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Cuba -Brasil, Brasil-Cuba

Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba, junio (www.cubanet.org) - En menos de cinco meses, dos visitas a Cuba de altos dignatarios brasileños, acompañados de hombres de negocios se han realizado. En enero estuvo el Presidente Luiz Inacio (Lula) da Silva, y en mayo el Canciller Celso Amorim. En ambas ocasiones sostuvieron amplios intercambios con el Presidente Raúl Castro, y se llegó a acuerdos para el fortalecimiento de los vínculos económicos, comerciales y financieros.

La posición de Brasil dentro del marco del comercio exterior cubano de bienes tiene importancia al ocupar la octava posición (más de 450,0 millones dólares de intercambio en 2007), pero mediante transacciones muy desequilibradas compuestas fundamentalmente por exportaciones brasileñas de alimentos, ropa, calzado, transporte, artículos de amplio consumo y maquinaria en general. La prensa cubana informó durante la visita del Canciller Amorim que las operaciones comerciales en los primeros 4 meses del año en curso se incrementaron en un 58,0%, respecto a igual período de 2007.

Además, compañías brasileñas han trabajado activamente en la prospección de petróleo y poseen una empresa mixta en la fabricación de cigarrillos. No obstante, las posibilidades de incrementar los vínculos están distantes del potencial de cooperación existente, teniendo en consideración, ante todo, el potencial económico del país más poderoso de América Latina y novena economía mundial por el volumen de su PIB, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Brasil posee tecnologías de punta en varios sectores, entre ellos en la búsqueda de petróleo a grandes profundidades, incluidas las marítimas. En la agricultura es un importante productor de soya y cereales en general, de lo cual obtiene grandes beneficios por el alza actual de las cotizaciones. Al mismo tiempo, ha desarrollado técnicas muy avanzadas para el procesamiento de etanol a partir de caña de azúcar, para ser uno de los principales productores y exportadores, sin haber reducido sensiblemente su producción azucarera. Con toda seguridad, las nuevas generaciones de tecnologías para obtener etanol de la caña de azúcar, basadas en el uso de la celulosa existente en el bagazo, la cachaza y otros residuos, coadyuvarán a la elevación en el nivel de obtención del preciado combustible, con mayores tasas de rentabilidad.

Los cariocas utilizan el etanol no sólo para combustible de transporte automotor terrestre, sino también para aviones. A esto se añade el anuncio por el Presidente Lula en la Conferencia sobre los Alimentos, organizada por la FAO recientemente en Roma, de que sacarán un modelo de coche construido con plástico extraído del etanol de caña, sin una gota de petróleo, lo cual amplía el campo de la utilización de este combustible renovable, sin grandes contaminaciones del medio ambiente. Una experiencia también utilizable en las condiciones cubanas.

Existe una serie de campos donde la cooperación entre Cuba y Brasil puede desarrollarse. Por ello, son plausibles las recientes palabras del Canciller Amorim de que su país quiere ser el socio número uno de Cuba. A su regreso del viaje a La Habana también manifestó que la isla “puede convertirse en un tigre“, lo que rememora los éxitos de varios países asiáticos. Una apreciación absolutamente acertada. Cuba posee muchas áreas para desarrollar, donde Brasil podría tener una gran participación. Además, tiene una población económicamente activa relativamente bien preparada, a lo que se agrega una comunidad cubana en el exterior, fundamentalmente Estados Unidos, muy próspera, que también podría tenerse en cuenta para proyectos de desarrollo.

El único problema existente para que eso pueda concretarse es el sistema económico, político y social vigente que constituye un obstáculo enorme para el avance de cualquier proyecto. El modelo totalitario bloquea las fuerzas productivas nacionales y hace imposible el progreso.

Al tiempo que Brasil procura incrementar los vínculos con Cuba, también debería esforzarse porque los cambios estructurales y de conceptos, anunciados por Raúl Castro se pongan en práctica lo antes posible, a fin de que sea viable la cooperación.

Lamentablemente, durante las dos visitas parece que no se trató la necesidad de avances de Cuba hacia la democratización y el respeto de los derechos humanos. Brasil aspira a ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Sin duda alguna tiene derecho a ello por su estatura económica e influencia política a nivel mundial. Ante esa realidad, debería ser consecuente en sus relaciones con Cuba, y favorecer las transformaciones urgentes requeridas en la Isla. Actuar con una visión únicamente economicista no está a la altura de su creciente estatura internacional.

Cubanos y brasileños tenemos orígenes, tradiciones y simpatías comunes como pueblos. Por ello la cooperación es posible y deseable. Para Cuba sería conveniente el estrechamiento de los lazos, por cuanto ello podría aliviar la exagerada dependencia de Venezuela. El Presidente Lula, por su condición de líder popular y hombre de ideas sociales y democráticas avanzadas, cuenta con amplio prestigio en la isla. Están dadas todas las condiciones para estrechar la amistad y la cooperación entre nuestros países. Pero la solidaridad y el apoyo a quienes en Cuba luchan por la democracia y el progreso social también deberán estar en la agenda.