OPINIONES
Junio 2006

Sorprendente selección para inaugurar una convención de la prensa libre

Miguel Saludes

Con categoría de plato fuerte fue anunciada la entrevista que concedió Ricardo Alarcón de Quesada a los participantes de la 24ta Convención Anual de Periodistas Hispanos inaugurada el pasado 14 de junio en Fort Lauderdale. El presidente de la Asamblea Nacional contestó vía satélite a las preguntas de Mirta Ojito, ex reportera de The New York Times y profesora de periodismo de la Universidad de Columbia. Más de 2000 profesionales de los medios de comunicación e invitados pudieron ver a través de una pantalla gigante al funcionario partidista cubano que desde las oficinas de la CNN en La Habana respondía a la entrevistadora.

Es curioso que apenas 24 horas antes de comenzar este evento fuera solucionada la más reciente crisis creada en la capital cubana en torno a la Oficina de Intereses de Estados Unidos, que desde hacía varios días tenía cortado el suministro de electricidad y agua potable. Esta noticia centró la atención de los medios de información, en especial de la Florida, y marcó una nueva huella de acritud en las relaciones precarias que mantienen ambos gobiernos. Tal pareciera que todo este nuevo ruido y su oportuna finalización antes de la tele conferencia, tuviera como propósito atraer la atención desviando las miradas de otros temas de interés sobre la realidad interna que vive la Isla.

Igualmente fue llamativa la ausencia de los miembros de la prensa independiente cubana en este encuentro de los periodistas hispanohablantes. Ya sea los que aún se mantienen en el interior del país arriesgando su libertad o de aquellos que se encuentran sufriendo la realidad del exilio pudieron tener la oportunidad de participar planteando sus criterios, dando testimonio sobre las condiciones que enfrentan en Cuba quienes se acogen al derecho de la libre información. Solamente el periodista y
ex prisionero de conciencia Manuel Vázquez Portal logró sostener un intercambio con un grupo de asistentes al congreso. Una vez más los representantes de la prensa nueva, que mi amigo Adrián Leiva denomina justamente como alternativa, fueron ignorados, tanto por el gobierno que les reprime, algo que en definitiva es lógico de entender, y lo que es peor, por aquéllos que debieran ser solidarios con ellos. Ni Nueva Prensa Cubana ni Cubanet, dos agencias que desde el exilio han creado un espacio para que el trabajo de los informadores cubanos salga al exterior, estuvieron entre los invitados.

Precisamente Omar Rodríguez Saludes, condenado a 27 años de prisión en Cuba principalmente por realizar trabajos de fotorreportaje, ocupó la primera plana del periódico para el que se desempeñó Ojito. En mayo del 2002 apareció en The New York Times un reportaje escrito por Rayd González que formó parte de las pruebas del fiscal contra el acusado un año después. Refiriéndose al trabajo de Rodríguez Saludes, el periodista manifestó que el cubano era una empresa en sí mismo: hacía las entrevistas, las fotos, videos, redactaba la nota y después la enviaba. Para trasladarse usaba una rudimentaria motocicleta acompañado casi siempre por los atentos ojos de la policía política siguiendo cada uno de sus pasos, leyendo cada palabra y asechando el mejor momento para asestar el golpe. Es el mismo caso de tantos otros periodistas independientes en Cuba que viven bajo una situación extrema debido a su labor. No obstante, el señor Alarcón enarboló una vez más en esta conferencia la acusación de que estos presos, y los que aún andan por las calles, son mercenarios del imperialismo.

La gran contradicción que abrió las puertas de este evento de la prensa es la curiosa participación inaugural que tuvo en ello el rostro y la voz del presidente del parlamento unipartidista cubano, uno de los grandes inquisidores de la libre información en su patria, el mismo que firmó una ley que sanciona con penas desmesuradas de cadena perpetua y hasta la pena máxima para quienes disientan, escriban sus opiniones e informen sobre la realidad del país. Un demagogo que se expresa de esos hombres y mujeres libres como si fueran vulgares delincuentes, aplicándoles indiscriminadamente el calificativo de asalariados al servicio del enemigo.

Me hubiera gustado preguntarle al señor Alarcón dónde quedó la respuesta a los gestores del Proyecto Varela, que jamás fue dada oficialmente. También la razón de que las listas conteniendo la identidad de los ciudadanos firmantes del Proyecto fueran a parar a manos de la Seguridad del Estado que desde entonces dedica buena parte de su trabajo para visitar a estas personas con el fin de amedrentarlas, chantajearlas y tratar que se desdigan de su posición. Cómo es posible que el periodista Oscar Mario González lleve un año en presidio sin juicio alguno. Si las caricaturas políticas de Regis Iglesias, testimonio dado en su contra durante el proceso por el que se le condenó a 18 años de presidio, son tan peligrosas para su gobierno. Le hubiera preguntado si considera justo que de la misma manera que su gobierno, aludiendo a situaciones de defensa nacional, encerró en las prisiones del país a 75 hombres, 23 de ellos por ejercer una manera de periodismo no reconocido por el oficialismo totalitario, cualquier periodista o persona que por iniciativa propia decida divulgar una noticia, reciba el mismo trato por las leyes de sus respectivos países. Imagino las respuestas del personero, pero al menos hubiera quedado la opción de que la mentira quedara al desnudo una vez más.

El señor Alarcón habló entre otras cosas de la posibilidad que tendrán los exiliados de regresar a su país luego de un cambio sustancial de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Asombra ver cómo este gobierno trata la expatriación de sus nacionales como no se veía desde la época de la colonia. Dijo que los exiliados podrían volver a Cuba sin aclarar si era para quedarse o para visitarla. Gran adelanto van a tener los cubanos exiliados si lo que es un derecho se les ofrece como un gran favor de los que gobiernan el país. Sentenció además que nadie podrá reclamar nada. Pero lo que muchos desconocen en el mundo es la manera en que los cubanos que parten de su país lo hacen de manera comparable a la de un desterrado, al que se le despoja de todo. Se equivoca el señor Alarcón en sus presunciones, y desconozco si alguien se lo hizo saber en la conferencia. El derecho de los cubanos a regresar a su tierra no puede estar condicionado a enfrentamientos entre gobiernos ni a posiciones ideológicas contrarias. Nos pertenece a todos por igual, como nos pertenece el reclamo de una justa reivindicación. No se trata del reclamo de inmuebles y terrenos, sino de algo mucho más importante: la restitución de nuestra ciudadanía confiscada por quienes creen ser propietarios de la Patria.

Finalmente la prensa cubana, ésa que "no es mercenaria y siempre dice la verdad", a una semana de la intervención de Alarcón de Quesada en la apertura de la Convención de Periodistas Hispanos celebrada en la Florida, mantiene una mudez total sobre la entrevista y acerca del evento, como si ambos no hubieran tenido lugar.

 

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