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La
muerte de alguien y la tragedia de un pueblo
Miguel Saludes
La noticia se propagó como fuego en bosque
reseco. El dictador, presidente o líder
de la Revolución cubana, según de
donde provenga la reseña, está muy
mal de salud, eventualidad que le hizo ceder temporalmente
sus poderes unipersonales a una especie de junta
de gobierno dirigida por su hermano, todo bajo
la más cerrada incógnita sobre la
verdadera condición en que se haya el anciano
gobernante. Las reacciones no se hicieron esperar
allende los contornos insulares. La televisión
de habla hispana en Miami dio tal cobertura al
hecho que hasta los comerciales fueron obviados
en la noche del 31 de julio, fecha que pasará
a la historia de los cubanos como la del gran
anuncio.
Las especulaciones han echado a rodar y no hay
quien las pare. Algunos insisten en la posibilidad
de que todo no sea más que un plan con
vistas a sondear los ánimos y llevar a
efecto la controversial transición de mandos
en la nave cubana. Pero dada la seriedad de la
nota emitida por Carlitos Valenciaga, el impecable
portapapeles del Comandante en Jefe, todo parece
indicar que la salud del tirano está resentida
gravemente. Si esto fuera así, sin hablar
todavía de la consumación de su
muerte, el acto más natural del mundo después
del nacimiento, hay que guardar cazuelas y bocinas
porque el recorrido que lleva a la salida del
túnel aún puede ser extremadamente
sinuoso.
En el famoso cuento infantil de la Bella Durmiente
el encantamiento del bosque acaba instantáneamente
cuando la malvada bruja desparece del escenario
narrativo. Los árboles, convertidos en
impenetrables barreras espinosas, y el lóbrego
paisaje sólo recobran su belleza en ese
momento. En el caso cubano, que dista mucho de
ser un cuento, la extinción del genio maléfico
no lo es todo para que las cosas recobren su naturaleza,
pues el equipo que ha cooperado con el embrujo
se mantiene intacto. Puede que éstos cambien
varias piezas del decorado, hagan desaparecer
algunos de los rostros feos que pueblan su galería
y hasta se esfuercen en hacer sortilegios más
atractivos, pero en definitiva el fin propuesto
será mantener la esencia de la historia.
Claro que la presencia todopoderosa del Stalin
antillano resulta imprescindible para el continuismo
del sistema totalitario. En la misma proclama
donde el gran timonel de la Revolución
delega la conducción del rumbo en otros
miembros de la dotación comunista, aparece
su soberbia dictatorial. Ahora en sus propias
palabras se autodefine como motor propulsor del
sistema, reconociéndose impulsor principal
de la educación, de la salud, de los proyectos
energéticos, del mando militar y la dirección
ideológica del sistema. Es un poder tan
abarcador que resulta difícil de compartir
y en el caso de una de esas responsabilidades,
la educación, ha tenido que escoger a dos
sustitutos. Es precisamente esta visión
personal endiosada la que provoca tantos recelos
ante una disposición tan desprendida para
conceder la posición de la capitanía.
A pesar del desenlace de la situación,
a su sombra han aparecido ciertos detalles que
resultan preocupantes, como los clamores levantados
en distintos órganos de prensa, fundamentalmente
estadounidenses. Fuentes informativas internacionales
al tanto de estas voces que toman cuerpo en editoriales
de importantes rotativos señalan la elevación
del tono en la recomendación para que se
levante el embargo económico que mantiene
el gobierno norteamericano contra su homólogo
de La Habana. Para estos defensores del cambio
drástico de la actual política norteamericana
en sus relaciones con Cuba, el peligro para el
futuro de la Isla se reparte entre el exilio de
Miami y Hugo Chávez.
The New York Times fundamenta que la importancia
del pronto levantamiento de las restricciones
económicas serviría para fortalecer
a la clase media cubana. No se sabe cuáles
son algunas de las familias que componen esta
casta. Tal vez entre los apellidos ilustres favorecidos
pudieran estar los Alarcón de Quesada y
Castro Ruz. Por su parte, The Wall Street Journal
analiza la conveniencia de que Estados Unidos
ayude al segundo secretario del Partido Comunista
cubano en caso de que siguiera el modelo chino
de apertura a las inversiones extranjeras y empresas
privadas nacionales, aunque mantuviera un estricto
control político. Las libertades civiles,
los derechos humanos y los presos quedarían
fuera de esta jugada marcada por los grandes intereses
transnacionales y financieros.
Mientras tanto, la nave caribeña, como
aquel viejo título de un filme de Fellinni,
continúa en este descabellado rumbo y no
se sabe hacia donde. La tensión se hace
evidente en el ámbito interno. Hay que
tener en cuenta la situación de centenares
de presos políticos a merced de sus carceleros
y el desamparo en que se encuentran los opositores
del régimen. Más que elevar cantos
de alegría por la posible desaparición
del viejo caudillo, sea definitiva o temporal,
los hechos demuestran que es momento de trabajar
emergentemente para conjurar de una vez el maleficio.
La constitución en un bloque compacto de
todos los cubanos comprometidos en esta ardua
lucha es un imperativo en esta hora. Ese será
un paso clave para la salida democrática
en Cuba y vital para cortar la posibilidad de
que la trayectoria del rumbo continué siendo
marcada por los imperativos de una tripulación
que desde hace más de cuatro décadas
ha navegado bajo el férreo y tormentoso
criterio arbitrario de una persona a la que siguieron
incondicionalmente en su rutero despótico.
También servirá para anular esas
voces superiores que nos desprecian al considerarnos
un pueblo incapaz de dirigirse, al que no le corresponde
el derecho a vivir en democracia. Finalmente,
esa decisión evitará que se nos
imponga la Cuba que no queremos.
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