OPINIONES
Abril, 2007

El cierre de Vitral (I)

La luz que pretenden extinguir

Por Miguel Saludes

En ocasión del décimo aniversario de la revista católica Vitral dediqué un artículo donde establecí una relación metafórica entre la publicación y un célebre cuento infantil. Pinar del Río, la provincia más occidental del país, ha sido identificada desde antaño como la Cenicienta de Cuba. Al parecer la comparación proviene de la situación aparentemente desfavorable que tiene esa región colocada fuera del eje que enlaza a La Habana con Santiago de Cuba. Es precisamente en esa zona de la Isla donde surgió en 1994 uno de los proyectos socio-culturales más importantes en la época de la dictadura castrista.

Vitral, a la que comparé con el zapatico de cristal de la famosa narración, alcanzó a ser la más acabada e inteligente de las publicaciones cubanas aparecidas en estas últimas décadas, llegando a influir favorablemente en una visión abarcadora de las vías hacia la necesaria democratización de la sociedad. Bajo la dirección del laico Dagoberto Valdés y la colaboración de un equipo brillante, fue la primera en hablar claramente sobre temáticas complejas de la vida nacional. Términos como dictadura, totalitarismo y democracia fueron tratados en un lenguaje directo pero sin ofensas. Las páginas de la revista católica hablaron del Proyecto Varela, con las limitaciones comprensibles. También brindaron cobertura completa a la entrega del premio Sajarov otorgado a Oswaldo Payá Sardiñas, siendo la única en publicar de manera íntegra el discurso pronunciado por el disidente cubano en el Parlamento Europeo durante la aceptación del reconocimiento. Anteriormente Vitral había dado noticias de otros premios recibidos por el opositor.

Otras personalidades políticas y artísticas vetadas por la información oficialista aparecieron en estas páginas mediante artículos o entrevistas. Ricardo Arias Calderón, Oscar Arias, el padre Santana, Monseñor Román, Celia Cruz, Willy Chirino, Maricela Verena y los recién exiliados Albita Rodríguez, Marie Carles y Luis Nodal se asomaron al pueblo cubano a través de la ventana abierta por esta publicación. Trabajos escritos por miembros de la Democracia Cristiana en el exilio como José Ignacio Rasco y Gerardo Martínez Solana fueron leídos por miles de compatriotas.

Pero Vitral no creció sola. Junto a ella se desarrollaron múltiples ideas surgidas al calor del Centro Cívico y Religioso de Pinar del Río que tuvo en cuenta todas las posibilidades para viabilizar la sociedad civil cubana. Derechos Humanos, cursos para pequeños empresarios, equipos de consultoría jurídica con asesoría gratuita a ciudadanos con problemas o dudas legales, guarderías o la Hermandad para la Ayuda del Preso, formaban parte de esta maravilla. Esta última prestaba un servicio inestimable colaborando con recursos, incluso elaborando alimentos para enviarles a los presos de la diócesis.

Nadie quedó excluido de las celebraciones, conferencias y programas de estudio del Centro Cívico pinareño, ni siquiera los grandes excluidos. Gisela Delgado, Manuel Cuesta Morúa, Oswaldo Payá, Vladimiro Roca y Martha Beatriz Roque siempre contaron con un sitio especial en estos eventos. Escritos de Oscar Espinosa Chepe y de Raúl Rivero, ambos incluidos dentro del fatídico número 75 de la primavera Negra también ocuparon un espacio en Vitral a pesar de estar sufriendo condena. La labor de las bibliotecas independientes o el dolor de las Damas de Blanco no quedaron ajenos en la policromía de Vitral.

Realmente era mucho para la dictadura que se afanaba entre la cólera y la hipocresía de sus expresiones cuando catalogaba a la revista de contrarrevolucionaria o la ponía como ejemplo de tolerancia del régimen. En cierta ocasión en que los cañones de Granma enfilaron un editorial contra la disidencia interna no dudaron en incluir junto a los nombres de Oswaldo Payá y Elizardo Sánchez el de Dagoberto Valdés.

Ahora que se anuncia su cierre, es comos si estuviéramos en esa parte del cuento donde el frágil zapato se pierde poniendo fin al encanto. A la protagonista solo le esperaba la vuelta al hollín y la oscuridad. Pero todos sabemos que el final de la historia no es ese. Tampoco lo será para Vitral. Sabemos que el próximo zapato que se calzará, no Pinar del Río, sino toda Cuba, será de buena hechura democrática. Para ese día muchas otras ventanas esparcirán la luz de la libertad que nos mostró Vitral.

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