SUPLEMENTO ESPECIAL DEDICADO A JORGE MAS CANOSA
Publicado el sábado, 6 de diciembre de 1997 en El Nuevo Herald
26 de noviembre

..."mi lealtad
es a los altos ideales democráticos, al respeto a los derechos humanos, y
a promover en Cuba las mismas oportunidades que disfrutamos los cubanos que
vivimos en democracia fuera del país, porque en Cuba no las hay..." Jorge
Mas Canosa 1939-1997
26 de noviembre
25 de noviembre |
24 de noviembre |
Primera Pagina
Adelante, adelante, adelante.
Alberto Ibargüen Editor de El Nuevo Herald
Este suplemento es un evento
extraordinario. En la historia de este periódico, nunca se le ha dedicado
un número entero a un individuo. Hoy rompemos con esa tradición y
se lo dedicamos a Jorge Mas Canosa, cuya vida estuvo inextricablemente ligada a
la historia del exilio. De ahí que cuando este periódico, cuya
misión es relatar y reflejar la historia de esta comunidad, hace una
pausa para contar la historia de esa vida, estamos también contando la
historia de esta comunidad.
Recogemos hoy los datos esenciales de la vida y la muerte del líder más
importante que haya producido el exilio cubano. La vida y la muerte de un hijo
de Cuba que logró fama y fortuna en su país adoptivo, pero murió
soñando con la libertad de su tierra natal. Mostramos aspectos de una
vida turbulenta, llena de éxitos, sacrificios y desafíos. Vendrán
luego académicos e investigadores que hablarán a fondo del hombre,
la política, su país y su tiempo. Nosotros, como le corresponde a
un periódico, ofrecemos el primer borrador de esa historia.
Jorge Mas Canosa supo dar voz al dolor, la angustia y la indignación
del exilio y también fue vocero de sus esperanzas. Y porque supo hacerlo,
logró el respaldo de su comunidad. Ideó planes, desarrolló
estrategias y creó los mecanismos necesarios para llevarlas a cabo.
Lo hizo sin pedir disculpas ni permiso. Lo hizo porque sí. Porque creía
en sí mismo y en sus ideales. Tal vez por eso algunos no lo aceptaban.
No buscaba la aprobación de nadie, sólo buscaba la tecla clave que
tenía que tocar para que se abrieran puertas a la causa que tanto quería.
Pero en fin, era simplemente un hombretodo un hombre, como decía
Unamunocon sus virtudes y defectos. Qué extraordinario es
encontrarse con un hombre así, que se identificó tan total y
efectivamente con una causa que hablar de Mas Canosa es hablar de Cuba libre. Y
hablar de la causa de Cuba libre sin hablar de Mas Canosa es ya imposible. Pero,
lamentablemente, tendrá que continuar sin él.
Al preguntársele cómo debería trazarse la lucha por la
libertad, él respondió con un gesto de generosa visión el
ahora ya famoso "Adelante, adelante, adelante''. Es decir, no miren para
atrás, mantengan fija la mirada en el horizonte, que allí
encontrarán lo que añoramos.
Frecuentemente, el líder y el periódico tuvieron desacuerdos.
En el futuro, el periódico y los diversos líderes podrán en
ocasiones estar en desacuerdo. Eso es parte normal del ejercicio de nuestros
derechos en una democracia. Por hoy, sin embargo, queremos que esa vida y este
homenaje sirvan como punto de convergencia para toda la comunidad.
Este suplemento de El Nuevo Herald se le dedica, con afecto y respeto, a una
vida comprometida con una causa en la que todos creemos.
Copyright © 1997 El Nuevo Herald
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La medida de un líder
Publicado el sábado, 6 de diciembre de 1997 en El Nuevo Herald
LUIS AGUILAR LEON
Solía decir Nietzsche que los verdaderos líderes se miden por
la calidad y la cantidad de sus enemigos. Aun juzgado en ese plano, Jorge Mas
Canosa ocupa una distinguida jerarquía. Hombre pragmático,
auroleado por el triunfo, impaciente ante las demoras, y siempre seguro de que
su camino era el correcto, era muy natural que Jorge Mas Canosa acumulara una
buena cuota de temibles adversarios. El odio de Fidel Castro fue, seguramente,
su más alto galardón.
A pesar de Nietzsche, sin embargo, resulta bien injusto medir a cualquier líder
tan sólo por el número y la estirpe de sus enemigos. A esa regla
negativa hay que añadirle una positiva y, tal vez, más importante:
la cuantía de afecto que dan y reciben esos dirigentes. En el caso de
Jorge Mas Canosa, quien fue muchas cosas para mucha gente, conviene destacar
que, además de adversarios, Jorge supo despertar amplios círculos
de admiración y respeto, hondos cariños e inquebrables lealtades,
y logró forjar una familia de alta calidad humana.
Pero hay otras positivas dimensiones. La fortuna de Jorge Mas Canosa, quien
llegó al exilio sin nada, le hubiera permitido reclinarse en su dinero y
contemplar la tragedia cubana evadiendo el andar por ese sendero erizado de
espinas que es la lucha anticastrista en Miami. Pudo hacerlo, pero no lo hizo.
Movido por su ambición personal, lo cual no es criticable, o por un ideal
patriótico que le consumía el espíritu, Jorge Mas Canosa se
volcó tan intensamente en la larga batalla por la libertad de Cuba, que
su perfil aparecía en cualquier rincón donde se discutiera el
drama cubano. Fue Jorge el primer cubano que se dio cuenta de que los cables de
esa campaña no formaban un cerrado circuito en Miami, sino que se
tensaban en Washington. Con su usual dinamismo, organizó la Fundación
Nacional Cubano Americana, y solicitó contribuciones financieras y apoyo
a sus planes.
El resultado alteró la faz del exilio. Por primera vez en esta larga
jornada, su voz, la voz de la Fundación, la voz de un cubano exiliado,
tuvo peso en Washington, fue escuchada por los más poderosos políticos
del continente e irradió su influencia en Europa y en la América
Latina. Puede haber desacuerdos sobre el mensaje, pero nadie discute que el
mensajero había ampliado al mundo los estrechos límites de Miami.
Nadie le niega el triunfo que significó la creación de Radio
Martí, la emisora que quebró y continúa quebrando el
monopolio de noticias que como densa niebla había cerrado Castro sobre
Cuba. Ni el mérito de muchos de sus planes, como traer a Miami a cubanos
pobres, exiliados, que habían quedado arrumbados en diversos rincones del
continente; ni su capacidad para organizar reuniones internacionales donde la
causa de Cuba fuera presentada en la plenitud de sus dolores, ni su capacidad de
estar presente allí donde era necesario que se escuchara la voz de un
cubano. Jorge Mas Canosa jamás vaciló ni dio un paso atrás
cuando se trataba de Cuba.
Al final, el destino, ese enigmático factor que rige nuestras vidas,
le deparó una muerte prematura y cruel. Su enfermedad fue de ésas
que trituran lentamente al cuerpo y demandan un esforzado estoicismo del
paciente y de sus familiares. Bien sé que Jorge Mas Canosa y sus
transidos cariños respondieron cabalmente a ese brutal golpe de la
fatalidad. Dios, nos dicen, no los propina donde no haya capacidad de
soportarlos. Y bien vi cómo el pueblo cubano del exilio, de todas las
edades y todas las clases, desfiló en silencio frente a su consumido cadáver,
purificado por el sufrimiento, con una expresión de orfandad en los
rostros.
Por eso, aunque yo nunca he sido miembro de la Fundación ni fui amigo
íntimo de Jorge Mas Canosa, no puedo concluir sin confesar mi inútil
ira, mi cerrar los puños contra el destino cuando pienso que allá
en la isla, un sangriento y abominable dictador, trece años más
viejo que Jorge Mas Canosa, sigue triturando al pueblo cubano mientras acá
un viento negro silencia a sus más formidables adversarios. Tal
sentimiento se rebela contra la resignación. No, no me resigno. Ya Jorge
Mas Canosa puede descansar en paz. Frente a su tumba, prematuramente abierta, yo
no puedo.
Copyright © 1997 El Nuevo Herald
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El cortejo fue multitudinario
Con honores propios de un héroe fue enterrado
el martes Jorge Mas Canosa, el presidente de la Fundación Nacional Cubano
Americana. Al sepelio, el más grande de la historia del Miami moderno,
concurrieron decenas de miles de personas.
Publicado el miércoles, 26 de noviembre de 1997 en El Nuevo
Herald CYNTHIA CORZO Redactora de El Nuevo Herald
Los gritos de "Adelante, Adelante, Adelante'' estremecían. El
himno nacional cubano nunca sonó tan impresionante como en las voces de
los miles que el martes acompañaron a Jorge Mas Canosa hasta su tumba. En
ella, un poquito de tierra cubana.
En el entierro más grande en la historia del Miami moderno, el líder
de la Fundación Nacional Cubano Americana fue sepultado ante la mirada
sombría de familiares, amigos y admiradores que, unidos en el dolor,
elevaban pequeñas banderas cubanas hacia el cielo.
El último en despedir a Mas Canosa fue su hijo mayor, Jorge Mas
Santos, que habló de la vida y los sueños de su padre.
"Adiós, papá. Siempre estarás en nuestros
corazones'', afirmó Mas, hijo, ante la tumba de su padre en el cementerio
Woodlawn Memorial Park de La Pequeña Habana. "Que descanses en
eterna paz y perpetua luz''.
Mas Canosa falleció el domingo, a los 58 años, tras una ardua
batalla contra el cáncer.
La escena del último adiós: una triste trompeta tocando diana
y disparos de una guardia de honor de los veteranos de Bahía de Cochinos.
Sentado frente al féretro, Mas, hijo, lloraba silenciosamente. A su lado,
su madre, Irma, abrazaba la bandera cubana que cubría el ataúd del
líder. José Ramón Mas, hijo menor de Mas Canosa, se
arrodilló frente a la tumba y dejó caer en su interior un lirio.
Mely González, miembro de la Fundación, depositó una
rosa blanca sobre el féretro y sumida en llanto dijo: "En nombre de
las mujeres de la Fundación le doy esta rosa al amigo sincero . . .
gracias, Jorge''.
Ninoska Pérez Castellón, directora de la Fundación,
virtió un frasco de tierra cubana sobre el féretro mientras era
colocado en la tierra.
De la multitud que acudió al cementerio se escaparon sollozos. Una a
una, las voces de los presentes se unieron en un coro del himno nacional de
Cuba, un conmovedor tributo al hombre que convirtió en suya la lucha por
la libertad de la isla y que elevó la necesidad de llevar la democracia a
la isla hasta los pasillos del Capitolio y las más importantes cancillerías
del mundo.
"Viva Mas Canosa'', gritó una voz masculina.
"Un hombre que ha luchado por el bien de su pueblo nunca muere'', aclamó
una mujer que filmaba el sepelio en una videograbadora.
"Gracias, Mas Canosa'', exclamó otro.
Las palabras con las que Mas Canosa se despidió de los miembros de la
Fundación, "adelante, adelante, adelante'', resonaron una y otra vez
tanto en el velorio, como en la misa y el sepelio. Con ellas les encomendó
continuar la batalla por hacer su sueño realidad: ver a una Cuba libre y
democrática.
"No tengo ninguna duda de que en este momento está allá
arriba cabildeando a favor de una Cuba libre'', dijo Raúl Mas Canosa, el
hermano menor del líder, al despedir el duelo en la iglesia St. Michael,
donde fue velado desde el lunes. "La ironía de la muerte de Jorge
siempre servirá para hacer la eventual libertad de Cuba aun más
dulce. Miren muy de cerca en los meses venideros, porque estoy seguro que verán
la barba de Fidel Castro tornarse más canosa''.
Mas Canosa y su labor fueron recordados el martes durante una misa en St.
Michael durante la cual miles de compatriotas lloraron y rezaron por él y
por Cuba. La iglesia, con capacidad para unas 2,000 personas, estaba repleta.
Otros miles escucharon la misa a través de altoparlantes colocados en el
exterior de la iglesia.
Ancianos, profesionales, trabajadores, y niños dijeron presente para
rendir tributo al líder del exilio cubano. Un grupo de alumnos de las
escuelas Lincoln-Martí que estuvieron en los campamentos para balseros de
la Base Naval de Estados Unidos en Guantánamo, desfilaron frente al féretro
portando un cartel que decía: "Jorge Mas Canosa, siempre te
recordaremos''.
"¿Por qué murió él y el tirano vive?'',
comentó Dinoraly Simeón, de 79 años. "Esto es muy, muy
triste''.
Agregó Juan Ravelo, gerente de JM Family Enterprise, distribuidores
de Toyota: "Sólo él supo llevar nuestra batalla más
allá de las fronteras del sur de la Florida; llevó la lucha a las
entrañas de Washington''.
Oraciones y cantos llenaron la iglesia donde el féretro de Mas Canosa
reposaba en el pasillo central cubierto con una bandera cubana y acompañado
de una vela blanca. Cientos de coronas de flores, muchas en forma de las
banderas de Cuba y Estados Unidos, descansaban contra las paredes; otras fueron
colocadas en el exterior de la iglesia porque no cabían en su interior.
Las notas de Llévenme para allá, del trovador cubano Pedro Tamayo,
se escucharon antes de iniciarse la misa, que fue trasmitida por radio y
televisión.
"Toda separación es dolorosa, y ésta es un poco más,
porque es dolor de todo un pueblo, de un pueblo que sufre en la patria la
esclavitud y que sufre en el destierro el desgarramiento de la ausencia. De un
pueblo que acaso ahora mira al cielo sintiéndose desamparado, falto de guía,
desanimado'', afirmó monseñor Agustín Román, obispo
auxiliar de la arquidiócesis de Miami, que concelebró la misa. "Vamos
a mirar el cadáver de este cubano que luchó hasta el último
día de su vida y vamos a decir ¡No! al desánimo. Vamos a
mirar a los ojos de Jesucristo y decirle ¡No! a la desesperanza''.
Prominentes empresarios y políticos cubanoamericanos, figuras del
exilio y de América Latina dijeron presente. La Casa Blanca envió
una delegación integrada por María Echaveste, asistenta del
presidente Bill Clinton, y Joseph Duffey, director de la Agencia de Información
de Estados Unidos (USIA), entre otros.
El senador demócrata por Nueva Jersey, Robert Torricelli, instó
a los presentes a no ver la muerte de Mas Canosa como una derrota para la causa
de Cuba, ni como una victoria para Fidel Castro, sino como una celebración
del amor de Mas Canosa por su patria.
"Jorge Mas Canosa quería sólo que el pueblo de Cuba viva
en la libertad que el mundo le otorga a todas las otras personas'', afirmó
Torricelli. "Pero el regalo mayor de Jorge Mas Canosa fue que creó
un movimiento más grande que él mismo: el compromiso de Estados
Unidos, la determinación de los cubanos de poner fin a la tiranía''.
A las 12:35 p.m., policías de Miami interrumpieron el tránsito
por la calle Flagler desde la avenida 27 hasta la 33 para dar paso a la procesión
que acompañó a Mas Canosa hasta el cementerio Woodlawn en la Calle
Ocho.
Miles salieron desde St. Michael junto al carro fúnebre que llevaba
los restos de Mas Canosa y dos limosinas donde viajaban sus familiares.
Vecinos de la avenida 32 salieron a las puertas de sus casas a ver pasar el
cortejo fúnebre. Muchos filmaban la procesión.
"Es un día muy grande y muy histórico. Es importante
tenerlo en video, la despedida del líder más grande que ha tenido
el exilio'', explicó Porfirio Betancurt, mecánico de 35 años
que se subió al techo de su furgoneta Dodge para ver pasar el funeral.
Su vecina de enfrente, Bianca Triana, de 42 años, también salió
a la calle. Lo hizo con un cartel escrito a mano: "Familia Triana da
nuestro profundo pésame a la familia Mas Canosa''.
Muchos de los dolientes coincidieron en que la muerte de Mas Canosa
fortalecerá el exilio.
"Esto puede ser el aldabonazo a la conciencia de todos los cubanos; un
renacer de la lucha y el vigor en el exilio'', estimó Eytel Piñón,
de 71 años, natural de Cárdenas.
Los miles de dolientes que acompañaron a Mas Canosa hasta su última
morada se mantuvieron reverentes pero no silenciosos; se mostraban tristes, pero
no desesperanzados.
Durante la procesión de una hora hasta el cementerio, los acordes del
himno nacional de Cuba brotaban incesantemente de entre la multitud, que tampoco
contenía sus gritos de "Adelante, adelante, adelante!'', las últimas
palabras del carismático líder del exilio.
"¡Qué viva Cuba libre! ¡Qué viva Mas Canosa!'',
coreaban algunos a todo pulmón.
"¡Jorge, no te olvidaremos!'', prometían otros.
La limosina negra que llevaba el féretro, rodaba sobre una alfombra
de rosas rojas, blancas y amarillas que la muchedumbre arrojaba a su paso. La
viuda de Mas Canosa, Irma, y sus tres hijos, visiblemente compungidos, marchaban
cabizbajos detrás de los restos del jefe de la familia, aunque de cuando
en cuando levantaban la mirada y ofrecían una sonrisa triste a la emotiva
multitud que flanqueaba la comitiva fúnebre.
"Gracias a Dios que tenemos un día tan perfecto para despedir a
nuestro hermano'', dijo mientras marchaba Atanasio Corrado, cubano de 57 años,
en referencia a las condiciones del tiempo. "No hace calor, hay una brisita
agradable y no ha llovido, a pesar de que escuché un pronóstico en
la radio que decía que caerían aguaceros''.
Estela Bolañez, mexicana que se unió a la procesión,
dijo: "Entiendo el dolor del pueblo cubano por su patria, y espero que con
la muerte no se detenga la obra de este gran hombre''.
El cementerio Woodlawn, inaugurado en 1913, se ha convertido en la última
morada de prominentes residentes de Miami, incluyendo tres presidentes cubanos:
Carlos Prío Socarrás, que gobernó de 1948 a 1952 y se
suicidó en su casa de Miami Beach en 1977; Gerardo Machado, destituido
por un golpe de estado en 1933 y que murió en Miami Beach en 1939; y
Carlos Hevia, que gobernó por un día en 1933 y murió en
1964. También descansan allí los restos de Anastasio Somoza, ex
dictador nicaragüense derrocado en 1979 y asesinado un año más
tarde en Paraguay.
Una vez que el féretro de Mas Canosa quedó colocado en la
tierra y la familia comenzó a abandonar el cementerio, cientos de
simpatizantes se acercaron a la tumba para dejar caer dentro de ella flores,
algunas tomadas de las coronas, y las pequeñas banderas cubanas que habían
agitado durante la misa y el sepelio.
Mientras se secaba las lágrimas, Nieves Rodríguez, que llegó
a Estados Unidos en 1980 durante el puente marítimo Mariel-Cayo Hueso,
dijo: "Mas Canosa ha hecho mucho por todos los cubanos. Vine hoy aquí
por él y por la libertad de mi patria''.
Las redactoras de El Nuevo Herald Cristina Lladó, Jeannette
Rivera-Lyles, Fabiola Santiago y Elisabeth Donovan, contribuyeron a esta
información.
Copyright © 1997 El Nuevo Herald
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Seguidores dan muestras de fidelidad
Personas de todas las edades y extracciones se
unieron al servicio fúnebre y el sepelio del fallecido líder Jorge
Mas Canosa, destacándose la presencia de gente de bastante edad, que no
vaciló en permanecer un día entero en la iglesia con tal de
participar en las ceremonias.
Publicado el miércoles, 26 de noviembre de 1997 en El Nuevo
Herald JEANNETTE RIVERA-LYLES Redactora de El Nuevo Herald
El fallecimiento de Jorge Mas Canosa despertó en el mundo un sinfín
de hermosos reconocimientos a su persona. Pero tal vez el homenaje más
significativo fue el sacrificio que algunos tuvieron que hacer para poder acompañarlo
hasta su última morada.
Dinorali Simeón, diminuta anciana cubana de 72 años, permaneció
unas 24 horas en la Iglesia St. Michael, donde fue velado el líder, para
asegurarse de que tendría un lugarcito estratégico desde donde
poder decir adiós al hombre al que se refirió como "su
amigo''.
"¿Dónde durmió?'', le preguntó El Nuevo
Herald. "Mi'ja, yo no vine aquí a dormir'', fue su respuesta. "Vine
a hacerle compañía a un gran amigo desde hace 28 años''.
Con respecto a la suposición lógica de que a su edad debía
de ser muy difícil permanecer en vela tanto tiempo, Simeón dijo
que aunque había sido un sacrificio, no era gran cosa, pues su amigo Mas
Canosa "se merecía eso y mucho más''.
A la anciana la acompañaban otras tres amigas, todas más o
menos de su misma edad. Vestidas de luto, empuñaban ramos de flores que
querían ofrecer a Irma, la viuda del fallecido líder.
Cuando se hizo evidente que no podrían atravesar el cordón de
policías que flanqueaba a la viuda y a sus tres hijos, Simeón y
sus amigas irrumpieron en gritos de "Viva Cuba libre!'', y optaron por
arrojar las flores al paso del cortejo fúnebre.
Julio Murias, a pesar de estar confinado a una silla de ruedas, llegó
a la iglesia para despedirse del líder al que tanto admiraba cuando
apenas comenzaba a salir el sol. No logró entrar porque el santuario ya
estaba atestado de dolientes, pero esto no le hizo desistir.
Murias acomodó su silla entre la muchedumbre frente a St. Michael y
esperó pacientemente durante horas a que empezara el servicio fúnebre.
¿La razón por la que estaba allí? Muy simple, respondió:
"Todo cubano debería estar hoy aquí''.
Y agregó: "Mas Canosa nos dio un ejemplo de que se puede tener
un buen negocio y hacer dinero, sin comprometer ni olvidar la lucha por la
libertad de nuestro pueblo''.
Por su parte, un grupo de adolescentes cubanos de la escuela Lincoln Martí
esperaba pacientemente bajo un árbol a que terminara el servicio, para
acompañar los restos del líder y a su familia hasta el cementerio.
El acto religioso, de hora y media de duración, pudo haber resultado
increíblemente largo para gente tan joven; pero no fue así para
estos estudiantes, que tenían razones muy especiales para estar allí.
"Gracias a este señor obtuvimos la libertad'', afirmó
Clara Luz Vega, de 15 años.
La joven y otros tres estudiantes que la acompañaban estuvieron casi
un año detenidos en la Base Naval de Estados Unidos en Guantánamo,
tras ser interceptados, en medio de un éxodo masivo, por el Servicio
Guardacostas norteamericano, cuando trataban de llegar a Estados Unidos en una
embarcación. Posteriormente, a los miles de detenidos en la base se les
negó la entrada en este país.
En 1994, la Fundación Nacional Cubano Americana cabildeó en
Washington y logró que muchos de los cubanos en la base pudieran reunirse
con sus familiares aquí, entre otros casos.
"En Cuba no éramos libres; no se nos permitía rezar ni
expresar abiertamente nuestra fe'', dijo Vega, que es católica devota. "En
Guantánamo estábamos tras las rejas. Gracias a los esfuerzos del
señor Mas Canosa pudimos ser libres al fin''.
Una vez terminado el servicio, miles de personas siguieron a pie a la
comitiva por toda la calle Flagler hasta la avenida 32.
Entre ellas estaba la argentina Nélida Gotarri. A pesar de sus 77 años,
su pequeña estatura y su espalda encorvada, ella se unió al duelo
cargando una enorme bandera de su país.
"Es un homenaje a ese gran hombre que siempre defendió la
libertad de nuestra Cuba; porque yo siento a Cuba muy mía desde hace
mucho. Ya mi hermana me llamó de Buenos Aires a darme el pésame,
porque sabe que a mí me duele esto del pobre Jorge''.
La reportera Cristina Lladó contribuyó a esta información.
Copyright © 1997 El Nuevo Herald
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Figuras recuerdan legado de Jorge Mas Canosa
Publicado el miércoles, 26 de noviembre de 1997 en El Nuevo
Herald Servicios de El Nuevo Herald
Tres importantes discursos se pronunciaron el martes en la misa fúnebre
de Jorge Mas Canosa en la iglesia St. Michael. Raúl Mas Canosa, hermano
menor de Mas Canosa; monseñor Agustín Román, que celebró
la misa; y Robert Torricelli, senador demócrata por Nueva Jersey,
despidieron a Mas Canosa resaltando sus diferentes virtudes y elogiando la labor
que ha realizado durante su vida.
A continuación, algunos fragmentos:
Monseñor Agustín Román, obispo auxiliar de la
arquidiócesis de Miami:
"Continuemos la buena lucha para lograr que Cristo reine en el corazón
de cada cubano, aquí y allá. No hay otro camino para la libertad.
No hay otro camino para la justicia. No hay otro camino para la paz. No hay otro
camino para Cuba. En las manos de María Santísima de la Caridad,
la Virgen mambisa que desde su trono del Cobre le vio nacer en su Santiago
querido, la que desde su trono del exilio le vio luchar y crecer en la fe,
encomendamos ahora el alma de Jorge Mas Canosa.
"Que ella lo acompañe ante la presencia del Señor. A la
Madre del cielo encomendamos también a Irma, a Jorgito, a Juan Carlos, a
José Ramón, a sus esposas, a sus hijos, a todos los familiares de
Jorge Mas Canosa, sufriendo hoy pero sufriendo a la luz de la esperanza
cristiana. Que ella, que sufrió al pie de la cruz, les acompañe
hasta el día del gozoso reencuentro en la resurrección de todos.
"Y también a nuestra Madre encomendamos ahora a todo el pueblo
cubano, que así como nos trajo en sus brazos al Señor Jesús
sobre las aguas de Nipe, nos lo traiga definitivamente al corazón de la
patria. Que llegue ya la hora de la liberación. Que Cristo reine ya. Que
el alma de Jorge Mas Canosa y las almas de todos los difuntos, por la
misericordia de Dios descansen en paz. ¡Que viva Cuba libre! ¡Que viva
Cristo Rey!''
Raúl Mas Canosa:
"Muchas personas se han concentrado en los logros de mi hermano como
patriota y como líder político, pero yo quiero hablarles de Jorge
como individuo, quién era como hombre, un padre, un esposo, un hermano,
un buen hijo, un gran amigo, un católico devoto, un pecador, un individuo
con sus debilidades humanas, pero sobre todo un hombre que amaba la vida, que
amaba a su natal Cuba y a su país adoptado, y que vivió cada
momento de sus cortos 58 años como si no hubiera un mañana.
"Jorge logró generar un amor y una lealtad intensos entra aquéllos
que consideró sus amigos. En la Biblia, Jesús nos dijo que `No
existe mayor amor que esto: que él de su vida por sus amigos'. Jorge fue
el tipo de persona que hubiera dado su propia vida por un buen amigo, y ni qué
decir de su amada Cuba.
"Más allá de sus amigos, Jorge logró generar calor
humano y afecto en casi todo el mundo con quien tuvo contacto. Se sentía
tan cómodo lidiando con un jefe de Estado que con un trabajador en una de
sus muchas empresas. Una noche podía estar en una cena de gala y al día
siguiente gozaba al compartir un buen chivo o rabo encendido con alguien que lo
llevó al trabajo en una cantina.
"Les puedo decir que Jorge prefería esas comidas simples,
caseras, con sus empleados o con sus amigos o su familia más que otra
cosa.
"En su corta vida, Jorge vivió la vida que muchas personas sólo
pueden soñar con tener. Fue un inspirado patriota, un millonario
autocreado, un maravilloso padre, un gran hijo y hermano, un filántropo,
un fiel siervo de Dios.
"No se lamenten de su corta vida. Den gracias por la vida que vivió,
una vida llena, siempre a todo dar, sin mirar atrás. Jorge no perdió
su vida; él dio su vida. La dio a lo que más creía: la
restauración de la libertad y la democracia en la tierra que amaba: su
querida Cuba. Y aunque no logró ver a una Cuba libre en su vida mortal,
estoy seguro que eventualmente la verá desde arriba''.
Robert Torricelli:
"Injusta es la muerte de un liberador mientras el tirano vive. Pero
porque respetamos las razones por las cuales vivió, los logros de su vida
no serán enterrados junto a él. Jorge Mas Canosa quiso sólo
que el pueblo de Cuba viva en la libertad que el mundo otorga a todas las otras
personas. Algunos temerán que su libertad sea pospuesta nuevamente,
negada a otra generación.
"Dios te bendiga, Jorge Mas Canosa. Que Dios te tenga en sus gentiles
manos. Somos mejores por haberte conocido. Te encomendamos a tu descanso y a tu
lugar en la historia. Y te dejamos este día con una simple pero poderosa
promesa: Te juramos ante Dios regresar a tu tumba, pararnos junto con tus hijos,
levantar el ataúd a nuestros hombros y traer a Jorge Mas Canosa a
descansar en la tierra de una Cuba libre.
"Y ese día, descansando en la tierra que amó, recordado
por los niños que lo conocerán, amado por la gente a quien ayudó
a liberar su país, se dirá: `Jorge Mas Canosa aún vive' ''.
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Coronas y ramos de flores inundaron el funeral de Mas Canosa
Publicado el miércoles, 26 de noviembre de 1997 en El Nuevo
Herald CRISTINA LLADO Redactora de El Nuevo Herald
Marta Fernández Miranda, viuda de Fulgencio Batista, y Bianca Jagger,
activista nicaragüense, escogieron la misma forma de rendir homenaje a
Jorge Mas Canosa. Ambas enviaron grandes coronas de flores en forma de cruz
blanca y un enorme ramo de rosas también blancas.
Apoyados contra las paredes de la iglesia de St. Michael, los arreglos
enviados por Fernández y Jagger se sumaron a los más de 400
tributos florales enviados desde puntos tan distantes como México, España
e Inglaterra, que desbordaron el templo.
Gloria y Emilio Estefan escogieron una bandera cubana; el Círculo
Cubano de México envió una enorme corona en rojo y blanco; el
periodista Alvaro Vargas-LLosa, un gran corazón en rojo; la Empresa
Nicaragüense de Telecomunicaciones, una cruz blanca.
El lazo que acompañaba a una bandera cubana realizada con claveles
decía: "Gloria a ti que nos hiciste tomar conciencia de unidad''.
"Ha sido increíble, miles y miles de flores que desbordaban la
iglesia, nunca había visto nada igual'', aseguró Pedro González,
encargado de la floristería Poupariña, del 700 SW 17 Ave., que
acudió al velorio en la iglesia la noche del domingo.
"Estuve un rato y me quedé frío. No paraban de llegar
piezas fúnebres, tantas que las ponían dobles, una sobre otra'',
dijo.
A la hora del funeral, el lunes por la mañana, las flores inundaban
el patio frente a la entrada y la explanada frente a la iglesia.
González explicó que los pedidos empezaron a llegar el domingo
a las pocas horas de morir Mas Canosa.
"Desde entonces las floristerías no hemos parado'', aseguró
González, cuyo establecimiento realizó más de 20 piezas. La
más grande fue un arreglo en rojo y blanco con el logotipo de la Fundación
Nacional Cubano Americana (FNCA).
La cantidad de pedidos fue tal que la floristería Trías, en
Bird Road, se vio obligada a pedir más flores a sus proveedores, aseguró
Hortensia Trías.
"Tenemos 50 empleados y casi no dimos abasto para satisfacer tanta
orden como entró'', explicó Trías, que vendió más
de 80 arreglos florales para el entierro de Mas Canosa.
"Lo que más piden son coronas y cruces de flores, pero también
se hacen muchas banderas y símbolos de organizaciones, como la de
Hermanos al Rescate'', explicó.
Los precios de las coronas varían dependiendo del tamaño y el
tipo de flor que se utilice. Desde $50 hasta $600, aunque la mayoría
suele costar alrededor de los $150.
El Gladiolo, una floristería de Douglas Road, también recibió
una avalancha de pedidos: cerca de 40 arreglos florales.
"Hemos trabajado a toda carrera desde que falleció'', aseguró
Pedro Amaro, su propietario.
Demetrio Pérez, de la Junta Escolar del Condado Miami-Dade; la
Federación Mundial de Ex Presos Políticos y el Latinamerican
Restaurant son algunos de los que encargaron sus flores en El Gladiolo.
"Hemos hecho muchas banderas'', explicó Amaro. "Sobre todo
cubanas, pero también una muy grande de Israel y otra de Perú.
Todo con flores, por supuesto''.
Las coronas y ornamentos florales cumplieron su cometido el martes. Algunos
acompañaron el féretro al cementerio, pero otros, por falta de
espacio, permanecieron en la iglesia de St. Michael. Muchas coronas, algo
marchitas y maltratadas por la muchedumbre, quedaron apiladas contra los muros
del templo.
A las 2 p.m., a un lado de St. Michael, Adelaida Vázquez, de 84 años,
seleccionaba las flores más frescas de una gran pila de coronas a medio
desmontar.
"Es para ponérselas en casa al pobrecito. Como los políticos
siempre se retratan, yo tengo una foto de él y le voy a poner unas
flores'', explicó Vázquez, que asistió al velorio y al
funeral de Mas Canosa. "He venido a todo porque yo lo quería, y los
hijos son tan lindos''.
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'Cultivo una rosa blanca,' escribió Mas
Publicado el miércoles, 26 de noviembre de 1997 en El Nuevo
Herald LIZ BALMASEDA Redactora de El Nuevo Herald
Una docena de rosas blancas llegó a mi escritorio un miércoles
por la tarde el año pasado. Tenían un color cremoso, majestuosas y
un origen misterioso. Era el 11 de septiembre, que no es mi cumpleaños ni
es Día de San Valentín.
Me hizo sentir asombro la tarjeta que venía con las flores. Tenía
escrito mi poema favorito de José Martí, un verso sobre la paz.
Y empecé a leer en español:
"Cultivo una rosa blanca, En julio como en enero, Para el amigo
sincero Que me da su mano franca. Y para el cruel que me arranca El
corazón con que vivo, Cardo ni ortiga cultivo: Cultivo la rosa
blanca''.
El nombre que venía en la tarjeta estaba impreso en tinta sepia:
Jorge Mas Canosa. Y el presidente de la junta directiva de la Fundación
Nacional Cubano Americana (FNCA) firmó con tinta azul, simplemente, "Jorge''.
Fue un curioso gesto por parte de un hombre a quien había criticado
enérgicamente por acciones que yo consideraba intransigentes,
chauvinistas, motivadas por el deseo de poder, por la vez que él ayudó
a mediar en el establecimiento de los campamentos de refugiados en Guantánamo,
por su lucha contra el periódico, por cosas que ya no importan. Pero
acepté las flores y le mandé una nota dándole las gracias.
La última vez que había visto a Mas Canosa o hablado con él
había sido varios años antes, en Washington, D.C. Yo estaba
entrando al tren subterráneo de la capital con la congresista Ileana
Ros-Lehtinen, y él se estaba bajando. Nos saludamos brevemente con la
mano cuando el tren se alejó. Pensé que era una imagen apropiada,
ver a Mas Canosa por un momento en las mismas entrañas del Capitolio. Se
veía vigoroso, apresurado, y en su elemento.
Las rosas llegaron el día que yo elogié en mi columna el papel
que él jugó en el histórico debate que se había
trasmitido por CBS Telenoticias la semana previa. Ante los 14 millones de
televidentes de esa cadena, Mas Canosa, con gafas puestas, la emprendió
con Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional Cubana y miembro
del Comité Central del Partido Comunista.
A diferencia del mezquino y frecuentemente descarado confidente de Castro,
Mas Canosa tomó en serio su papel en la confrontación. Era obvio
que se había preparado meticulosamente para el programa: complementaba
sus argumentos con nombres, fechas y detalles sobre abusos de derechos humanos.
Nunca se rebajó al nivel de Alarcón, a sus insultos ni a su retórica.
Había demasiados hechos que reportar.
Esto no fue un discurso improvisado de los que él acostumbraba a
pronunciar por la radio cubanoamericana de Miami, ni como esperaban algunos, una
táctica propagandística para sus fundación. El debate no
solamente reveló la falta de respeto del gobierno de Castro por las
discusiones inteligentes; reveló también que Mas Canosa sentía
tanto respeto por el público como por su causa.
Creo que fue el momento más brillante de su pugna con el régimen
de Castro. Fue una síntesis de su vigoroso liderazgo. El fue la figura
política que sacó del pantano la imagen del exiliado cubano y la
llevó hasta la Casa Blanca, que propugnó la militancia sin
violencia, que dirigió un proyecto radial que llegó a galvanizar a
la isla, que aprendió el juego del sistema norteamericano mejor que
cualquier otro exiliado cubano. Y su dogma provocó tanta adulación
como rencor.
Después de aquel debate, aparentemente Mas Canosa se fue
desvaneciendo. Su ausencia ante cámaras y micrófonos tenía
indicios de una expectativa fatal. En medio de mucha especulación sobre
su salud hace unos meses, su familia compró la Torre de la Libertad.
Parecía que no sólo estaban adquiriendo un monumento histórico,
sino también conmemorativo.
El fallecimiento de Mas Canosa me ha impresionado a un nivel que nada tiene
que ver con actos políticos ni empresariales. Es como sentir simpatía
sin hacer aclaraciones sobre rencillas pendientes ni escándalos
prolongados.
Su muerte me afecta a nivel de exiliada cubana, por motivos que rara vez
llegan a los titulares. Una vez más hemos sido testigos de la fuerza
equilibrante que tiene una muerte fuera de Cuba.
La historia marcará, por cierto, el fallecimiento de un personaje tan
influyente. Pero interiormente sabemos que Mas Canosa es sólo uno en una
larga lista de exiliados cubanos enterrados fuera de la isla, anónimos
con más frecuencia que lo contrario, y casi siempre muy decepcionados.
De nuevo el Himno Nacional de Cuba se escuchó en suelo extranjero. Se
escribió otro obituario de un exiliado en Miami. ¿Cuántos han
muerto esperando? Con su muerte, Mas Canosa se ha convertido en epítome
del desplazamiento.
Por eso, en el día de su muerte, los tambores africanos sonaron
especialmente tristes en La Pequeña Habana. Por eso incluso aquéllos
que rara vez lo aplaudían cerraron los ojos en una oración. Creo
que esa noche los exiliados rompieron filas y, sin fijarse en conflictos, se
pusieron todos del lado de él.
Ahí estoy yo también. Y aquí, en las entrañas
del periódico que tanto él criticó, cultivo una rosa
blanca.
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El Times dice la muerte de Mas pasa página histórica-EFE
Publicado el miércoles, 26 de noviembre de 1997 en El Nuevo
Herald
Nueva YorkLa muerte de Jorge Mas Canosa "pasa una página''
en la política estadounidense hacia Cuba, afirmó el martes un
editorial de The New York Times, que insta a Washington a modificar su política
hacia Cuba.
"En las últimas dos décadas, ningún individuo ha
tenido mayor influencia sobre la política de Estados Unidos hacia Cuba
que Jorge Mas Canosa'', señaló el editorial que califica de "lamentable''
la ley Helms-Burton, que refuerza el embargo estadounidense a Cuba.
Destacó que, en la práctica, la ley Helms-Burton ha hecho más
daño a Estados Unidos que al gobernante cubano Fidel Castro.
El editorial precisó que Mas Canosa, presidente de la junta directiva
de la Fundación Nacional Cubano Americana, "se hubiera resistido a
cualquier reevaluación del embargo''.
"Pero su memoria no deshonra la búsqueda de mejores maneras de
promover la libertad en Cuba'', dijo el periódico neoyorquino.
Agregó que, pese al embargo, la isla ha conseguido atraer suficiente
inversiones para sobrevivir. También mencionó que Castro "explota
la política estadounidense de sanciones para excusar sus propios fracasos
económicos y alentar el sentimiento nacionalista'' entre los cubanos.
El editorial instó al Congreso a flexibilizar el embargo y al
presidente Bill Clinton a continuar bloqueando la aplicación de la ley
Helms-Burton.
Tras afirmar que "Cuba es la peor dictadura y su régimen el
mayor violador de los derechos humanos del hemisferio occidental'', el editorial
concluyó que los estadounidenses "tienen el deber especial de
ejercer presión para conseguir una mayor libertad en un país tan
cercano y tan históricamente vinculado a Estados Unidos''.
"Washington puede luchar de forma eficaz si abandona políticas
que no han conseguido mermar la tiranía de Fidel Castro o mejorar la
situación del sufrido pueblo cubano'', concluyó.
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Prensa Latina acepta Mas fue hábil-AFP
Publicado el miércoles, 26 de noviembre de 1997 en El Nuevo
Herald
La HabanaLa agencia oficial Prensa Latina dijo el martes que era
innegable la habilidad de Jorge Mas Canosa como comerciante y político.
Al describirlo como el "zar del exilio cubano'', que se comportaba como
un jefe de Estado, Prensa Latina señaló en un largo artículo
que la muerte del presidente de la junta directiva de la Fundación
Nacional Cubanoamericana, "deja una intensa pugna intestina por el control
de las actividades políticas y subversivas con las que hace cerca de
cuatro décadas se aspira a derrocar al gobierno cubano''.
Prensa Latina señaló que Mas Canosa tenía un "carácter
dictatorial y ofensivo'' y que la Fundación había financiado una
reciente serie de atentados con bombas contra centros turísticos de la
isla.
"Su innegable habilidad como comerciante y político lo llevaron
a tocar las puertas de la Casa Blanca, primero con los republicanos, después
con los demócratas, siempre contra Cuba'', señaló la misma
fuente.
Relató pasajes de las actividades de Mas Canosa contra el gobierno de
Fidel Castro, como su participación en la fracasada invasión a Bahía
Cochinos, en 1961, su impulso a la creación de las las emisoras
estadounidense Radio y TV Martí, así como a las leyes Torricelli y
Helms-Burton, que endurecen el embargo a Cuba.
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Concilio Cubano: 'Un grave golpe'
Publicado el miércoles, 26 de noviembre de 1997 en El Nuevo
Herald Agence France Presse
La HabanaLa muerte del líder anticastrista en el exilio Jorge
Mas Canosa es "un grave golpe'', lamentaron dirigentes de la alianza
opositora Concilio Cubano, en una rueda de prensa en la que anunciaron que saldrán
a las calles para promover un plebiscito en la isla.
Leonel Morejón Almagro, líder de Concilio Cubano, dijo que la
muerte de Mas Canosa, presidente de la junta directiva de la Fundación
Nacional Cubano Americana, los afectaba como parte del pueblo cubano. Concilio
reúne a más de 130 grupos de la disidencia interna.
"Fue un hombre que dedicó su vida al empeño de la
libertad del pueblo de Cuba'', dijo Morejón, abogado de 33 años,
que en mayo salió de prisión luego de cumplir 15 meses por
desobediencia y resistencia.
"Mas Canosa ha encarnado el símbolo de la oposición
intransigente y que no entra en ningún tipo de contubernio con el
gobierno de Fidel Castro'', dijo por su parte Osvaldo Alfonso Valdés,
también de Concilio.
La alianza opositora impulsa la realización en Cuba de un plebiscito,
en el que se pregunte al pueblo si desea "una reforma de la Constitución
vigente, la libertad de asociación, el pluralismo y la selección
de los gobernantes mediante el voto libre y secreto, dentro del marco de la
democracia representativa''.
Morejón indicó que preparan varias actividades para llegar al
plebiscito, entre ellas la recolección pública de 10,000 firmas.
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