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viernes, 31 de octubre 2014

No hay que hacer regalos a la dictadura

Si el régimen castrista quiere que Estados Unidos le haga concesiones, debe ganárselas: que haga reformas políticas, que dé pasos reales hacia la democracia

Cuentapropista en Santiago de Cuba_foto tomada de internet

Cuentapropista en Santiago de Cuba_foto tomada de internet

LA HABANA, Cuba -Pecan de hipócritas los que dicen no comprender las motivaciones de la carta abierta enviada al presidente Obama por más de 40 ex-funcionarios, empresarios e intelectuales que piden ampliar los cambios en la política norteamericana hacia Cuba.

Evidentemente, salvo algunos despistados habituales y algún que otro liberal progre yanqui capaz de viajar a Pyongyang para abrazar, hipando de emoción, a Kim Jong Un, la mayoría de los firmantes de la carta tienen sus mentes puestas en el dinero: en el que ganarían ellos y en el que entraría en las arcas de la dictadura, justo en el momento en que más lo necesita.

¿Para qué engañarnos y andar por las ramas? Hay que ser muy tonto o querer parecerlo para creer que las reformas raulistas hayan activado mecanismos metafísicos de rectificación en señores como Carlos Saladrigas y Alfy Fanjul, que de furibundos anticastristas pasaron a apasionados promotores del levantamiento del embargo sin exigir reformas políticas al régimen. Solo quieren hacer negocios en Cuba y llenarse los bolsillos a costa de la miseria y la opresión de sus compatriotas.

La creciente algarabía del Cuba Study Group, Cuban Americans for Engagement, Cuba Now y otros que le siguen la rima o se dejan arrastrar por su chantaje emocional, son una señal de su oportunista prisa por ir a nadar en las aguas revueltas del post-castrismo, que ni se arregla ni se acaba, pero tampoco se reforma, y menos se arrepiente. ¿Por qué habría de hacerlo con tantos cómplices y alcahuetas de última hora como tiene?

Si todos sabemos que al final del camino, cada dólar que entra en Cuba va a parar a las arcas del régimen, ¿de qué forma estos cambios podrían apoyar a la sociedad civil y “ayudar a los cubanos a determinar su propio futuro”?

Habría que empezar por definir a qué sociedad civil se refieren los autores de la carta. ¿A las llamadas organizaciones de masas que el régimen pretende hacer pasar como ONGs? ¿A los pastores domesticados del Consejo de Iglesias y los santurrones que preparan absoluciones y palios para los jerarcas del régimen a costa de que les permitan una revista y les concedan unos minutos, un par de veces al año, por el canal de menos rating de la TV, a la misma hora que la telenovela brasileña? ¿A la oposición leal que se avizora montará el régimen cuando le convenga simular una apertura? ¿A la comparsa de camaleones que posan de contestatarios y ahora mismo se encarga de copar y dividir a la verdadera sociedad civil y le roba espacio en los foros internacionales?

Ninguna persona seria creerá que “la actividad económica independiente”, como llaman a los chinchales, las vendutas y los timbiriches, por muchos dólares que reciban sus propietarios de sus parientes en el exterior, contribuirán a las libertades políticas. Todo lo contrario: servirá para reforzar la mentalidad de parásitos y mantenidos, hacerlos más apáticos, egoístas y cínicos, amén de contribuir a llenar los bolsillos de inspectores, policías, chivatos y otros estafadores.

Ampliar los permisos de viaje a las organizaciones no gubernamentales y las instituciones académicas, sin que haya una verdadera reciprocidad, es conceder banderín abierto a los intelectuales orgánicos de la dictadura para que al son de los reguetoneros y timberos que son apolíticos para lo que le conviene, hagan su labor de agit-prop en Miami y Washington y complementen la zapa que hacen los agentes de influencia en todas sus gamas, desde Max Lesnik hasta López-Levy.

La antinacional Ley de Inversión Extranjera y otras artimañas para lograr la sobrevida del castrismo no pueden conducir a que un puñado de tontos útiles e inescrupulosos empresarios demoren por varias décadas más la libertad de Cuba.

Si el régimen castrista quiere que Estados Unidos le haga concesiones, debe ganárselas: que haga reformas políticas, que dé pasos reales hacia la democracia. Como no es ese el caso, al menos por ahora, no hay por qué hacerle regalos a la dictadura.

Acerca del Autor

Luis Cino Álvarez
Luis Cino Álvarez

Luis Cino Álvarez (La Habana, 1956). Trabajó como profesor de inglés, en la construcción y la agricultura. Se inició en la prensa independiente en 1998. Entre 2002 y la primavera de 2003 perteneció al consejo de redacción de la revista De Cuba. Es subdirector de Primavera Digital. Colaborador habitual de CubaNet desde 2003. Reside en Arroyo Naranjo. Sueña con poder dedicarse por entero y libre a escribir narrativa. Le apasionan los buenos libros, el mar, el jazz y los blues.

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