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domingo, 20 de abril 2014

Nombres extravagantes en Cuba preocupan a los expertos

LA HABANA, Cuba, 7 de mayo (Agencias, 173.203.82.38)  - Algunos de los nombres extravagantes surgidos en las últimas décadas en Cuba están causando preocupación entre los expertos, que ahora piden que se apliquen normas jurídicas más claras para evitar que los archivos del registro civil continúen  atiborrándose de “Dumislaydis”, “Odlanieres” o “Usnavis”. Según un reporte…

LA HABANA, Cuba, 7 de mayo (Agencias, 173.203.82.38)  - Algunos de los nombres extravagantes surgidos en las últimas décadas en Cuba están causando preocupación entre los expertos, que ahora piden que se apliquen normas jurídicas más claras para evitar que los archivos del registro civil continúen  atiborrándose de “Dumislaydis”, “Odlanieres” o “Usnavis”.

Según un reporte de la agencia Efe, el periódico oficial Juventud Rebelde dedicó recientemente un artículo donde se señala que, aunque inventar nombres propios en Cuba es una práctica común que persigue la originalidad, muchas veces el vocablo que surge es “impronunciable” y difícil de entender.

Las tendencias para escoger un nombre propio en Cuba incluyen la adaptación de palabras de otros idiomas, la formación de híbridos con los nombres de los padres, la inversión de palabras o puras extravagancias que no tienen explicación, de acuerdo con la publicación.

Como resultado de las mezclas, hay nombres como Robelkis (Roberto y Belkis), Migdisray (Migdalia y Raymundo), Geyne (Gerónimo y Nelly), Yaneymi (Yanet y Mijail) o Mayren (Mayra y René). La opción de invertir las palabras ha creado otros como Ailed a partir de Delia; Adianez por Zenaida, y hasta Orazal por Lázaro.

Entre los casos más particulares están las adaptaciones criollas de términos extranjeros, muchos de ellos del inglés: Leydi por “lady”, Maivi por “maybe”, Olnavy por “Old Navy”, Usnavi por “U.S. Navy” y Danyer por “danger”.

Aurora Camacho, miembro del Instituto Cubano de Literatura y Lingüística, dijo a Juventud Rebelde que en la isla se mantienen vigentes nombres de arraigo cultural, y más sencillos, como María o Pedro, aunque “ciertamente con menos frecuencia”. Añadió que en Cuba “se ha olvidado” la antigua costumbre de consultar el santoral y de asignar varios nombres, ya que de hecho las leyes del país no permiten que una persona tenga más de dos.

Según apuntó Camacho, el marco jurídico cubano es ambiguo porque la Ley del Registro del Estado Civil establece de manera general la libertad de las personas para escoger nombres en correspondencia con las tradiciones y el desarrollo educacional y cultural.

Su opinión es que, por ejemplo, se debería potenciar el papel de los registradores civiles en los hospitales porque ellos podrían ser “guías y orientadores” ante este fenómeno.

En Cuba también hay una tradición de herencia de nombres de otras culturas, como la rusa (Yuri, Boris, Tatiana, Yordanka, Katia), y de usar topónimos hasta cierto punto exóticos para el Caribe como Yasnaya, Hanoi o Yakarta.

A la hora de jugar con las palabras, existen casos que combinan pronombres personales como “yo, tú y él” para formar Yotuel, o la unión del término “sí” o de su pronunciación en varios idiomas: Dayesí y Widayesí.

Los inventos de nombres con la letra “Y” han sido una constante durante varias generaciones y ya son tradición en el país: Yanisey, Yumilsis, Yumara, Yosbel, Yadel, Yulieski, Yovel, Yolaide, Yamisel, Yirmara, Yoelkis, Yuset, Yohendry, Yoanni, Yander, Yunier.

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