del desarme nuclear, el desarme general bajo un
estricto control internacional y el diseño
de una seguridad nacional que no se sustente en
la promoción y el desarrollo de alianzas
militares o en la guerra preventiva. Igualmente
señalan su anhelo de promover la democratización
del seno de la ONU.
Muchas interrogantes quedan abiertas ante propuestas
tan loables. Una de ellas podría sustentarse
en el hecho de que en la membresía ocupen
sitio numerosos gobiernos violadores de los más
elementales derechos humanos. Myanmar, Bielorrusia,
Zimbabwe, Arabia Saudita, Sudán, Paquistán
y la nación que les preside en esta nueva
jornada son un ejemplo de ello. Otros que atentan
contra la credibilidad del grupo son los que apadrinan
al terrorismo en sus propios territorios y los
promotores de programas nucleares con fines militares.
Ejemplos de esto último lo son Siria, Corea
del Norte, e Irán.
¿Cuál será la respuesta
de la XIV Cumbre a estas eventualidades? Lo anunciado
hasta el momento no dice nada extraordinario.
Ya aparecen las declaraciones donde se subraya
el derecho inalienable de cada Estado a determinar
libremente su sistema político, social,
económico y cultural, sin injerencia de
ninguna otra nación. Es el mismo concepto
enarbolado por los que mantienen a sangre y fuego
las riendas del poder totalitario sobre sus pueblos.
Es la tesis presentada hasta el aburrimiento por
la cancillería cubana en los distintos
foros donde le han pedido que cumpla con lo establecido
en la Carta Universal de los Derechos Humanos.
Dirigir a esa enorme y desacoplada orquesta que
conforma el Movimiento de Países no Alineados
realmente no es un empeño envidiable. Pero
para los que gobiernan Cuba el retome de la batuta
es de suma importancia. Una vez más tratarán
de imponer su sello personal a la agrupación
en momentos donde no alineación significa
ponerse en la carrilera opuesta a Estados Unidos.
También el marco servirá para darle
nuevas energías a los desgastados tópicos
del bloqueo económico impuesto por Estados
Unidos a la Isla, el caso de los Cinco y el desempolvado
de los archivos para revelar la injusta guerra
e impensables actos terroristas fraguados en el
Norte. Y es que el retome de la presidencia de
los No Alineados ha sido como una última
oportunidad para que se levante la decaída
voz del castrismo en su irreconciliable pugna
anti norteamericana que tantos dividendos le ha
rendido. Tal vez por ello la fecha del 11 de septiembre
fuera ideal para iniciar el evento donde el gobierno
cubano estará jugando la entrada decisiva
de un partido que parece estar en sus finales.
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