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lunes, 28 de julio 2014

El éxodo y la reforma migratoria, el dilema del régimen cubano

Muchos dirigentes de la “vieja guardia” no aceptarían un giro tan radical en las normas que ellos mismos impusieron.

LA HABANA, Cuba, 31 de agosto (Agencias, 173.203.82.38) – Los altos índices de emigración en Cuba, principalmente de jóvenes, preocupan al régimen castrista, que busca conciliarse con aquellos que calificó de traidores cuando abandonaron la isla, pero cuyo potencial monetario necesita para apuntalar una economía cada vez más endeble.

Es por ello que en los últimos tiempos se escuchan en Cuba voces, incluyendo las de fieles partidarios del régimen como el cantautor Silvio Rodríguez, que abogan por una reforma migratoria que  levante las arcaicas restricciones de viaje impuestas a los cubanos dentro y fuera del país.

“Es muy doloroso que haya tanta gente queriendo regresar a su país y que no pueda. Eso me parece inadmisible. Igualmente lo pienso de los que se quieren ir y no pueden”, dijo Silvio Rodríguez en una entrevista concedida en 2011 al semanario  Trabajadores, órgano oficial del único sindicato permitido en Cuba.

En agosto del año pasado el gobernante Raúl Castro confirmó que la política cubana de migración se iba a modificar porque, según dijo, ya no tienen razón de ser algunas regulaciones que se justificaban en 1959 “para defender la revolución”.

En abril de este año, Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional, aseguró que la nación caribeña se aprestaba para “una reforma migratoria radical”, solo para unos meses después  decir que  “no había una fecha” para la aprobación de tal reforma y que el levantamiento de las restricciones “es un trabajo que toma su tiempo”.

El pasado 23 de julio, durante la clausura de la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional, Raúl Castro aseguró que la tan esperada reforma migratoria no había sido relegada, y ratificó la voluntad de concretarla “de forma paulatina”, pero dejó nuevamente en el suspenso a miles de cubanos que dentro y fuera de la isla esperaban ver caer lo que muchos consideran “un muro de Berlín”.

Esta semana el periódico oficial Invasor, de la provincia Ciego de Ávila, publicó una entrevista con Antonio Aja Díaz, director del Centro de Estudios Demográficos (Cedem) de la Universidad de La Habana, quien considera que Cuba debe seguir el modelo de algunos países asiáticos si quiere cambiar la tendencia al declive poblacional causado por el éxodo de su población.

“Cuba debe apostar por la circularidad y temporalidad de la persona, sin que ello signifique una salida definitiva, para aprovechar las potencialidades de su población joven, profesional, como lo hacen otros países y ese es el caso de China y Vietnam”, detalló Aja en declaraciones que también reprodujo la agencia Efe.

Aja recordó, no obstante, que “pocos países tienen en su principal receptor de emigración, su principal antagonista político y económico”, como le sucede a Cuba con Estados Unidos, cuyas leyes permiten a los cubanos que logran poner un pie en ese territorio solicitar su residencia permanente un año después bajo la llamada Ley de ajuste cubano.

El dato que aportó el especialista es cuestionado por quienes consideran que la Ley de ajuste cubano, lejos de ser un impedimento para el flujo a la isla de la mayor masa de emigrados, permite a los solicitantes recibir la residencia estadounidense en un tiempo récord, en comparación con otras nacionalidades que llegan a EE.UU., o de los largos procesos de espera a que deben someterse los cubanos en otros países.

Una vez que obtienen su estatus legal en territorio norteamericano, miles de cubanos regresan de inmediato para desembolsar cada año millones de dólares en su país natal. Irónicamente, la “asesina” Ley de ajuste cubano, como la califica el régimen de La Habana,  aporta una fuente inagotable de visitantes que llevan a la isla mercancías y divisas.

De acuerdo con datos oficiales recientes, el crecimiento poblacional en Cuba está prácticamente estancado por el creciente éxodo, sobre todo de jóvenes, y por la baja natalidad (uno de cada seis cubanos tiene más de 60 años). Solo la emigración le robó a la población de la isla 39,263 habitantes en 2011, un 3 por ciento más que en 2010 y un 7 más que en 2009.

“El envejecimiento de la población ya no tiene solución”, admitió el pasado 23 de julio ante la Asamblea Nacional el vicepresidente Marino Murillo, responsable de las reformas económicas que impulsa Raúl Castro.

La hija del propio Murillo desertó el mes pasado en Estados Unidos tras cruzar la frontera desde México. De acuerdo con reportes del diario El Nuevo Herald, Glenda Murillo, de 24 años de edad, está ahora en la localidad miamense de Hialeah junto a su novio, con quien piensa trasladarse a la ciudad de Tampa, en la Florida.

“Son decenas de miles los que emigran cada año, jóvenes sobre todo y calificados, proceso que nos cuesta miles de millones de dólares, sin que podamos nunca resarcirnos de tales perdidas”, destacó el académico Esteban Morales en su blog personal, según dijo la agencia Efe.

Para Morales, “hay que tomar medidas activas, pragmáticas, inteligentes” para “aliviar la situación tan desventajosa” que está creando la emigración, sin dejarse “atenazar por criterios obsoletos”.

Abdel, un informático de 35 años que vive en La Habana, considera que el “escenario perfecto” para él seria poder salir del país con su familia por temporadas para trabajar, mejorar sus ingresos y luego regresar sin dificultad.

“No todos tienen esa opción. Pero los que la tienen deberían poder tomarla sin tener que irse de Cuba perdiendo sus derechos aquí y con fecha límite de casi un año para no convertirse en un exiliado”, como sucede ahora, dijo a Efe.

El problema pudiera no estar fuera de Cuba, sino dentro. Como sucede con los cambios  económicos que ha puesto en marcha Raúl Castro, la reforma migratoria supone un punto de giro en la política cubana que muchos dirigentes de “la vieja guardia” no están dispuestos a aceptar. Mientras tanto los cubanos, asfixiados entre carencias y limitaciones, esperan el momento de salir, aunque con esa partida renuncien para siempre al derecho de volver a vivir en su tierra.

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