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El
cierre de Vitral (I)
La
luz que pretenden extinguir
Por Miguel Saludes
En ocasión del décimo aniversario
de la revista católica Vitral dediqué
un artículo donde establecí una
relación metafórica entre la publicación
y un célebre cuento infantil. Pinar del
Río, la provincia más occidental
del país, ha sido identificada desde antaño
como la Cenicienta de Cuba. Al parecer la comparación
proviene de la situación aparentemente
desfavorable que tiene esa región colocada
fuera del eje que enlaza a La Habana con Santiago
de Cuba. Es precisamente en esa zona de la Isla
donde surgió en 1994 uno de los proyectos
socio-culturales más importantes en la
época de la dictadura castrista.
Vitral, a la que comparé con el zapatico
de cristal de la famosa narración, alcanzó
a ser la más acabada e inteligente de las
publicaciones cubanas aparecidas en estas últimas
décadas, llegando a influir favorablemente
en una visión abarcadora de las vías
hacia la necesaria democratización de la
sociedad. Bajo la dirección del laico Dagoberto
Valdés y la colaboración de un equipo
brillante, fue la primera en hablar claramente
sobre temáticas complejas de la vida nacional.
Términos como dictadura, totalitarismo
y democracia fueron tratados en un lenguaje directo
pero sin ofensas. Las páginas de la revista
católica hablaron del Proyecto Varela,
con las limitaciones comprensibles. También
brindaron cobertura completa a la entrega del
premio Sajarov otorgado a Oswaldo Payá
Sardiñas, siendo la única en publicar
de manera íntegra el discurso pronunciado
por el disidente cubano en el Parlamento Europeo
durante la aceptación del reconocimiento.
Anteriormente Vitral había dado noticias
de otros premios recibidos por el opositor.
Otras personalidades políticas y artísticas
vetadas por la información oficialista
aparecieron en estas páginas mediante artículos
o entrevistas. Ricardo Arias Calderón,
Oscar Arias, el padre Santana, Monseñor
Román, Celia Cruz, Willy Chirino, Maricela
Verena y los recién exiliados Albita Rodríguez,
Marie Carles y Luis Nodal se asomaron al pueblo
cubano a través de la ventana abierta por
esta publicación. Trabajos escritos por
miembros de la Democracia Cristiana en el exilio
como José Ignacio Rasco y Gerardo Martínez
Solana fueron leídos por miles de compatriotas.
Pero Vitral no creció sola. Junto a ella
se desarrollaron múltiples ideas surgidas
al calor del Centro Cívico y Religioso
de Pinar del Río que tuvo en cuenta todas
las posibilidades para viabilizar la sociedad
civil cubana. Derechos Humanos, cursos para pequeños
empresarios, equipos de consultoría jurídica
con asesoría gratuita a ciudadanos con
problemas o dudas legales, guarderías o
la Hermandad para la Ayuda del Preso, formaban
parte de esta maravilla. Esta última prestaba
un servicio inestimable colaborando con recursos,
incluso elaborando alimentos para enviarles a
los presos de la diócesis.
Nadie quedó excluido de las celebraciones,
conferencias y programas de estudio del Centro
Cívico pinareño, ni siquiera los
grandes excluidos. Gisela Delgado, Manuel Cuesta
Morúa, Oswaldo Payá, Vladimiro Roca
y Martha Beatriz Roque siempre contaron con un
sitio especial en estos eventos. Escritos de Oscar
Espinosa Chepe y de Raúl Rivero, ambos
incluidos dentro del fatídico número
75 de la primavera Negra también ocuparon
un espacio en Vitral a pesar de estar sufriendo
condena. La labor de las bibliotecas independientes
o el dolor de las Damas de Blanco no quedaron
ajenos en la policromía de Vitral.
Realmente era mucho para la dictadura que se
afanaba entre la cólera y la hipocresía
de sus expresiones cuando catalogaba a la revista
de contrarrevolucionaria o la ponía como
ejemplo de tolerancia del régimen. En cierta
ocasión en que los cañones de Granma
enfilaron un editorial contra la disidencia interna
no dudaron en incluir junto a los nombres de Oswaldo
Payá y Elizardo Sánchez el de Dagoberto
Valdés.
Ahora que se anuncia su cierre, es comos si estuviéramos
en esa parte del cuento donde el frágil
zapato se pierde poniendo fin al encanto. A la
protagonista solo le esperaba la vuelta al hollín
y la oscuridad. Pero todos sabemos que el final
de la historia no es ese. Tampoco lo será
para Vitral. Sabemos que el próximo zapato
que se calzará, no Pinar del Río,
sino toda Cuba, será de buena hechura democrática.
Para ese día muchas otras ventanas esparcirán
la luz de la libertad que nos mostró Vitral.
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