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Una
aclaración necesaria
Vicente P. Escobal. Miami, 30 de julio de
2007.
En un artículo publicado en las páginas
de CUBANET on-line bajo el título "Sencillamente
amordazados" y en el cual se analiza
con profundidad y profesionalismo las ambiguedades
jurídicas del código penal cubano
y las inconsistencias de la conocida Ley Mordaza,
la periodista cubana independiente Laritza Diversent
Cambara asegura que "a finales de los años
70 [del pasado siglo] surgió una oposición
política en Cuba que se diferenció
de la surgida en los inicios de la revolución
por sus métodos de lucha. Esta última
tenía los mismos métodos reaccionarios
y belicistas (sic) de los comunistas en la época
de la República. La nueva aboga por una
libertad obtenida de forma pacífica, apelando
a una reivindicación de los derechos civiles".
Este criterio de Laritza amerita una oportuna
aclaración.
La oposición armada contra el régimen
de Castro surgida en los inicios de la revolución
contó con la participación mayoritaria
de ex combatientes del Ejército Rebelde
y antiguos militantes del Movimiento 26 de Julio,
quienes percibieron tempranamente una traición
a los ideales que impulsaron su lucha contra el
régimen de Fulgencio Batista.
Aquellos hombres fueron formados en el fragor
del combate y no conocían más alternativa
que la lucha armada. Era una época en que
el tema de los derechos humanos, el periodismo
independiente y la organización de grupos
disidentes con una filosofía no violenta
apenas se abordada en el escenario político
internacional. Hoy, afortunadamente, los opositores
cubanos gozan de un sinnúmero de facilidades
para llevar adelante sus acciones. Disponen de
una excepcional cobertura, se reúnen, tienen
acceso a medios internacionales de prensa, sus
nombres con conocidos y reconocidos mundialmente
y gozan, incluso, del singular privilegio de viajar
al exterior para recibir galardones y participar
en eventos organizados por instituciones internacionales.
Las Damas de Blanco, en gallardo reto, desfilan
por las calles cubanas exigiendo la libertad de
sus seres queridos. Oswaldo Payá Sardiñas,
líder del Movimiento Cristiano Liberación,
logró recoger alrededor de 11 mil firmas
y presentarlas ante la unipartidista Asamblea
Nacional. Elizardo Sanchez Santacruz elabora informes
periodicamente sobre la situación de los
derechos humanos en Cuba y Martha Beatriz Roque
organiza asambleas para debatir y proponer públicamente
soluciones a la tragedia que enfrenta la nación
cubana. Ciertamente no gozan del beneplácito
de la tiranía y todos sus esfuerzos están
marcados por la represión y la cárcel.
En los primeros años de instalada la revolución
en el poder todo fue diferente. Los nombres de
los torturados, los masacrados y los fusilados
permanecían en la sombra y el anonimato.
Nadie escuchaba sus demandas, no gozaban del reconocimiento
internacional y sobre ellos se desató una
implacable cacería. Unos murieron combatiendo,
otros enfermos y abandonados, y la mayor parte
perdieron sus fecundas vidas frente a los pelotones
de fusilamiento.
Los comunistas cubanos jamás desarrollaron
acciones belicistas contra ningún gobierno.
Y vale destacar un sólo ejemplo entre el
abanico inmenso de artimañas, oportunismo
político, confabulaciones, traiciones e
incongruencias de los comunistas cubanos: Lázaro
Peña, presentado hoy como un "destacado
luchador por los derechos del proletariado cubano",
a quienes los voceros del castrismo identifican
como "capitán de la clase obrera".
Para quienes conocimos a este "capitán
sin tropa" nos resulta insultante la forma
en que se distorsiona la historia del movimiento
obrero cubano.
Desde su aparición en el escenario laboral,
Lázaro Peña se caracterizó
por una marcada tendencia hacia del traición
y el oportunismo.
En 1933 el movimiento obrero hizo un llamado
a la huelga general contra el gobierno de Fulgencio
Batista. Aquella acción recibió
un artero golpe porque Lázaro Peña
negoció con Batista futuros privilegios,
entre ellos el liderazgo de la Confederación
de Trabajadores de Cuba (CTC), la legalización
del Partido Socialista Popular (PSP) y el nombramiento
de dos "hombres del partido" como ministros
sin cartera: Zoilo Marinello y Carlos Rafael Rodríguez.
También recibieron los comunistas de entonces
la posibiloidad de hacer circular libremente el
periódico "Hoy" y llevar al aire
la emisora "Mil Diez".
Fue Fulgencio Batista quien legalizó el
PSP. Fue Fulgencio Batista quien fortaleció
las actividades de los estalinistas cubanos. Fue
Fulgencio Batista quien lanzó al estrellato
a Lázaro Peña. Es una verdad histórica
irrefutable.
Cuando se produjo el golpe militar el 10 de marzo
de 1952, el PSP no denunció los efectos
y defectos de aquella ruptura constitucional.
Ese dia el "capitán de la clase obrera"
se encontraba disfrutando un bien ganado descanso
en la Riviera Francesa. Había que agradecer
de alguna forma los favores.
Los comunistas cubanos censuraron al Movimiento
26 de Julio, acusándolo de ser una agrupación
sanguinaria, según aparece en una nota
publicada en el libelo clandestino "Carta
Semanal". Ni Lázaro Peña ni
ningún otro miembro del liderazgo estalinista
de la Cuba republicana participaron activamente
contra las irregularidades de entonces. Jamás
hicieron nada que favoreciera la unidad y el fortalecimiento
de la sociedad cubana y sus instituciones cívicas.
Sus traiciones y entreguismo están plasmados
en las páginas de la verdadera historia
de Cuba.
En un intento por dar continuidad a su probado
oportunismo, y ante el inminente derrocamiento
del régimen de Batista, reaprecen los camaleones
del PSP y envian a la Sierra Maestra al controversial
Carlos Rafael Rodríguez para establecer
un pacto con Fidel Castro. Los estrategas del
PSP fraguaban otra acción oportunista:
tal vez identificaban a Castro como el futuro
tirano a quien debían entregar sus oprobiosas
banderas.
¿Podría trazarse algún paralelismo
entre los valores y los principios de los movimientos
anticastristas surgidos en la década de
1960 y 1970 y las sórdidas acciones de
los comunistas cubanos? ¿Cómo comparar
a un partido descalificado por la historia, sumido
en un oscuro laberinto de traiciones, entreguismo
y deslealtades con aquel movimiento cuyos méritos
están escritos con tinta indeleble en nuestra
historia?
No ignoro el valioso aporte de las nuevas generaciones
de opositores al régimen de Castro, en
la misma medida en que reconozco las difíciles
y peligrosas circunstancias en que transcurre
la lucha de hoy. Me identifico con muchas de las
propuestas surgidas del seno del movimiento opositor
, pero no puedo admitir, bajo ninguna premisa,
que se equipare a los comunistas cubanos con los
dignos combatientes por la libertad y la democracia.
Asegurar que aquella lucha tenía "los
mismos métodos reaccionarios y belicistas
de los comunistas en la época de la República"
evidencia un total desconocimiento de nuestra
historia reciente y constituye, además,
una ofensa que amerita una justa y oportuna rectificación.
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