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Mi
tragedia cubana
Fernando Delgado
En octubre de 1996, como el cubano afortunado
de los tiempos modernos, abandoné Cuba
rumbo a Estados Unidos tras una reclamación
familiar realizada por mi padre bajo el amparo
de la llamada reunificación familiar pues
era aun menor de edad. En agosto del año
2000 regresé a Cuba con visa turística
y el indestructible deseo de no volver a abandonar
jamás el país que me pertenece.
Organicé en los primeros días
de mi estancia un equipaje de íntimos y
sagrados valores míos y me presenté
en la sede de la policía nacional de inmigración
y extranjería en la calle 20 entre 3ra
y 5ta avenida de Miramar con el firme argumento
que no regresaría jamás a Estados
Unidos.
Recuerdo cuanto dibujaron imposible aquel insólito
procedimiento, pero mi deseo era más fuerte
que toda fuerza viviente y tranquilamente expresé
que solo en un sarcófago podrían
sacarme de aquella isla una otra vez y propuse
y firmé a los verdugos de la revolución
que me encarcelaran 10 años o tanto tiempo
cuanto quisieran pero que no regresaría
a Estados Unidos.
Fui encarcelado poco tiempo y luego enviado
a mi provincia bajo la custodia de inmigración,
a los siete meses recibí una llamada del
mismo departamento preguntando por el "ciudadano
repatriado" recomendándome vagamente
que pasara por las oficinas a retirar la documentación
que legalizaba mi reintegración a la sociedad
cubana: el Carné de Identidad.
Recibí críticas por haber regresado
hasta de los propios comunistas, de mis amigos,
aunque si las mayores se hacían detrás
de mi espalda. Figúrense, una sociedad
donde el destierro se ha convertido en un símbolo
de triunfo. Me había quedado solo pero
sinceramente era consciente de que no perdía
amistades de verdadero valor.
El tiempo vivido en Miami me había consumido
espiritualmente hasta los huesos, me secó
desde las lágrimas hasta las sonrisas más
sinceras. Fue una etapa negra en mi vida dominada
por la soledad y el vacío espiritual.
Cuando reiniciaba la vida en Cuba recuperaba
el espíritu, la alegría sincera
y llenaba mi corazón de acción espiritual.
Las mañanas eran distintas, bebía
el café con mi abuelo, a veces en el patio;
por un momento pensé que nunca más
lo volvería a ver. Era feliz plenamente.
En la medida que transcurría el tiempo
de mi nueva vida sentía la ausencia de
algunas cosas. Una de las impresiones más
fuertes que experimenté fue ver como mis
supuestos amigos habían permanecido congelados
en el tiempo aquellos cinco años y cómo
la ignorancia en ellos se había agudizado
al punto que vagaban todos en la misma superficie
de antes, en la superficie de falsos ideales y
desorientación moral como resultado de
los efectos que ha tenido el sometimiento involuntario
al lavado de cerebro y al aislamiento intelectual
del cual hemos sido víctimas los que crecimos
dentro de aquel experimento humano. Unos sobreviven,
otros no. Yo había conocido la libertad
de expresión pero en Cuba eso era una mala
costumbre.
Me asfixiaba poco a poco la falta de contacto
con el mundo exterior que había conocido,
la ausencia de las estaciones radiales civilizadas,
noticias, la televisión, los periódicos,
la Internet, en resumen extrañaba la simple
verdad de las cosas.
Hice maravillas e inventé de todos los
colores para comprar una computadora. Recuerdo
la felicidad de aquel día cuando probando
una conexión a Internet se visualizó
de sorpresa la página inicial de Google.
¡Vi el cielo abierto! Había encontrado
un poco de libertad clandestina.
Una
noche de noviembre del año 2003 navegando
intrusamente en Internet entraba en un foro de
la universidad de Musicología de Pavía,
Italia. Allí en aquel foro estaba una mujer
a la cual yo no veía ni conocía
y con quien no tenía mucho tema en común,
mucho menos musicológico, pero intercambiamos
las palabras formales suficientes como para sentir
algo grande aquella noche, una especie de volcán
interior que en pocos minutos cristalizó
mis nervios e hizo venirse encima la noche más
luminosa de nuestra existencia. Con certeza había
encontrado por un azar del destino el gran amor
de mi vida, exactamente y como dicen por ahí,
el alma gemela!
Eva Aurelia era una bella joven violinista austriaco-italiana
de ojos verdes y largos cabellos rizos, apenas
había finalizado sus exámenes y
preparaba su tesis con el tema: "La anticipación
del psicoanálisis Freudiano en el Lohengrin
de Richard Wagner. El mito como neurosis colectiva".
Yo era un informático frustrado del otro
lado del mundo. Pero nuestro amor virtual creció
durante cinco meses de Chat e intensos diálogos
de amor.
En abril del 2004 nos conocimos personalmente
en el aeropuerto de Holguín y la bella
europea conoció el archipiélago
de oro, como siempre sucede quedó profundamente
emocionada con su experiencia cubana de primera
vista. El nueve de Junio del 2004 contrajimos
el sagrado juramento del matrimonio en un hermoso
castillo medieval en la Ciudad de Bregenz, Austria,
su ciudad natal.
Realizamos todas las legalizaciones pertinentes
en la embajada de Cuba en Viena y pagamos los
cientos de Euros correspondientes. Eva pospuso
su tesis.
Mi amor por Cuba es incondicional, es amor por
la tierra y las mañanas, por la sal del
mar y las paredes de mi casa. Lo siento. Decidimos
ir a vivir a Las Tunas, Cuba, mi ciudad natal.
El amor une todo con sus hilos, dice una canción.
Nuestra casa era grande y de buena figura en
comparación con la media, iniciamos un
proyecto de ampliación y remodelación
a gusto propio con el dinero que nos había
regalado su padre el día del matrimonio.
Dividimos la casa en dos partes asegurando nuestra
privacidad, detalle desconocido completamente
en Cuba por la familia común. Habíamos
construido un maravilloso rincón en el
planeta tierra, para vivir en paz y armonía,
en la tierra que más yo amo, era esa toda
nuestra ambición. Teníamos tanta
música variada, de todas las etnias, estilos
y ritmos. Solíamos cocinar platos exóticos
y de diversas regiones con los mismos ingredientes
que se encontraban localmente. Habíamos
olvidado los gobiernos, y las políticas.
Disfrutábamos del amor. Nos inventamos
una videoteca clandestina cuyo control estaba
estrictamente organizado desde nuestro laptop
por un software hecho a la medida por nosotros
mismos en Delphi. Generábamos dinero para
sobrevivir.
Eva había viajado a Cuba con una visa
turística, la cual debería cambiar
posteriormente a una visa familiar que le garantizaba
el privilegio de sesenta días más
por estar casada legalmente conmigo, sesenta días
señor !, y debía viajar a Bahamas
cuando se vencía el término de tiempo
y regresar en el mismo aéreo para extender
su permiso así, sesenta días más,
hasta que le llegara su residencia, residencia
por la cual habíamos pagado el alto costo
monetario que requería, con la esperanza
que llegaría algún día. Ya
llevábamos siete meses esperando la residencia
y Eva estaba embarazada con una amenaza de aborto,
pérdidas de sangre y una prescripción
médica certificada de reposo absoluto en
cama.
La desgracia de nuestras vidas se concertó
una triste mañana de lunes cuando conocimos
en las oficinas de inmigración a una mujer
oficial de la seguridad del estado quien me prometió
la residencia de mi esposa en un tiempo breve
a cambio de que me convirtiera en su informante.
Con toda la ingenuidad que me caracteriza y en
su debido momento le respondí que yo no
tenía vocación para ese tipo de
trabajo, que yo era informático solamente
de las computadoras. Tras ese suceso todo se tornó
un infierno.
Un
niño pianista de ocho años de edad,
hijo de Eva de su matrimonio anterior estaba con
nosotros y asistía a la escuela de arte
a las clases generales y de piano en calidad de
oyente hasta que llegase la supuesta residencia
de su mamá. Había viajado a Cuba
con una transferencia oficial de su escuela en
Milano, Italia a la escuela de arte nacional.
De repente y bajo absurdas excusas no se le permitió
asistir más a la escuela. Por recomendación
de algunos alumnos de la clase Gabriel escribió
una cartica a Fidel (quien simboliza un ángel
para los niños cubanos) pidiéndole
ayuda para regresar a la escuela. Pero nunca recibió
respuesta ni se volvió a incorporar a la
escuela.
Ya se vencían los correspondientes sesenta
días de estancia actual de Eva y presentamos
el certificado medico en inmigración solicitando
una prorroga o extensión del permiso por
su situación médica. La prorroga
fue negada por Abel, director y capo numero uno.
El alego de las autoridades fue que mi esposa
debía abandonar el país en 24 horas
y esperar su residencia fuera, aun con amenaza
de aborto. La impotencia frente la injusticia
del gobierno salvaje tornó aquella mañana
en el día mas amargo y cruel de la vida
de Eva. Yo, los he vivido peores.
Ese mismo día, un vuelo de doce horas
Holguín-Dusseldorf-Munich y un viaje en
auto Munich-Bregenz bastaron para que muriera
la criatura en su vientre, el primer fruto de
nuestro amor ya concebido por la madre naturaleza.
Exactamente lo que había previsto y advertido
el especialista ginecológico Dr. Misael
González González en el hospital
Ernesto Guevara de Las Tunas.
Organicé todo para salir de Cuba rumbo
Austria y el día antes entregué
personalmente en la dirección provincial
del MININT, dpto. de atención a la ciudadanía,
una denuncia firmada contra el director de Inmigración
Abel Marrero Caballero en una carta dirigida al
consejo de estado y a Fidel.
A mi llegada a Austria recibí inmediatamente
todos los beneficios y derechos que garantiza
la ley de un país civilizado al estar legalmente
casado con una ciudadana, recibí mi residencia,
permiso de trabajo, etc. Inmediatamente solicité
a Cuba el permiso de residencia en el exterior
(PRE).
La respuesta a mi queja legal fue la negativa
posterior de la residencia permanente que Eva
a había solicitado a las autoridades cubanas.
Y hace dos días he recibido (como si fuera
poco) la confirmación de la negación
de mi permiso de residencia en el exterior (PRE).
Existe una pregunta me lleva a la desesperación
mortal: dígame usted perfecto gobierno
comunista, según sus justas leyes, ¿dónde
rayos debería vivir con mi esposa e iniciar
nuestra vida matrimonial como todo ser humano?...
¿En la luna? ... ¿O debemos divorciarnos
porque ustedes no autorizan nuestra relación?...
Qué significado tiene el artículo
25 del Código de Familia de la República
de Cuba, que plantea que los Cónyuges deben
vivir juntos, guardarse lealtad, la consideración,
etc.
Eva ha reiniciado su tesis la cual deberá
exponer en mayo del 2006, ahora con el tema "La
emigración de la música cubana"
.
Yo, he construido el sitio Web elcamajan.com
para aportar un grano de arena más en esta
lucha cívica contra el hombre que robó
nuestros sueños.
Así culmina toda historia genuina en
la isla de Fidel, extinguida y atropellada por
la ignorancia y el abuso de poder. En Cuba las
ilusiones más puras, el amor y los sueños
se convierten al final en ranas, fantasmas y pesadillas.
Fernando Delgado
fernando.delgado@aon.at
Este artículo fue publicado
originalmente en El
Veraz.
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