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¡Basta
ya!
Miguel Saludes
El rostro de Martha Beatriz Roque, marcado por
los golpes recibidos el día 25 de abril,
apareció en la prensa internacional. Es
significativo que este signo de intolerancia y
agresividad extrema haya ocurrido a tres días
de conmemorarse la jornada de juicios sumarios
que hace tres años llevaron a las cárceles
de la Isla a 75 ciudadanos cubanos, destacados
activistas de la sociedad civil y de derechos
humanos. Una de las personas procesadas y condenadas
en aquel proceso fue precisamente Roque Cabello.
La condición de extra penalidad otorgada
por el gobierno cubano a la opositora debido a
su estado de salud, posibilitó su vuelta
a la vida en libertad, con las limitantes impuestas
por la medida. Anteriormente, Martha Beatriz se
hizo relevante en la redacción del documento
La Patria es de Todos, que motivó el juicio
histórico por el que además de ella
fueron encarcelados Vladimiro Roca Antunez, René
Gómez Manzano y Félix Bonne Carcasés.
Muchas situaciones han ocurrido desde aquella
fecha en la que de manera controversial el nombre
de la señora Martha Beatriz ha estado involucrado.
Su posición radical, según el punto
de vista con que se analice, unido a discrepancias,
actitudes y enfoques personales, de los que la
Inteligencia cubana ha sacado buenos dividendos,
han coadyuvado para que afloren diferencias con
algunos lideres de la oposición interna
y del exilio.
Pero lo ocurrido en los últimos meses,
donde la opositora excarcelada ha denunciado constantes
actos de repudio frente a su domicilio, pasa a
ser un asunto donde no vale mantener distanciamiento
por cuestiones personales o criterios discordantes.
A los gritos, insultos, carteles pro gubernamentales
pintados casi en la fachada de su casa donde se
insta a la violencia, ahora se suma el maltrato
físico. Los golpes dados con mano dura
en el rostro de Martha Beatriz son un puñetazo
moral dirigidos al alma de los cubanos y como
tal hay que sentirlos, sobre todo entre los que
luchamos porque en nuestra patria fructifique
una sociedad cívica y democrática.
Ante este acto de salvajismo incuestionable no
puede guardarse silencio alguno, so pena de caer
en omisión culposa o lo que puede ser peor,
en la complicidad con el abuso que puede generar
en crimen.
Mientras en el mundo entero, incluyendo Cuba,
se lanzan campañas para condenar la violencia
contra la mujer, una de ellas recibe el brutal
maltrato de las turbas organizadas de manera facistoide.
Dos manos, una femenina y la otra masculina, se
unen para defender el odio y el fanatismo, propinando
un vapuleo peligroso que no es más que
la reacción de la fuerza que trata de impedir
a toda costa, sin importar los medios, la expresión
libre de la ciudadanía cansada de este
aletargamiento bajo la bota de la dictadura.
La impunidad con que actúan estos individuos,
que dicen defender ardientemente una ideología,
mientras realmente se convierten en instrumentos
de represión, debe ser condenada por ser
punible contra la dignidad humana. No podemos
quedar callados ante tamaña acción,
que hoy se concreta en unas bofetadas, un puñetazo
y la cobarde participación de brazos anónimos
prestados para arrastrar el cuerpo de una mujer
indefensa por la calle, y que mañana puede
tornarse en un asesinato donde la responsabilidad
se pierde entre el grupo designado como masa combatiente,
que dice, y se arroja el derecho, ser representante
del pueblo. Si llegara ese momento extremo entonces
los que en este momento no alcen su voz mejor
que no digan nada pues ya no habrá tiempo.
En cuanto a las dudas y las discrepancias esperaremos
al momento en que disfrutemos de libertad. Será
entonces que nos sentaremos frente a frente, con
quien sea, y aclararemos todo lo que sea necesario
esclarecer. Ese día podremos darnos el
lujo de seguir siendo irreconciliables en nuestros
puntos de vista y hasta en lo personal. Ahora,
cuando lo único que existe es el dolor
de los golpes y el peligro de la represión,
solo cabe el gesto solidario y alzarse como una
sola persona frente a los que buscan con estos
métodos impedir lo inevitable y paralizarlos
con el grito unánime de ¡Basta!
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