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¿Es un mito la revolución?

Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba, octubre (www.cubanet.org) - La humanidad cuenta en su historia milenaria, entre otras cosas, mitos y leyendas que la explican a su modo, inmortalizados por la literatura, donde seres sobrenaturales -dioses, demonios, titanes- han sido los protagonistas principales. Desde los mitos cosmogónicos que intentan explicar la creación del mundo, hasta los morales, que tratan de la existencia del bien y del mal, el mito se convierte a veces en una suma de disparates de impacto social. Es ese el caso de la revolución cubana.

Hubo una vez un grupo de barbudos que impuso a una Isla del mar Caribe una dictadura. El pueblo de esa isla, uno de los más prósperos del continente, pasó a ser, en menos de lo que canta un gallo, uno de los más atrasados; lo que no impidió que la revolución de los barbudos se constituyera en uno de los mitos más insostenibles del siglo.  

¿Puede realmente el castrismo ser un mito? ¿Hasta dónde un país que soporta cincuenta años de racionamiento, privaciones, y que ha sido protagonista principal de guerras extraterritoriales puede considerarse un mito?

La economía de la nación quedó rezagada en los enredos de unas barbas y un proyecto fallido. Los cubanos, además de haber perdido sus libertades cívicas, comen, calzan y visten peor que hace cincuenta años. Disfrutan menos de la vida porque las condiciones materiales han empeorado infinitamente. Aunque la prensa nacional no lo diga, el nivel de vida de los cubanos ha empeorado en comparación con los años anteriores a 1959. El socialismo ha fracasado, allá, en el este europeo; y aquí, en el Caribe. Varias generaciones han quedado atrapadas en las mallas del mito que, como dicen que es un mito, muchos no cuestionan, y callan, cómplices de la tragedia.

Considerar a la revolución castrista un mito, entendiéndolo como algo positivo, un mito moral, digamos, sería ignorar a los cubanos que viven en el exilio, a los campesinos que huyen hacia las ciudades buscando calidad de vida; a la libreta de racionamiento, invencible y eterna…

Un mito no. Más bien un pito estridente que convoca al recurrente “sálvese el que pueda”, porque Cuba se quemó.