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Los hijos de la Patria

Tania Díaz Castro 

LA HABANA, Cuba, octubre (www.cubanet.org) - No es tarea fácil conocer las casas donde viven los “Hijos de la Patria”, cuyos padres cayeron en las guerras que ha librado Cuba en otros países, o han sido abandonados al nacer en hospitales, como ocurre con alguna frecuencia. En el Departamento de Atención a la Población, del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, y en la dirección de Asistencia Social del Ministerio del Trabajo, no saben dónde radican estos niños o no quieren decirlo. En la guía telefónica nada aparece.  

Se comenta que una de esas casas es la antigua residencia que obtuvo Armando Hart Dávalos al triunfo de la Revolución, situada en el reparto capitalino Alturas de la Coronela.  

La historia de estos albergues infantiles de los que no se habla en la prensa nacional comienza en 1959, cuando desapareció la Casa de Beneficencia, situada en las calles San Lázaro y Belascoaín, en Centro Habana, y los niños fueron trasladados al edificio del Instituto Cívico Militar, en Ceiba del Agua, provincia Habana, conocido entonces como Hogar Granma. Actualmente tampoco se sabe de esta sede.  

En el libro 500 años de construcciones en Cuba, del licenciado Juan de las Cuevas, puede leerse la trayectoria histórica de la Casa Cuna de Beneficencia, llamada así cuando fue construida, en 1792, hasta trasladarse un siglo después para los solares de Caleta de San Lázaro, en La Habana.  

La Casa de Beneficencia estuvo siempre atendida por numerosas monjas católicas dedicadas en cuerpo y alma a los niños sin padres. Vivían con las puertas abiertas para todo aquel que quisiera ayudar al mantenimiento financiero de la Casa o simplemente quisiera recorrer sus interiores y conversar con los niños, como hice varias veces.  

Los niños llevaban legalmente el apellido Valdés, pese a que la idea original de fundar en ese lugar un hogar para huérfanos fue de la Condesa de Jaruco y del Marqués de Cárdenas, y no del obispo español Jerónimo Valdés, quien continuó la obra muchos años después.

Hoy, los niños cubanos huérfanos o abandonados por estos años de Revolución Socialista, llamados Hijos de la Patria, carecen de apellidos mientras esperan por ser adoptados, algo nada fácil, ya que sólo personas con un buen nivel económico y, sobre todo, probada filiación comunista pueden hacerlo.