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Pasándola
bien bajo el brillo del poder
Por Miguel Saludes
Todos los años van a Cuba. A veces son
convidados a algún evento especial. Otras
simplemente porque tienen alguna misión
que cumplir, sea esta de carácter espiritual
o de trabajo. Otros nada más llegan para
disfrutar de las bondades turísticas que
la Isla ofrece a los foráneos y a muy pocos
de los que la habitan. Al final, de alguna forma,
dejarán plasmadas sus impresiones a favor
del sistema que rige en el país, criterios
que la propaganda oficial utilizará profusamente
para su beneficio. Estos visitantes conforman
el grupo nada despreciable de los admiradores
del poder absoluto. Muchos brillan con luz propia
en el mundo de las libertades.
Los ilustres huéspedes coinciden en expresar
la gran admiración que sienten por la personalidad
del octogenario comandante y la revolución
que dirige, pero lo que tal vez se anide en el
fondo de ese sentimentalismo es la misteriosa
devoción que profesan los hombres hacia
el ejercicio de una autoridad desbordada a la
que muy pocos tienen posibilidad de acceder. Parafraseando
aquella frase aparecida en la prensa perestroikista
de la década prodigiosa de los ochenta-
todo poder corrompe pero el poder absoluto corrompe
absolutamente- se puede agregar que el poder gusta
a todos pero el despótico resulta perturbador
hasta el deslumbre, incluso para quienes lo padecen.
Recientemente se dieron cita el mayor número
de estos simpatizantes de las dictaduras de izquierda
cuando acudieron a La Habana invitadas por la
fundación Guayasamín para estar
presentes en los festejos por el cumpleaños
ochenta del dictador.
De los visitantes que menudean por la Isla manifestando
su apego hacia el régimen cubano a través
de la prensa oficial, aunque en algunos casos
después lo nieguen, no faltan connotadas
figuras internacionales. Una muestra de esa extraña
atracción que provoca en determinadas personalidades
la dictadura más perseverante del continente
americano es el trío compuesto por Gérard
Depardieu, actor célebre del cine francés,
Ken Livingstone, alcalde de Londres y Gore Vidal
un famoso escritor norteamericano, de cuyas obras
los cubanos apenas han visto publicada una. Los
tres se han destacado en los ámbitos del
arte, la escritura y la política, algo
que han logrado hacer respectivamente dentro de
sociedades donde prevalece la democracia, con
todos sus defectos.
Para Gérard Depardieu el gobernante Castro
constituye la personificación de una gran
idea. Según su opinión ese concepto
es mucho más importante que el hombre mismo.
Es notorio que el actor galo emitiera tal juicio
acompañado por los empresarios franceses
Roger Lannier, Michel Reybier y Gérard
Bourgoin, quienes según el periódico
Granma, mantienen una sostenida relación
comercial con Cuba. Es difícil saber donde
empalman nociones tan idealistas y el pragmatismo
del negocio. Según confesó Depardiu
esta es su decimoquinta estancia en la Mayor de
las Antillas donde afirma que siempre descubre
fuentes nuevas. Habría que preguntarle
al protagonista del Jean Valjean de los Miserables
cuál de esos surtidores por él descubiertos
emana la justicia capaz de aliviar el escarnio
que sufren los tienen un pensamiento diferente
al que impone el gobierno.
Por su parte el señor Ken Livingstone,
alcalde de Londres, después de alabar a
la Revolución cubana, calificando a Fidel
Castro como uno de los más grandes hombres
del siglo veinte, destacó los logros del
sistema cubano en materia de educación
y de salud pública, a pesar del bloqueo
"increíble e ilegal" mantenido
por Estados Unidos. Al señor Livingstone
le escuece que Cuba, con la quinta parte de la
población total de Gran Bretaña,
haya obtenido la misma cantidad de medallas doradas
que el país europeo en la pasada Olimpiada
del 2004. El señor Livingstone quiere saber
como hace el gobierno cubano para lograr semejante
desempeño, tal vez con el propósito
de aplicar la fórmula en los juegos de
verano que Londres organizará dentro de
seis años. No tiene que indagar mucho el
alcalde inglés para saber que todo el secreto
se encuentra en el ejercicio arbitrario del poder,
siendo preferible que sus compatriotas queden
sin medallas antes que a cambio entreguen sus
destinos a los designios de un obseso del uso
de facultades ilimitadas para mandar en sus vidas.
El último miembro de este triunvirato
de incondicionales del régimen de La Habana
es Gore Vidal, autor de la novela histórica
Burr, quien al referirse al gobierno de su país
manifestó que Norteamérica vive
bajo una dictadura. Para llegar a esa conclusión,
el escritor dijo que en Estados Unidos se ha suprimido
el habeas corpus, se atenta contra los derechos
de las personas y se echan a un saco roto las
bases legales de la Carta Magna. El escritor hizo
estas declaraciones acompañado de los sensores
del socialismo caribeño, mientras participaba
en un homenaje a John Lennon. Frente a la estatua
del "asesinado activista por la paz"-
título que recibe ahora el ex Beatle en
los medios cubanos- Vidal se calificó como
el último buen americano, preocupado por
defender la ética y la historia de su país,
así como por la recuperación de
la decencia y el respeto nacional. ¿Ignora
acaso que los males de que acusa a su gobierno
son los que desde hace cuatro décadas imperan
en la isla antillana? Allí la propia Legislación
socialista ha sido pisoteada por sus creadores
para negarle al pueblo la solicitud de un referéndum
constitucional nombrado Proyecto Varela. Centenares
de hombres han sido fusilados, perseguidos, acusados
en juicios sumarios y encarcelados por el único
motivo de disentir. No existe libertad de expresión
ni de información. ¿Qué calificativos
usaría el señor Vidal, que asevera
ser un hombre que llama las cosas por su nombre,
para definir esta situación?
Parece que a Gore Vidal las musas no le tienen
en cuenta desde hace un tiempo considerable. Esa
cuestión parece no incomodarle. En cambio
dice tener una gran preocupación por la
actitud de los que gobiernan en su nación.
Coincidencia de inquietudes tienen los que padecen
el control totalitario del gobierno cubano y además
tienen que soportar juicios emitidos de manera
tan irresponsable sobre el mal que les oprime.
A una pregunta de un periodista sobre el por
qué Cuba era centro de su atención
en estos precisos momentos, Gore dio una respuesta
breve pero bastante esclarecedora sobre las razones
que asisten a estos aduladores de los poderes
terrenales ajenos y que es válida para
buena parte de los amigos del castrismo, huéspedes
venidos del mundo capitalista y recibidos con
todo tipo de consideraciones por la cúpula
gobernante. "La estoy pasando bien."
Mimados de la fama, con dinero suficiente y el
disfrute de amplias libertades, solo les falta
codearse con el poder que deslumbra, el mismo
que a otros deja sin vista y sin vida. Eso poco
les importa si al final siempre la pasan bien.
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