OPINIONES
Junio 2006

El discurso de Pérez Roque ante el Consejo de Derechos Humanos. La cara triunfalista de la moneda

Miguel Saludes

Un discurso lleno de prepotencia fue el saludo dedicado por Felipe Pérez Roque al recién creado Consejo de Derechos Humanos. Las palabras del representante de la diplomacia castrista estuvieron dirigidas fundamentalmente contra el gobierno de Estados Unidos al que calificó de imperio arrogante. Igualmente la intervención del canciller sirvió de marco para realzar la política exterior de su gobierno, eficaz campaña en la que se emplean cuantiosos recursos, muchos de los cuales están fuera del alcance de su pueblo, para agenciarse victorias como esta elección que ha colocado al gobierno de Cuba entre los miembros fundadores del nuevo Consejo, donde Estados Unidos es el gran ausente. El apoyo abrumador de 135 países, dos tercios de los que componen la Asamblea General de Naciones Unidas, a la única dictadura de corte estalinista establecida en occidente no parece tener explicación lógica.

Dos razones han sido fundamentales para este espaldarazo de más de cien naciones que hizo posible que Cuba ocupase un puesto en el Consejo. Ambas están claramente reflejadas en el discurso de Pérez Roque. La primera se explica en el resumen que hizo del activismo propagandístico desplegado por el gobierno cubano a lo largo de estos años. La otra es el enfrentamiento con Estados Unidos, que una vez más ha beneficiado a los intereses de la dictadura caribeña, entronizada en el poder desde hace más de cuatro décadas. No por gusto el funcionario cubano aprovechó la apertura del Consejo para remarcar esta situación, atacando duramente la política de su vecino del Norte y haciendo galas de las diferencias que ambos países mantienen en sus relaciones internacionales. El cuadro comparativo desplegado por Pérez Roque es parte de la clave que explica el apoyo presentado por la diplomacia cubana y que muchos todavía se niegan a comprender. Este ha sido otro fruto cosechado tras tenaz empeño del régimen de La Habana en asegurarse el reconocimiento de los pueblos y gobiernos del Tercer Mundo, sin importar la política que estos mantengan en el orden interno y externo.

Para el gobierno cubano sólo existen dos horizontes en la palestra internacional: Estados Unidos junto a los que llama sus lacayos, países casi todos del norte desarrollado, y los pueblos del mundo subdesarrollado. Aunque el poder económico y militar está a favor del primer grupo, lo que cuenta para la dirigencia partidista cubana es el número y ese está en el segundo bando. De éste obtiene los votos, el arma más eficaz que presenta Castro a su pueblo como prueba de la solidez de su gobierno y del respaldo que tiene a nivel mundial, así como cierta demostración de fuerza ante el poderoso estado norteño, algo que le brinda un toque de invulnerabilidad ante los ojos de los ciudadanos que viven dentro de Cuba y no pocos prosélitos fuera de ella, algo que resultan decisivos en momentos como estos. En tanto para los que luchan a favor de la democracia en la Isla se convierte en un signo aplastante y frustrante de la razón que les asiste en su justa causa.

El régimen cubano se presenta victorioso, pues la elección indica que posee la verdad y que la Humanidad distingue su labor como guardián mundial de los principios y la ética, además del valor por lo que llama resistencia anti imperialista. Como consecuencia de ello presenta eufórico esta elección, que se acredita de justa premiación, mientras proclama que Norteamérica y sus aliados han sido castigados por la comunidad de naciones.

La comparación, fríamente expuesta por Felipe Pérez Roque es verdaderamente irresistible de discusión: miles de combatientes cubanos muertos en África luchando contra el apartheid, contrastando con el apoyo que Estados Unidos daba al sustentador de esa política cruel. Miles de médicos enviados a decenas de países contra miles de soldados norteamericanos sembrando muerte y destrucción por doquier. Multitud de enfermos provenientes de diferentes partes del planeta recibidos con los brazos abiertos en Cuba para ser atendidos por sus facultativos, frente a tantos civiles muertos en Irak y Afganistán debido a la guerra. Jóvenes de 120 países del Tercer Mundo estudiando gratuitamente en las universidades cubanas versus la descripción de la base de Guantánamo convertida en campo de detención de prisioneros terroristas. La visión de aviones cubanos transportando equipos de de emergencia a lugares tan alejados como Pakistán, gobierno con el cual incluso no mantiene relaciones diplomáticas, sale ventajosa a la de los aviones militares estadounidenses trasladando armas, efectivos militares y presos. El remate es la presentación de Cuba como vocero de los derechos de todos los pueblos oprimidos del mundo, incluido el norteamericano haciendo un alarde de adalid de los discriminados y excluidos del mundo, para lanzar el eslogan de que la Cuba antidemocrática lucha por un mundo mejor, en contrapartida con la proclamación hecha por el gobierno norteamericano de que quien no luche con ellos está en su contra.

Pérez Roque no sólo la emprende contra el poderoso enemigo, sino que dirige su descarga retórica contra Europa, sin hacer especificaciones, poniendo a los representantes del viejo continente entre los beneficiarios principales del orden mundial injusto que como antiguas metrópolis coloniales quieren seguir sustentando. Pero para estas últimas mantiene una actitud condescendiente de buen hermano, esperando su rectificación sobre sus votos anteriores respecto a la situación de derechos humanos en Cuba y en otros temas, siempre dentro de la agenda conflictiva que mantiene con Estados Unidos. Claro que no conviene algo mayor en su retórica, pues estas naciones mantienen una buena parte de las inversiones económicas dentro de la depauperada economía cubana. Para la actitud europea respecto a su gobierno, el canciller de la demagogia aplica sin titubear el principio raigal de la Declaración Universal de Derechos Humanos que reza que "todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos".

El compromiso manifestado por Felipe Pérez Roque no pudo dejar de ser igualmente altanero y falto de un basamento que justifique su estancia dentro de la flamante Comisión de Derechos Humanos al declarar su negativa rotunda a cooperar con el mandato de cualquier enviado, representante o relator impuesto para verificar la situación de derechos humanos en su país. No obstante citó una larga lista de cosas en las que se comprometería su gobierno, por ejemplo en lograr una verdadera revolución en las concepciones y métodos de la antigua Comisión, luchar por la verdad y la transparencia, defender el derecho a la independencia, a la libre determinación, a la justicia social, a la igualdad. En definitiva a la defensa de la democracia real, la participación verdadera y del disfrute verdadero de todos los derechos humanos. Aquí se halla precisamente el boomerang de su discurso.

El mensaje de despedida que dirigió a los amigos y enemigos es simplemente del mismo corte: para los que apoyan la política de su país y que por tanto califica de progresistas, lanzó el optimista grito de guerra ¡Hasta la victoria siempre! Y para los que no se alinean con la dictadura que reina en Cuba, por tanto agresores o cómplices de estos, el mensaje es igual al que desde hace tantos años reciben los cubanos: Patria o Muerte. Lo que puede ser traducido como nosotros o nada.

 

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