OPINIONES
Junio 12 , 2007

Mi tragedia cubana

Fernando Delgado

En octubre de 1996, como el cubano afortunado de los tiempos modernos, abandoné Cuba rumbo a Estados Unidos tras una reclamación familiar realizada por mi padre bajo el amparo de la llamada reunificación familiar pues era aun menor de edad. En agosto del año 2000 regresé a Cuba con visa turística y el indestructible deseo de no volver a abandonar jamás el país que me pertenece.

Organicé en los primeros días de mi estancia un equipaje de íntimos y sagrados valores míos y me presenté en la sede de la policía nacional de inmigración y extranjería en la calle 20 entre 3ra y 5ta avenida de Miramar con el firme argumento que no regresaría jamás a Estados Unidos.

Recuerdo cuanto dibujaron imposible aquel insólito procedimiento, pero mi deseo era más fuerte que toda fuerza viviente y tranquilamente expresé que solo en un sarcófago podrían sacarme de aquella isla una otra vez y propuse y firmé a los verdugos de la revolución que me encarcelaran 10 años o tanto tiempo cuanto quisieran pero que no regresaría a Estados Unidos.

Fui encarcelado poco tiempo y luego enviado a mi provincia bajo la custodia de inmigración, a los siete meses recibí una llamada del mismo departamento preguntando por el "ciudadano repatriado" recomendándome vagamente que pasara por las oficinas a retirar la documentación que legalizaba mi reintegración a la sociedad cubana: el Carné de Identidad.

Recibí críticas por haber regresado hasta de los propios comunistas, de mis amigos, aunque si las mayores se hacían detrás de mi espalda. Figúrense, una sociedad donde el destierro se ha convertido en un símbolo de triunfo. Me había quedado solo pero sinceramente era consciente de que no perdía amistades de verdadero valor.

El tiempo vivido en Miami me había consumido espiritualmente hasta los huesos, me secó desde las lágrimas hasta las sonrisas más sinceras. Fue una etapa negra en mi vida dominada por la soledad y el vacío espiritual.

Cuando reiniciaba la vida en Cuba recuperaba el espíritu, la alegría sincera y llenaba mi corazón de acción espiritual. Las mañanas eran distintas, bebía el café con mi abuelo, a veces en el patio; por un momento pensé que nunca más lo volvería a ver. Era feliz plenamente.

En la medida que transcurría el tiempo de mi nueva vida sentía la ausencia de algunas cosas. Una de las impresiones más fuertes que experimenté fue ver como mis supuestos amigos habían permanecido congelados en el tiempo aquellos cinco años y cómo la ignorancia en ellos se había agudizado al punto que vagaban todos en la misma superficie de antes, en la superficie de falsos ideales y desorientación moral como resultado de los efectos que ha tenido el sometimiento involuntario al lavado de cerebro y al aislamiento intelectual del cual hemos sido víctimas los que crecimos dentro de aquel experimento humano. Unos sobreviven, otros no. Yo había conocido la libertad de expresión pero en Cuba eso era una mala costumbre.

Me asfixiaba poco a poco la falta de contacto con el mundo exterior que había conocido, la ausencia de las estaciones radiales civilizadas, noticias, la televisión, los periódicos, la Internet, en resumen extrañaba la simple verdad de las cosas.

Hice maravillas e inventé de todos los colores para comprar una computadora. Recuerdo la felicidad de aquel día cuando probando una conexión a Internet se visualizó de sorpresa la página inicial de Google. ¡Vi el cielo abierto! Había encontrado un poco de libertad clandestina.

Una noche de noviembre del año 2003 navegando intrusamente en Internet entraba en un foro de la universidad de Musicología de Pavía, Italia. Allí en aquel foro estaba una mujer a la cual yo no veía ni conocía y con quien no tenía mucho tema en común, mucho menos musicológico, pero intercambiamos las palabras formales suficientes como para sentir algo grande aquella noche, una especie de volcán interior que en pocos minutos cristalizó mis nervios e hizo venirse encima la noche más luminosa de nuestra existencia. Con certeza había encontrado por un azar del destino el gran amor de mi vida, exactamente y como dicen por ahí, el alma gemela!

Eva Aurelia era una bella joven violinista austriaco-italiana de ojos verdes y largos cabellos rizos, apenas había finalizado sus exámenes y preparaba su tesis con el tema: "La anticipación del psicoanálisis Freudiano en el Lohengrin de Richard Wagner. El mito como neurosis colectiva".

Yo era un informático frustrado del otro lado del mundo. Pero nuestro amor virtual creció durante cinco meses de Chat e intensos diálogos de amor.

En abril del 2004 nos conocimos personalmente en el aeropuerto de Holguín y la bella europea conoció el archipiélago de oro, como siempre sucede quedó profundamente emocionada con su experiencia cubana de primera vista. El nueve de Junio del 2004 contrajimos el sagrado juramento del matrimonio en un hermoso castillo medieval en la Ciudad de Bregenz, Austria, su ciudad natal.

Realizamos todas las legalizaciones pertinentes en la embajada de Cuba en Viena y pagamos los cientos de Euros correspondientes. Eva pospuso su tesis.

Mi amor por Cuba es incondicional, es amor por la tierra y las mañanas, por la sal del mar y las paredes de mi casa. Lo siento. Decidimos ir a vivir a Las Tunas, Cuba, mi ciudad natal. El amor une todo con sus hilos, dice una canción.

Nuestra casa era grande y de buena figura en comparación con la media, iniciamos un proyecto de ampliación y remodelación a gusto propio con el dinero que nos había regalado su padre el día del matrimonio. Dividimos la casa en dos partes asegurando nuestra privacidad, detalle desconocido completamente en Cuba por la familia común. Habíamos construido un maravilloso rincón en el planeta tierra, para vivir en paz y armonía, en la tierra que más yo amo, era esa toda nuestra ambición. Teníamos tanta música variada, de todas las etnias, estilos y ritmos. Solíamos cocinar platos exóticos y de diversas regiones con los mismos ingredientes que se encontraban localmente. Habíamos olvidado los gobiernos, y las políticas. Disfrutábamos del amor. Nos inventamos una videoteca clandestina cuyo control estaba estrictamente organizado desde nuestro laptop por un software hecho a la medida por nosotros mismos en Delphi. Generábamos dinero para sobrevivir.

Eva había viajado a Cuba con una visa turística, la cual debería cambiar posteriormente a una visa familiar que le garantizaba el privilegio de sesenta días más por estar casada legalmente conmigo, sesenta días señor !, y debía viajar a Bahamas cuando se vencía el término de tiempo y regresar en el mismo aéreo para extender su permiso así, sesenta días más, hasta que le llegara su residencia, residencia por la cual habíamos pagado el alto costo monetario que requería, con la esperanza que llegaría algún día. Ya llevábamos siete meses esperando la residencia y Eva estaba embarazada con una amenaza de aborto, pérdidas de sangre y una prescripción médica certificada de reposo absoluto en cama.

La desgracia de nuestras vidas se concertó una triste mañana de lunes cuando conocimos en las oficinas de inmigración a una mujer oficial de la seguridad del estado quien me prometió la residencia de mi esposa en un tiempo breve a cambio de que me convirtiera en su informante. Con toda la ingenuidad que me caracteriza y en su debido momento le respondí que yo no tenía vocación para ese tipo de trabajo, que yo era informático solamente de las computadoras. Tras ese suceso todo se tornó un infierno.

Un niño pianista de ocho años de edad, hijo de Eva de su matrimonio anterior estaba con nosotros y asistía a la escuela de arte a las clases generales y de piano en calidad de oyente hasta que llegase la supuesta residencia de su mamá. Había viajado a Cuba con una transferencia oficial de su escuela en Milano, Italia a la escuela de arte nacional. De repente y bajo absurdas excusas no se le permitió asistir más a la escuela. Por recomendación de algunos alumnos de la clase Gabriel escribió una cartica a Fidel (quien simboliza un ángel para los niños cubanos) pidiéndole ayuda para regresar a la escuela. Pero nunca recibió respuesta ni se volvió a incorporar a la escuela.

Ya se vencían los correspondientes sesenta días de estancia actual de Eva y presentamos el certificado medico en inmigración solicitando una prorroga o extensión del permiso por su situación médica. La prorroga fue negada por Abel, director y capo numero uno. El alego de las autoridades fue que mi esposa debía abandonar el país en 24 horas y esperar su residencia fuera, aun con amenaza de aborto. La impotencia frente la injusticia del gobierno salvaje tornó aquella mañana en el día mas amargo y cruel de la vida de Eva. Yo, los he vivido peores.

Ese mismo día, un vuelo de doce horas Holguín-Dusseldorf-Munich y un viaje en auto Munich-Bregenz bastaron para que muriera la criatura en su vientre, el primer fruto de nuestro amor ya concebido por la madre naturaleza. Exactamente lo que había previsto y advertido el especialista ginecológico Dr. Misael González González en el hospital Ernesto Guevara de Las Tunas.

Organicé todo para salir de Cuba rumbo Austria y el día antes entregué personalmente en la dirección provincial del MININT, dpto. de atención a la ciudadanía, una denuncia firmada contra el director de Inmigración Abel Marrero Caballero en una carta dirigida al consejo de estado y a Fidel.

A mi llegada a Austria recibí inmediatamente todos los beneficios y derechos que garantiza la ley de un país civilizado al estar legalmente casado con una ciudadana, recibí mi residencia, permiso de trabajo, etc. Inmediatamente solicité a Cuba el permiso de residencia en el exterior (PRE).

La respuesta a mi queja legal fue la negativa posterior de la residencia permanente que Eva a había solicitado a las autoridades cubanas. Y hace dos días he recibido (como si fuera poco) la confirmación de la negación de mi permiso de residencia en el exterior (PRE).

Existe una pregunta me lleva a la desesperación mortal: dígame usted perfecto gobierno comunista, según sus justas leyes, ¿dónde rayos debería vivir con mi esposa e iniciar nuestra vida matrimonial como todo ser humano?... ¿En la luna? ... ¿O debemos divorciarnos porque ustedes no autorizan nuestra relación?... Qué significado tiene el artículo 25 del Código de Familia de la República de Cuba, que plantea que los Cónyuges deben vivir juntos, guardarse lealtad, la consideración, etc.

Eva ha reiniciado su tesis la cual deberá exponer en mayo del 2006, ahora con el tema "La emigración de la música cubana" .

Yo, he construido el sitio Web elcamajan.com para aportar un grano de arena más en esta lucha cívica contra el hombre que robó nuestros sueños.

Así culmina toda historia genuina en la isla de Fidel, extinguida y atropellada por la ignorancia y el abuso de poder. En Cuba las ilusiones más puras, el amor y los sueños se convierten al final en ranas, fantasmas y pesadillas.

Fernando Delgado
fernando.delgado@aon.at

Este artículo fue publicado originalmente en El Veraz.

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