OPINIONES
Mayo 8,2006

Un brindis por Luis Cino

Carlos Wotzkow

Llegará el día en que todos mis amigos que aún viven en Cuba y yo podamos sentarnos a discutir el por qué de mis dudas sobre esos mal llamados periodistas independientes. Llegará, estoy seguro, pero ya para entonces muchos ya habrán perdido la careta. De momento, les hablaré hoy de un buen amigo, un amigo increíble al que conocí en la casa donde la conspiración sana (la música) nos ayudaba a evadir la terrible realidad isleña. Le llamábamos "El Vaquerito", pues como a mí, le encantaba la música "Country". WQAM, ¿quién no la recuerda?

Los recuerdos son extremadamente vagos, pero es como si lo estuviera viendo: Rubio, delgado, pequeño (en estatura, solamente), sentado frente al inigualable HI-FI de Agustín, con su vaso gratuito de "ron" en la mano (en realidad un "Gordillo Añejo", creado a partir del alcohol para lagartos de un museo habanero y la alquimia del azúcar quemado), y escuchando el "Stardust" del Willie (Nelson) junto a los amigos del barrio. ¿Era el Stardust, o sería "We the People" de Ellen Mc Illwayne? Tal vez era "One quarter moon in a ten cent town" de Emmylou Harris, un disco ideal para un país donde la vida no vale los 10 centavos.

Lo repito, los recuerdos son vagos, pero me parece estarlo escuchando ahora mismo: Conversando con calma (y fuego interior) con el brillante negro Neboro, con el diminuto héroe de Angola, el Gran Albertico, con Vilma y su esposo Wilfredo, con el Maestro Gori, con un segundo vaso del mismo "Gordillo Añejo" esta vez "a la roca", servido no sin preocupación, por los más bellos ojos verdes de aquella casa. Y lo sigo mirando, partido de la risa, lamentando la inflamación de sus puños después de haber abollado a pescozones la carrocería de aquel horrible camión amarillo que tanto jodía la existencia visual de la Calle 10.

Él, no hace mucho, en uno de sus comentarios de amigo, me recuerda con mis fusiles al hombro allá por el Aeropuerto, sin siquiera saber que aquellos fusiles fueron los que me llevaron de visita a Villa Marista el mismo día en que Fidel Castro y yo coincidimos (por azar) en un mismo lugar, y yo era él único que iba armado. A Luís, lo recuerdo como un verdadero rebelde innato, forrado de un valor y una entereza que ni yo creo poseer. Entonces Agustín, el Gordi, el mejor anfitrión que he conocido en toda mi vida, decide irse. Decide dejarnos solos, decide abandonarnos.

Indescriptible la sensación de pérdida en aquella fiesta de despedida. Indescriptible la impotencia de tener que reconocer la necesidad de cualquiera para dejar detrás a Cuba. Indescriptible la mirada triste y muda del Peyi. El rostro sombrío de Neboro. Los ojos verdes más bellos de Capdevila convertidos de repente en los ojos más tristes de Altahabana. Indescriptible la sensación de sentir que el grupo de amigos es amputado por un siniestro régimen asfixiante. Indescriptible, ver al Vaquerito Cino, entre los amigos de siempre en tiempos sin fiesta, regresando a aquella casa de Altahabana, dado ánimo a una dulzura hecha Penélope.

Por eso en Miami, en la mejor casa de Miami Springs para ser exacto, rodeado de los mejores amigos de Altahabana, junto al héroe Albertico y a la bella Masty, junto a Vilma y su esposo Wilfredo, junto al Maestro Gori y su hijo hecho hombre, en ausencia de Neboro, pero con el perfecto substituto de un Padre "nuestro", negro como el académico de la CUJAE, y tan brillante como el primero, hemos brindado por Luis (el Vaquerito) Cino. Lo hemos recordado con anécdotas de risa, carne de contrabando, camiones destartalados y épocas de ley seca. Pero también, con la tristeza que acompaña el abrazo perdido.

Para mí, y estoy seguro que también para el resto, resulta un privilegio haber conocido y compartido con un hombre que ha sabido hacer de su coraje no sólo un modo de vida, sino una combinación peligrosa (en Cuba) de humor, entereza, y buena sabiduría. Si alguna vez en el periodismo rebelde de Cuba alguien entendió lo magnífico que es contar con el valor en medio de tanta desesperanza, ese periodista independiente de la Cuba de hoy, se llama Luis Cino. Un amigo que, para vergüenza de algunos "insignes", todavía no ha aprendido a administrar su miedo en Cuba, pues, carece de él.

IMPRIMIR

 



PRENSAS
Independiente
Internacional
Gubernamental
IDIOMAS
Inglés
Francés
Español
SOCIEDAD CIVIL
Cooperativas Agrícolas
Movimiento Sindical
Bibliotecas
DEL LECTOR
Cartas
Opinión
BUSQUEDAS
Archivos
Documentos
Enlaces
CULTURA
Artes Plásticas
El Niño del Pífano
Octavillas sobre La Habana
Fotos de Cuba
CUBANET
Semanario
Quiénes Somos
Informe Anual
Correo Eléctronico

DONACIONES

In Association with Amazon.com
Busque:

Palabras claves:

CUBANET
145 Madeira Ave, Suite 207
Coral Gables, FL 33134
(305) 774-1887

CONTACTOS
Periodistas
Editores
Webmaster